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sábado, 16 de marzo de 2013

PIONEROS DEL CINE/ 3 - El nacimiento de la industria cinematográfica. Léon Gaumont y Charles Pathé


     Al mismo tiempo que el cinematógrafo encuentra en la figura de Georges Méliès a la persona que le sacaría del terreno en que sus inventores querían aislarle, aparecen dos personajes que iban a dotarle de los medios industriales y comerciales que necesitaba para convertirse en la nueva forma de espectáculo. Estos dos hombres, muy diferentes entre sí, se llamaban Léon Gaumont y Charles Pathé.
    Uno y otro eran propietarios de patentes que pronto iban a competir con el cinematógrafo. Léon Gaumont  tenía la patente del cronofotógrafo de Demeny, y Charles Pathé la de un aparato ideado por Henry Joly.

   De formación científica, Gaumont fabricaba aparatos fotográficos e instrumentos de precisión. Después de asistir el 22 de marzo de 1895 a la sesión organizada por la Sociedad de Fomento de la Industria Nacional, donde los hermanos Lumière habían presentado su cinematógrafo, comienza a construir aparatos tomavistas y de proyección, y realiza pequeñas cintas, de las que su secretaria, Alice Guy, asume la dirección, convirtiéndose así en la pionera de las directoras de cine. La primera de estas cintas, bastante infantil, es La fée aux choux. A partir de ahí, Guy aborda argumentos más ambiciosos, sacados del repertorio teatral y literario, o de la historia, como La esméralda (Esmeralda), basada en la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París, La Passion. Para la realización de estas películas se habían construido en los alrededores de Buttes-Chaumont unos grandes estudios, y en 1914, gracias a su pericia comercial, Gaumont cuenta ya con cincuenta y dos sucursales en Francia y su marca (la margarita) es ya en todas partes signo de honradez y calidad.

    Charles Pathé era muy diferente. Hijo de un pequeño comerciante de Vicennes, había ido a América a probar fortuna y, al no lograrlo, iba recorriendo los mercados y las ferias de Francia con un fonógrafo. Más tarde, dejando el fonógrafo a su hermano Émile, Charles Pathé se hace cargo del aparato de proyección construído para él por Henry Joly y construye un estudio en Vicennes, donde emprende la realización de pequeñas cintas, en nada diferentes a las de los hermanos Lumière y a las de Alice Guy. La actividad del estudio se desarrolla plenamente a partir de la llegada de Ferdinand Zecca. Antiguo cantante de café-concierto y regidor de teatro, Zecca consigue hacerse imprescindible y se convierte rápidamente en el hombre para todo de la casa; más adelante en director de producción y, por último, en director artístico de la sociedad Pathé Hermanos, cuya marca (el gallo) es conocida enseguida en todo el mundo. Zecca se convierte en el alma de una inmensa empresa que comprende estudios, fábricas de película, talleres de revelado y tiraje, despachos de venta y alquiler de filmes, salas de cine, y hasta un noticiario: el Pathé-Journal, primera manifestación de lo que se llamará la "prensa filmada".

L'Emeute sur la barricade (Los disturbios en la barricada, 1906)
Alice Guy Blaché para la Compañía Gaumont

Slippery Jim (1910) - Ferdinand Zecca para Pathé Frères

    En 1906, Alice Guy se casa con Herbert Blaché, a quien Gaumont envía a Berlín como representante de su sociedad, y deja los estudios de Buttes-Chaumont para no volver. Herbert pasa enseguida de Berlín a Estados Unidos, Alice le sigue y allí tiene una gran carrera como directora. Aunque antes había conseguido que se entregase a Louis Feuillade la dirección artística de la producción Gaumont, lo que acabaría convirtiéndole en uno de los grandes nombres del cine francés.
    Por su parte, Ferdinand Zecca, debido a la actividad cada vez mayor de los estudios Pathé, había contratado una serie de directores, procedentes casi todos del teatro: Albert Capellani, Henri Pouctal, Henri Desfontaines, Georges Monca, Camille de Morlhon, Louis Gasnier, André Heuzé..., alguno de los cuales llegaría a alcanzar cierto nombre. Sin dejar de observar los trabajos de Méliès, cuyos éxitos le quitaban el sueño, y sin abandonar los innumerables pequeños filmes que se comenzaban por la mañana y se terminaban antes de acabar el día, y que llenaban las salas populares y los cines de feria, Zecca dirigió la mayor parte de su actividad a la realización de filmes realistas, a veces de un realismo brutal. El ejemplo más claro es Histoire d'un crime (Historia de un crimen), cuyo desenlace es la ejecución del asesino en la guillotina. La prefectura de policía ordenó la supresión de esta escena, y ahí tenemos la primera manifestación de la censura cinematográfica. Como saben, se sucederían otras muchas, y en casi todos los países.

Falling Leaves (1912) - Alice Guy Blaché

Histoire d'un crime (Historia de un crimen, 1901) - Ferdinand Zecca

    Gaumont y Pathé sientan las bases de la poderosa industria en que acabaría convirtiéndose el cine. Pero, mientras tanto, ¿qué estaba ocurriendo en otros países?; ¿qué se hacía en España? Lo veremos.
    Aunque esa es otra historia y será otro capítulo.

Continuará...

lunes, 11 de marzo de 2013

PIONEROS DEL CINE/ 2 - El cine como espectáculo. Primeros efectos especiales. El mago Méliès


    Decíamos en el primer capítulo de esta serie que los hermanos Lumière, inventores del cinematógrafo, no creían demasiado en su invento. Lo veían como una especie de juego o, en todo caso, como algo potencialmente útil para la investigación científica. Pero hubo alguien que enseguida vio en el nuevo medio otras posibilidades, básicamente para la diversión y la atracción de masas. Lógico, ya que procedía del mundo del espectáculo.
      Georges Méliès, que así se llamaba nuestro hombre, era prestidigitador y director del pequeño teatro Robert Houdin. Por esta razón conocía los gustos del público y adivinó inmediatamente lo que el invento de los Lumière podía llegar a ser en sus manos. Ofreció a los inventores comprarles su aparato, pero se encontró con una negativa: Nuestra invención no está en venta. Puede ser explotada algún tiempo como una curiosidad científica, pero no tiene ningún porvenir comercial. Para usted sería la ruina. Méliès no se dio por vencido. Adquirió un aparato construido por el inglés Robert William Paul, el bioscopio, que hubo de mejorar, ya que era muy inferior al cinematógrafo de los hermanos Lumière.
    A comienzos de 1896, en los carteles de su teatro aparecen estas palabras: "Cinematógrafo. Fotografías animadas". Realiza en su jardín de Montreuil una serie de réplicas de las cintas Lumière, como Partie de cartes (Una partida de cartas) o Jardinier brûlant des herbes (Jardinero quemando hierbas), pero se da cuenta de que el invento puede servir para impresionar no sólo lo que existe sino también lo que no existe. De modo que construye en su jardín un estudio acristalado de diecisiete metros de largo y seis de ancho, equipado como el mejor escenario de teatro. Algunos lo consideran el primer estudio cinematográfico del mundo, y no les falta razón, porque, aunque ya el 1 de febrero de 1893 Tomas Alva Edison había construido en Nueva Jersey el famoso Black Maria, en realidad lo utilizó para preparar el material y las demostraciones del kinetoscopio, un aparato diseñado por él y desarrollado por su colaborador William Kennedy Laurie Dickson. En el estudio de Méliès se realizan películas, con escenarios diseñados para tal fin. Aquí, Méliès investiga y pone en marcha los procedimientos que llegarían a constituir la técnica del nuevo arte: sobreimpresiones, ralentí, fundidos, etc. Deja inmediatamente el realismo característico de las primeras películas de la historia (simples documentales) y se decanta por la fantasía, por el sueño. Desde entonces, sobre la pantalla del teatro Robert Houdin se pasan cintas como Cendrillon (La Cenicienta), Château hanté (El castillo embrujado), Rêve de Nöel (Sueño de Navidad), Auberge ensorcelée (Albergue embrujado) o Vingt mille lieues sous les mers (20.000 leguas bajo el mar) y Le voyage dans la lune (Viaje a la Luna).
    Dando un paso más en el terreno del trucaje y de la mentira, Méliès recrea en estudio escenas de actualidad: la guerra hispano-americana, la guerra del Transvaal, la revolución de los Boxers... Lo que él llamaba actualidades falsas. Su obra maestra en este sentido es Le couronnement d'Edouard VII d'Angleterre (Coronación del rey de Inglaterra Eduardo VII): la abadía de Westminster reconstruida en el pequeño estudio de Montreuil, con el personaje del soberano interpretado por un mozo de lavandería cuyo parecido con el modelo real era sorprendente.
      Sobre L'eruption du Mont Pelé à la Martinique (La erupción del monte Pelado o La catástrofe de la Martinica) dijo Guillaume Apollinaire: Méliès y yo hacemos poco más o menos lo mismo: encantamos la vulgar materia.
    Pero, como suele ocurrir con los soñadores, Méliès era mal comerciante, no supo defenderse de sus competidores, quebró y acabó poniendo una pequeña tienda de juguetes en el vestíbulo de una estación de París para ganarse la vida. Más tarde, quince años más tarde, como también suele ocurrir, la corporación cinematográfica siente mala conciencia, le "redescubre" y le festeja con un banquete a cuyo término un ministro le coloca sobre el pecho la cruz de caballero de la Legión de Honor. A buenas horas.

Le voyage dans la luna (El viaje a la Luna) - Georges Méliès



    Georges Méliès, el mago Méliès, el descubridor de la verdadera esencia del cine, acabó muriendo en un hospital.
    Mientras tanto, aparecen dos personajes que comienzan a dotar al cine de los medios industriales y económicos que necesitaba para convertirse en la gran industria que con el tiempo llegaría a ser: Léon Gaumont y Charles Pathé.
    Pero esa es otra historia, y será otro capítulo.

    Continuará...