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sábado, 11 de abril de 2009

LA MIRADA DE HELEN LEVITT

Four Boys - Helen Levitt Tampoco la fotografía es territorio exclusivamente masculino, faltaría más. Ha habido y hay extraordinarias fotógrafas como Julia Margaret Cameron, Dorothea Lange, Cindy Shermann, Eva Rubinstein, Inge Marath... y entre las españolas, Colita, Cristina García Rodero, Ouka Leele, Mireia Sentís, tantas otras...

Estos días nos ha abandonado una de las grandes, Helen Levitt, a la maravillosa edad de 95 años.

Levitt, discípula aventajada del gran Henry Cartier Bresson -Cuando vi fotos de Cartier Bresson comprendí que la fotografía podía ser arte... y eso me hizo ambiciosa- nació en Brooklin en 1913 y no abandonó la ciudad de Nueva York salvo en muy contadas ocasiones.

Fue amiga de Walker Evans, el fotógrafo de la Gran Depresión. Con Evans compartía un laboratorio de revelado y él le enseñó a no dejarse llevar por el sentimentalismo, a mantenerse al margen de lo que fotografiaba. Es que, básicamente, lo que fotografiaba en los años treinta y cuarenta eran niños jugando en las calles de Nueva York. Eran los hijos del crack de 1929, marginados que intentaban olvidar su mala fortuna jugando. Sin embargo, según confesó a la revista The New Yorker en 2001, no le gustaban especialmente los niños: La gente piensa que sí. Pero no... No más que el resto de las personas. Sólo sucedía que eran los niños los que estaban en la calle. Aquello era antes de la televisión y el aire acondicionado.
Levitt fotografiaba especialmente en el Harlem hispano: Era un estupendo vecindario para tomar fotos, dijo en una entrevista en la cadena pública de radio NPR en 2006. Sucedían muchas cosas. La gente mayor se sentaba en las escaleras de sus casas para combatir el calor.
Retrataba en sus instantáneas a los pobres, a los desfavorecidos, con una conciencia social muy a su pesar, como la propia conciencia social de los retratados. Estilo Cartier Bresson, vaya. Estilo cualquier genio (pensemos, por ejemplo en Dylan) a quien las circunstancias le sobrepasan pero que acierta a plasmar en su trabajo el signo de los tiempos: Yo nunca quise decir nada en mis fotografías. La gente me pregunta qué significan. Y yo no tengo respuestas válidas, dijo al Tribune en 2003. Ves lo que hay.

En los cuarenta colaboró con Luis Buñuel, a quien ayudó en sus cortos de propaganda pronorteamericana en la II Guerra Mundial. Entre 1949 y 1959 se dedicó al cine, para volver a la fotografía y experimentar con el color en los años sesenta. En la década de los noventa renunció al color, como cualquier fotógrafo que se respete.

Música: Preludios de Chopin y Música acuática de Haendel en clave de jazz
Presentación en vídeo de Juan Nadie

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante, interesantísima entrada.

Me he quedado con ganas de ver más vídeo. Magníficas fotografías y seductora música.

Y eso que pensaba que no me gustaba el jazz.

Gracias.

Logan y Lory dijo...

Qué casualidad! Anoche hablamos de la mirada fotográfica de otra mujer, extranjera, pero que supo retratar también la vida española de los años 50. Se trata de Inge Morath, la última esposa del escritor Arthur Miller, de intesa biografía, pero más intensa obra.

Este maravilloso preludio, complementa ya belleza que de por sí tienen las imágenes.

Un abrazo.