Ry Cooder - Paradise And Lunch, 2017

miércoles, 14 de enero de 2015

TRATADO SOBRE LA TOLERANCIA/ 3 - VOLTAIRE



CAPÍTULO VI

De si la intolerancia es de derecho natural y de derecho humano

    El derecho natural es el que la naturaleza indica a todos los hombres. Habéis criado a vuestro hijo, os debe respeto como padre y gratitud como bienhechor. Tenéis derecho a los produc­tos de la tierra que habéis cultivado con vuestras manos. Habéis hecho y habéis recibido una promesa, debe ser cumplida.
    El derecho humano no puede estar basado en ningún caso más que sobre este derecho natural; y el gran principio, el prin­cipio universal de uno y otro es, en toda la tierra: "No hagas lo que no quisieras que te hagan." No se comprende, por lo tanto, según tal principio, que un hombre pueda decir a otro: "Cree lo que yo creo y lo que no puedes creer, o perecerás." Esto es lo que se dice en Portugal, en España, en Goa. En otros países se contentan con decir efectivamente: "Cree o te aborrezco; cree o te haré todo el daño que pueda; monstruo, no tienes mi religión, por lo tanto no tienes religión: debes inspirar horror a tus veci­nos, a tu ciudad, a tu provincia."
   Si conducirse así fuese de derecho humano, sería preciso que el japonés detestase al chino, el cual execraría al siamés; éste perseguiría a los gangaridas que se abatirían sobre los habitan­tes del Indo; un mogol arrancaría el corazón al primer malabar que encontrase; el malabar podría degollar al persa, que podría asesinar al turco; y todos juntos se arrojarían sobre los cristianos que durante tanto tiempo se han devorado unos a otros.
    El derecho de la intolerancia es, por lo tanto, absurdo y bárbaro: es el derecho de los tigres, y es mucho más horrible, porque los tigres sólo matan para comer, y nosotros nos hemos exterminado por unos párrafos.

CAPÍTULO VII

De si la intolerancia ha sido conocida de los griegos

    Los pueblos de los que la historia nos ha dejado algunos débiles conocimientos han considerado, todos, sus diferentes religiones como nudos que los unían: era una asociación, tanto entre los dioses como entre los hombres. Cuando un extranjero llegaba a una ciudad, empezaba por adorar a los dioses del país. [...] Los troyanos elevaban sus plegarias a los dioses que luchaban en favor de los griegos.
    Alejandro fue a consultar en los desiertos de Libia al dios Ammon, a quien los griegos dieron el nombre de Zeus y los lati­nos el de Júpiter1, aunque tanto unos como otros tuviesen su Júpiter y su Zeus en sus respectivos países. Cuando se sitiaba una ciudad se oraba y se hacía un sacrificio a sus dioses para tenerlos propicios. De esta suerte, aun incluso en la guerra, la religión unía a los hombres y suavizaba a veces sus furores, aun­que otras les ordenase cometer actos inhumanos y terribles.
    Tal vez me equivoque; pero me parece que de todos los antiguos pueblos civilizados, ninguno ha puesto trabas a la libertad de pensar. Todos tenían una religión; pero me parece que la usaban con los hombres del mismo modo que con sus dioses: todos reconocían un dios supremo, pero le asociaban una cantidad prodigiosa de divinidades inferiores; sólo tenían un culto, pero permitían una multitud de sistemas particulares.
    A los griegos, por ejemplo, por muy religiosos que fuesen, les parecía bien que los epicúreos negasen la Providencia y la existencia del alma2. [...]
    Un hombre honrado, que no es enemigo ni de la razón ni de la literatura, ni de la probidad, ni de la patria, al justificar hace poco la matanza de la noche de San Bartolomé3, cita la guerra de los focenses, llamada guerra sagrada, como si esta guerra hubiese sido encendida en favor del culto, del dogma, de los argumentos de la teología; se trataba de saber a quién debía pertenecer un campo: es el motivo de todas las guerras. Unos haces de trigo no son un símbolo de creencia; jamás ciudad griega alguna luchó por opiniones. Por otra parte, ¿qué pretende ese hombre modesto y dulce? ¿Quiere que hagamos una guerra sagrada?
VOLTAIRE

 1 Alejandro Magno visitó el oráculo de Amón en el oasis libio de Siwah nada más fundar Alejandría. El dios Amón era repre­sentado en Grecia con la cabeza de Zeus y los cuernos encorvados de un carnero. Zeus logró no ser devorado por su padre Cronos (el tiempo) y se convirtió en el patriarca de los dioses del Olimpo. Júpiter es la versión romana de Zeus, el mejor y más grande de todas las divinidades.
 2 Epicuro (341-271 a.C.), el filósofo griego que fundó la escuela epicúrea, suscribe la teoría de Demócrito, según la cual el mundo está formado por átomos y todo cambio no consiste sino en la reordenación de dichas partículas. En este contexto no cabe un alma inmortal, pues tal cosa sólo será también un mero cúmulo de átomos que perecerá junto al cuerpo, ni tampoco hay lugar alguno para la providencia, ya que los dioses no se paran a pensar en el ser humano, al no intervenir en el curso natural del mundo. Su propósito era lograr una felicidad basada en comprender la naturaleza, una dirección sabia de la vida que debía lograrse al eliminar toda supersti­ción. ¿Cuál es la razón para temer a la muer­te, por ejemplo, si ella sólo comparece cuan­do yo ya me he ausentado? -argumentaba Epicuro.
 3 Muy probablemente se refiere al abate de Caveyrac y a su Apología de Luis XIV sobre la revocación del Edicto de Nantes, con una diserta­ción de la jornada de San Bartolomé (1758).

Continuará...

13 comentarios:

Gatopardo dijo...

Un hombre honrado, que no es enemigo ni de la razón ni de la literatura, ni de la probidad, ni de la patria, al justificar hace poco la matanza de la noche de San Bartolomé3, cita la guerra de los focenses, ATENCIÓN ÚLTIMAS NOTICIAS,
llamada guerra sagrada, como si esta guerra hubiese sido encendida en favor del culto, del dogma, de los argumentos de la teología; se trataba de saber a quién debía pertenecer un campo: es el motivo de todas las guerras. Unos haces de trigo no son un símbolo de creencia; jamás ciudad griega alguna luchó por opiniones. Por otra parte, ¿qué pretende ese hombre modesto y dulce? ¿Quiere que hagamos una guerra sagrada?

No comment....

Juan Nadie dijo...

Punto en boca.

carlos perrotti dijo...

Qué agregar. Filósofo de cabecera.

Juan Nadie dijo...

Sin duda. Tendremos cinco entradas más y luego, si nos apetece, podremos leerlo todo seguido.

Juan Nadie dijo...

A continuación, por cierto, pide paso Bertrand Russell.

Gatopardo dijo...

Que tampoco es moco de pavo...

carlos perrotti dijo...

Sin él no podría haber llegado hasta aquí... Y no porque haya llegado a ningún lugar en especial sino simplemente porque estoy en vías, que de eso se trata la vida: el destino es el camino.

Juan Nadie dijo...

Se hace camino al andar, decía D. Antonio.

carlos perrotti dijo...

Inmejorablemente.

marian dijo...

¿Quiere que hagamos una guerra sagrada?... ironía fina.

marian dijo...

El problema de ese derecho natural ("no hagas lo que no quisieras que te hagan") es que el hombre practica habitualmente el masoquismo...

Juan Nadie dijo...

Como vemos, y ya sabíamos por la Historia, la "guerra santa" no es nueva.
Más que masoquismo, el ser humano lo que tiene es miedo..., miedo de lo diferente.

marian dijo...

Que lo conocido también puede dar pavor, ¿eh?.
Mira que han rentabilizado el "miedo" (entre otras cosas) las religiones, de él se han alimentado principalmente.