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lunes, 2 de abril de 2012

SOCIEDADES INTELIGENTES Y SOCIEDADES ESTÚPIDAS/4

'El sueño de la razón produce monstruos' - Grabado nº 43 de 'Los Caprichos' de Francisco de Goya
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Fracasos operativos. La inteligencia social puede equivocarse en las metas. Por ejemplo, cuando crea mitologías a las que sacrifica los derechos individuales, la felicidad del ciudadano. La gloria nacional ha sido una de ellas. Colbert, ministro de Luis XIV, organizó eficazmente la economía francesa, pero su meta no era la prosperidad de los franceses, sino la financiación de las guerras expansivas del rey. Henri Guillermin, en su requisitoria contra Napoleón, escribe: "Necesitaba deslumbrar a la plebe republicana, a la que había reducido al silencio, con la gloire. No sólo a corto plazo, sino constantemente. Era un buen procedimiento para que pensara en otra cosa y no en su situación real." Cuando la Nación, la Raza, el Partido, la Iglesia, el Bien común, como abstracción, se yerguen como marco supremo, se agazapan tras unas mayúsculas amedrentadoras, acaban destruyendo a los ciudadanos.
Las sociedades pueden proponerse metas contradictorias. El régimen soviético intentó hacer compatible la estatalización de la economía con su eficacia. No era posible. Los mecanismos del mercado permiten un mejor aprovechamiento de la información y una asignación de recursos más productivos.
Un fracaso en los sistemas ejecutivos puede darse por exceso o por defecto. El exceso es la tiranía, que en ocasiones es aceptada gustosamente por la sociedad, lo que supone un fracaso de su inteligencia. El miedo, por ejemplo, impulsa a esa abdicación de la libertad. El defecto es la anarquía, cuando quiebran todos los sistemas de control. Suele llevar a la tiranía por compensación. Herodoto cuenta que cuando moría el emperador de Persia se suspendían durante cinco días todas las leyes. Los desmanes sufridos durante ese paréntesis anárquico hacían que el pueblo anhelase la llegada de un nuevo emperador.
[...] La convivencia humana ha planteado siempre problemas enconados que cada cultura ha intentado resolver a su manera. El valor de la vida, la propiedad de los bienes y su distribución, la sexualidad, la familia y la educación de los hijos, la organización del poder político, el trato a los débiles, ancianos o enfermos, el comportamiento con los extranjeros y la relación con los dioses han sido, son y probablemente serán los fundamentales.
[...] Una cosa es terminar un problema y otra resolverlo. Un pleito por un prado se termina cuando uno de los contendientes saca una escopeta y mata al otro. Se ha terminado, pero no se ha resuelto. Lo de "muerto el perro se acabó la rabia" no vale ni para los perros. Lo importante es que desaparezca el bacilo de la rabia. Un problema sólo se resuelve cuando se termina dejando a salvo los valores para la convivencia. De lo contrario retoñará. El escritor israelita Amos Oz transcribe una conversación con un compatriota defensor de una política de fuerza. La tesis de este halcón es que para conseguir la deseada paz hay que destrozar al enemigo, como sea, incluso con armas nucleares, y que postergarlo sólo servirá para aumentar el sufrimiento:

Estoy dispuesto a cumplir voluntariamente el trabajo sucio para el pueblo de Israel, a matar a los árabes que haga falta, a expulsarlos, perseguirlos, quemarlos, hacernos odiosos... Hoy ya podríamos tener todo esto detrás de nosotros, podríamos ser un pueblo normal con valores vegetarianos... y con un pasado levemente criminal: como todos. Como los ingleses y los franceses y los alemanes y los estadounidenses, que ya han olvidado lo que hicieron a los indios, a los australianos, que han aniquilado a casi todos los aborígenes, ¿quién no? ¿Qué tiene de malo ser un pueblo civilizado, respetable, con un pasado ligeramente criminal? Eso ocurre hasta en las mejores familias.

Tiene razón al decir que ésta ha sido la política aplicada a lo largo de la historia. En cada momento se terminó con el problema, pero no se solucionó nunca. Por eso la historia humana continúa siendo el libro de cuentas de un matadero, como siempre ha sido; este empecinamiento es un cruel fracaso de la inteligencia.

Fragmentos de La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina.

16 comentarios:

Gatopardo dijo...

Un fracaso en los sistemas ejecutivos puede darse por exceso o por defecto. El exceso es la tiranía, que en ocasiones es aceptada gustosamente por la sociedad, lo que supone un fracaso de su inteligencia. El miedo, por ejemplo, impulsa a esa abdicación de la libertad. El defecto es la anarquía, cuando quiebran todos los sistemas de control. Suele llevar a la tiranía por compensación
Veáse el aumento del nacionalismo de extrema derecha en la Europa Oriental Democrática.

finchu dijo...

Ostia! iba a pegar el mismo párrafo.

marian dijo...

¿Qué le vamos a contar al amigo Goya?, con lo que tuvo que padecer el hombre.
Es que somos demasiado manipulables y al mismo tiempo manipuladores. Pensar, reflexionar, requiere su tiempo, es más cómodo dejarse arrastrar por la corriente, de los partidos políticos, de la información mediática,...

Juan Nadie dijo...

Pero no confundamos la anarquía con el anarquismo, son conceptos totalmente diferentes.

marian dijo...

Eso, el anarquismo es el desgobierno caótico y la anarquía es el autogobierno fructífero; otra utopía más, pero qué bonita, ¡me la quedo!.

Juan Nadie dijo...

Más bien al revés, Marian.

marian dijo...

Eso, la anarquía es el autogobierno caótico y el anarquismo es el desgobierno fructífero, ¿así mejor profe?, ¿tampoco?, jope.

Juan Nadie dijo...

Bueeeno... vamos mejorando.

marian dijo...

Me has pillado, no tengo idea de ninguna ideología ya inventada (anarquismo, comunismo, etc.) técnicamente tenía que haber leído la wikipedia antes, hace mil años que no leo sobre ideologías políticas, igual hago mal, no lo sé. A lo que me refería es a mi propia idea, que no está en la wiki, que también es irrealizable; sí puede ser a nivel individual, pero imposible de sumar, porque somos tantas individualidades que se convierte en irrealizable.
Imaginas en una sociedad idílica la de profesiones que iban a desaparecer, más paro, no, deja deja.
Como decía W.Allen: no me gusta esta sociedad, pero es el único sitio donde puedo encontrar un filete para comer (o algo así).

Bueno, esto he estado pensando mientras hacía la comida para mañana.

Juan Nadie dijo...

¿Woody Allen buscando un filete para comer? No ha pasado por Reinosa, si viene se queda. La mejor carne de vacuno del mundo, oiga.

marian dijo...

Bueno, bueno, no me sea afrancesado, que por aquí también tenemos buenas carnes (de vacuno), que tenemos pastos y montaña.
Y unos filetes de buey, que a la brasa vuelta y vuelta, no se los salta un anarquista.

Gatopardo dijo...

No hagas demasiado caso a Juan Nadie en cuestiones patrióticas sobre Campoo, le sale el abanderado que lleva dentro...

marian dijo...

No, si abanderados le sobran Gato, yo después de aquel comentario matizando aquel "la familia es la familia", estoy cogiendo miedo.
Ahora me dices que tú también eres de "la familia" y ya me da un patatús. ¿No llevaréis de calzado por la calle esos zuecos de vaqueros?, porque eso sí que sería un buen acto de patriotismo R....., (que no sé el gentilicio).

Juan Nadie dijo...

Reinosano, se dice reinosano, Marian.

marian dijo...

No podía ser se otra manera Reino-sano.

Gatopardo dijo...

Yo soy de la "familia" a lo Ford Coppola o Scorcese, que para el caso....