Eric Clapton - I Still Do (2016)

lunes, 15 de febrero de 2016

PALABROS

Penúltimos archisílabos

Ya lo advirtió Horacio. Fue al elogiar en su Arte poética a quienes evitaban las "palabras ampulosas y rimbombantes", y a las que llamó sesquipedalia verba por medir "un pie y medio" de largo. Como quizá algunos lectores recuerden, aquí las he bautizado como archisílabos y aventuré que ese gusto por el alargamiento innecesario -aunque no siempre incorrecto- responde al probable afán de sobresalir de los demás. Un gusto contagioso, sin duda.

No vayan a pensar entonces que, el silenciarlos desde hace un par de años, denote un decaimiento en el uso y abuso de estos vocablos que coleccionamos. Lo que pasa es que son tantos y tan graves los problemas públicos que nos acucian, que prestar atención a este fenómeno lingüístico suena a frivolidad impropia del buen ciudadano. Craso error. El ciudadano es antes que nada un hablante y, por alejados que parezcan, la calidad del uno dice mucho también de la calidad del otro. A la postre, ambas figuras pueden incurrir en parecido empobrecimiento o indiferencia ante el deterioro de lo común.

Al hilo de ciertos prefijos y sufijos, y ahorrándonos los centenares de torpes polisílabos recogidos en ocasiones pasadas, entremos de nuevo en materia. Por ejemplo, en aquellos que pretenden subrayar la diferencia entre un acto y su proceso de llevarlo a cabo. ¿Quién no ha oído hablar de esa desvalorización que equivale a una "devaluación"? ¿Acaso no es cierto que la autoridad se ejerce mediante actuaciones en vez de por "acciones"? Una contratación administrativa goza de mayor empaque que un mero "contrato", dónde va a parar, y los fabricantes de automóviles se enorgullecen de exhibir sus variadas motorizaciones (o sea, sus "motores"). Si va usted para locutor, elija siempre incrementación o incremento, sea de los accidentes de tráfico o de los precios, y nunca su "aumento". Causa perplejidad conocer que una banda musical está en ascensión, y no en "ascenso", pero las cosas se complican cuando la "compartimentación" desemboca en el trabalenguas de la compartimentalización o el "clientelismo" engendra la clientelización.

Habrán observado asimismo que la notable afición a destacar la cualidad abstracta de las cosas lleva a menudo a sustituir la cosa misma por ese rasgo abstracto que encarna. De modo que la "equidad" de un acto equitativo acaba trocándose en equitatividad, y la "variación" deja paso a la variabilidad. Por esa misma ley no escrita, la unitariedad se impone sobre la "unidad", lo mismo que preferimos la confortabilidad del sillón a su "confort" o el precario estado de marginalidad al de "marginación". Una "excepción" a la regla se cita como excepcionalidad. En cuanto algún aparato cumple una "función", el experto sentencia que posee funcionalidad. Un ilustre abogado sugiere someterse no tanto a la "letra", sino más bien a la literalidad de la ley. Y ciertos políticos proponen ahora una ley de transitoriedad jurídica, es de suponer que para perfeccionar la mera "transición". El "vértigo" es ocupado por la vertiginosidad, igual que la dimensionalidad arrincona a la más simple "dimensión". Eso sí, no me pregunten por el significado de la intermodalidad, que hasta ahí no llego.

En el vergonzante empeño por que nuestro lenguaje cotidiano se transforme en spanglish, procuremos que lo "diferente" alcance siempre el grado de diferencial y no hagamos ascos al comunicacional ni al conversacional. Las ondas "vibratorias" de toda la vida deben bautizarse como vibracionales, en una operación parecida a la de denominar componente nutricional a lo que calificábamos de "nutritivo". Me cuesta adjudicar sentido al novedoso reputacional, pero doy fe de que una solicitada revista femenina se refería en portada a modelos inspiracionales a falta de "inspiradores"...

Si venimos a algunos verbos afectados por esta manía de crecimiento, ahí está ese reciente uso de capturar, también de cuna inglesa, que ha desbancado a nuestro "captar" o, del mismo origen, el sumarizar con la pretensión de "resumir". (He ahí otra "prueba" —perdón, evidencia— de colonialismo lingüístico). Cuando nos servimos en exclusiva del expansionar, confesamos haber olvidado el "expandir" o "ensanchar"; y quizá recuerden que hubo un tiempo en que decíamos "distinguir" para lo que hoy se oye siempre como diferenciar. El ambiente nos arrastra a uniformizar lo que sea, y no ya a "uniformar". Con lo fácil que resulta "restar", "quedar" o "dejar", triunfa sin embargo el mayor prestigio de residualizar. Renunciemos, pues, al esfuerzo de "concebir" para suplirlo por el conceptualizar, mientras se le pide a "distender" que deje paso al más prolongado distensionar. La masiva ignorancia del latín y griego por estos lares, y con ella de tantas raíces de nuestro léxico, trae estos excelentes resultados. Ignoro si sectarizar es portarse como un sectario o cortar algo (o a alguien) en secciones, y no les digo cuánto me asusta esa nueva hornada de verbos fantasmales y horrísonos como despatologizar, fronterizar, efectivizar o desnegativizar...

Participios y adjetivos tampoco se libran de estas cirugías verbales del momento. Ya sabemos que lo "concreto" o "concretado" ha pasado a ser concretizado, lo "continuo" se transforma en continuado y una situación parece mucho más "convulsa" si está convulsionada. En paralelo a nuestra práctica política, lo que antes era "regional" ha sido regionalizado y las cuentas "territoriales" dan en territorializadas. Ciertas medidas públicas no es que sean "generales", sino que se han generalizado, lo mismo que tantos servicios privados ya no son "personales" sino incluso personalizados. La creación de empleo se ha desestacionalizado al no depender ya de la estación del año. Deseosos de atenernos al "procedimiento", pronto llegamos a lo procedimental y acabamos dejando todo bien procedimentalizado. Y no me negarán que, a la menor dolencia, corremos a medicalizarnos en lugar de a "medicarnos" y a quedar así, más que "medicados", medicalizados.

Los muchos adictos a los archisílabos muestran su predilección por lo determinativo, cuando están buscando lo "determinante", así como por lo derivativo más que por el vulgar "derivado" o por una noticia excitativa en lugar de "excitante". Uno, que no estudió filología (como ya se habrá notado), se andaría con cuidado con los limitativo, manipulativo, integrativo o investigativo por más que la Academia los bendiga. Entretanto, el pedante disfrutará archisilabeando a su antojo unos cuantos adverbios de modo. Ahí nos esperan continuadamente, por "continuamente", o individualizadamente, por "individualmente", entre otros.

¿Me permitirán entonces despedirme una vez más con las ideas de un viejo maestro? Pues Chesterton nos dejó dicho que "las palabras cortas han de tener un significado, pero las palabras largas a veces pueden no significar nada literalmente...".
AURELIO ARTETA, catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco.
El País, 13/02/2016

viernes, 12 de febrero de 2016

EL CALLEJERO

Fieles a su obsesión por reescribir la Historia a su conveniencia, sectarios irredentos, los "adanitas" de la corporación municipal de Madrid, lejos de trabajar por el bien de sus conciudadanos, se dedican últimamente en cuerpo y alma a intentar borrar toda huella del pasado, mientras tienen absolutamente abandonadas sus tareas de gobierno. Pretenden ahora eliminar del callejero madrileño toda referencia a personajes de nuestro pasado  ya no tan reciente. Bien está, pero es que incluyen entre estos personajes a insignes escritores, artistas y pensadores, que, si en su momento fueron proclives al franquismo, su trayectoria intelectual y artística no deja ninguna duda sobre su valía. Lo triste, lo patético, es que no se dan cuenta que esta actitud va en contra de sus intereses, porque con ella la gente perdería esa famosa "memoria histórica" (histérica) de la que se hacen lenguas. Ya saben, el tiro por la culata.

La famosa "lista negra" que Ahora Madrid -agrupación hermana (o hija) de Podemos y de la que es integrante Manuela Carmena- ha encargado a la cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense, contiene argumentos como estos:

Agustín de Foxá, escritor. "Formó parte de la llamada corte literaria de José Antonio junto con Rafael Sánchez Mazas, Dionidio Ridruejo, José María Alfaro, Jacinto Miquelarena o Pedro Mourlane".

Alfonso Paso, escritor. "Fue profundamente joseantoniano, llegando a esa convicción al estudiar los escritos del Fundador".

Concha Espina, escritora. "Saludó la llegada de la República, aunque pronto abrazó la causa falangista".

Eugenio D'Ors, escritor y filósofo. "Comenzó a colaborar en la reorganización de las instituciones culturales del bando franquista, en cuyo ejército combatían sus tres hijos".

Josep Pla, escritor y periodista. "Adi Enberg [su pareja] trabajaba para el Servicio de Información de la Frontera Noreste, un servicio de espionaje del ejército franquista".

Pedro Muñoz Seca, escritor. "Centra sus sátiras contra la República. Estrena La oca, caricatura del comunismo y el igualitarismo". Fue fusilado.

Salvador Dalí, pintor. "El 16 de junio de 1956 es recibido por Francisco Franco en el palacio de El Pardo".

Enrique Jardiel Poncela, escritor. "Regresó a España, estableciéndose en zona franquista".

José María Pemán, escritor. "Se significó por su conservadurismo católico [...] y por su apoyo a la sublevación contra la República".

Miguel Mihura, escritor. "Fue director de La Codorniz, plagada de escritores y dibujantes falangistas".

Gerardo Diego, poeta. "Escribió artículos en el diario La Nueva España, periódico de FET y de las JONS".

Manuel Machado, escritor. "Miembro de la comisión que cambió el callejero de Madrid tras la ocupación".

Álvaro Cunqueiro, novelista, poeta. "Colaboró con diversas publicaciones falangistas, como Vértice o Destino".

Joaquín Turina, compositor. "Impulsó la recuperación del folclore español llevado a cabo por la Sección Femenina de la Falange.
(Información extraída del diario El País)

Todo un catálogo inquisitorial.
Estos son unos pocos, pero hay más. Entre los más sorprendentes figuran el torero Manolete y el  que fuera presidente del Real Madrid Santiago Bernabéu (¡!)
Menos mal que la inefable alcaldesa Carmena acaba calificar esta movida como "disparate", y asegura que no se cambiarán los nombres de las calles en las que figuren intelectuales y artistas. Cómo será el despropósito que la propia Universidad Complutense está estudiando la posibilidad de elimar la cátedra de Memoria Histórica. Ya está tardando.
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El potaje madrileño
La noche del pasado 20 de diciembre, tras conocerse los resultados electorales, Pablo Iglesias compareció enardecido ante la opinión pública. La formación que lidera había ganado las elecciones generales y, más importante aún, la Guerra Civil. Empezó a desgranar una letanía abrumadora, melodramática, furiosa, en su línea. Se oyen, entre otras, proclamó, "las voces de Margarita Nelken, Clara Campoamor y Dolores Ibarruri (…), las voces de Durruti, de Largo Caballero, de Azaña, de Pepe Díaz y de Andreu Nin". Un "Pepe" que le salió con el mismo arrobo con el que los camaradas españoles hablaban de "Pepe Stalin". No llamaba tanto la atención que la mayor parte de "las voces" que se oyeran esa noche fueran de la Guerra Civil, ni la exaltación y el convencimiento de estar escribiendo y reescribiendo de paso la Historia, sino el potaje.

Pablo Iglesias debería leer, en el tiempo que le dejen libre el Juan de Mairena de Machado y La ética de la razón pura, La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor. Es un libro extraordinario. Hay edición reciente. Comprendería las razones por las cuales Clara Campoamor tuvo que salir por pies de España apenas estalló la guerra (como Chaves Nogales, don José Castillejo o Juan Ramón Jiménez): sus vidas corrían peligro, el de verdad; por ejemplo, Margarita Nelken, una escritora mediocre, no parece que hubiera tenido reparo en "pasear" personalmente a Campoamor, o alguno de los partidarios de Pasionaria, Durruti o Largo Caballero, quienes hicieron, por cierto, todo lo posible por acabar con Azaña y lo que él representaba. En cuanto a Andreu Nin… Fue a "Pepe" Díaz a quien debieron pedirse responsabilidades directas por su asesinato, ejecutado por comunistas españoles.

Queda por dilucidar si toda esta confusión de obras, tiempos, ideas es fruto de la precipitación, la ignorancia o el oportunismo, con el fin de "envolver la mercancía", como suele decirse, para pasar el género averiado. Por esa razón tal vez no sea abusivo parafrasear aquel célebre "quita tus sucias manos de Clara Campoamor; quita tus sucias manos de Andreu Nin".

El debate sobre los símbolos y monumentos del franquismo es antiguo, y no está en absoluto resuelto (por ejemplo, los restos de José Antonio y de Franco deberían salir del Valle de los Caídos, pero sería un disparate volarlo con dinamita) ni es el objeto de estas líneas.

Lo ridículo de la lista confeccionada por una comisión de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense, según este periódico a petición de la alcaldesa (ella lo niega), no es tanto la satanización de tales o cuales escritores y artistas, sino conocer las razones por las que, "sin salirnos de sus propósitos", como decía Hannah Arendt de Hitler y sus pogromos, no han incluido en ella a Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Dionisio Ridruejo, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Tomás Borrás, José Gutiérrez Solana, Edgar Neville, Emilio Carrere, Ricardo León, Antonio Díaz Cañabate, Jacinto Benavente (o Marañón, con hospital, o Maeztu, con instituto) y muchos otros con tantos méritos como ellos. Seguramente solo haya habido, en uno y otro caso, en el de las inclusiones y en el de las exclusiones, la ignorancia, una ignorancia que al mismo tiempo que se origina en el fanatismo, conduce irremediablemente a él.

Es absurdo, y una pérdida de tiempo, hablar de literatura con quienes han confeccionado esa lista en la que figuran Manuel Machado, Cunqueiro o Pla, ni tratar de convencerles de que merecen no una calle en Madrid, sino en todas las ciudades españolas, ni que, como decía Nietzsche, el exceso de memoria mata la vida, ni recordarles que en aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa, ni porfiar enumerándoles a quienes escribieron odas a Stalin o secundaron sus políticas genocidas, con calles hoy en España… pero quizá sí valga la pena este último apunte. En la lista, incumpliendo a todas luces la Ley de Memoria Histórica, figura Muñoz Seca. El mismo 18 de julio de 1936 salió al escenario del teatro Poliorama de Barcelona, donde se representaba su obra La tonta del rizo, y anunció a los espectadores, al grito de "¡Viva España!", la sublevación de los militares en África. Lo detuvieron y lo metieron en la cárcel de San Antón, de Madrid, de donde salió tres meses después para ser asesinado en Paracuellos, a manos de verdugos que jamás pagaron por ese crimen. Participó en la Guerra Civil tanto como Rodríguez Zapatero, Iglesias o yo mismo.
ANDRÉS TRAPIELLO - El País, 11/02/2016

martes, 9 de febrero de 2016

LA INVISIBILIDAD DEL VOTANTE

¿Están hablando de nosotros? ¿Nos ven siquiera?
Espectáculo bochornoso el que están dando los políticos de este país últimamente.
Políticos de la Transición: aunque estén mayores y alguno ya ni siquiera esté, vuelvan, por todos los dioses, ¿qué les cuesta?

Diálogos
"Yo, sin duda, voy a hablar con todo el mundo", dice el célebre lector de prensa deportiva, también conocido como Número Uno, pero no aclara de qué quiere hablar y luego resulta que nadie quiere hablar con él. "No hablaré nunca con el Número Uno porque quiero formar un Gobierno de progreso", dice el Número Dos, y acto seguido regala dos sillones a los separatistas catalanes que son lo más reaccionario del país. "Yo no hablaré con el Número Uno, pero sí lo haré con el Número Dos, siempre que éste no hable con el Número Cuatro", dice el Número Tres, sin explicar de qué va a hablar, aunque de inmediato se divide por cinco: la parte gallega, la parte vasca, la parte catalana, la parte aragonesa y la parte valenciana. El Número Cuatro, perfectamente vestido, asegura que puede hablar con todo el mundo menos con el Número Tres porque es separatista catalán, vasco, gallego, aragonés y valenciano.

Los votantes, mientras tanto, observamos turulatos el espectáculo y nos palpamos los unos a los otros para acreditar que existimos, pero no existimos. He tratado de palpar a un votante del Número Uno y se ha disuelto en el aire como un gas. El del Número Dos, desesperado, trató de agarrarse a mi mano, pero se deshilachó como una telaraña. El del Número Tres quiso darme un tortazo, pero comenzó a girar como una peonza hasta desplomarse. El del Número Cuatro me felicitó el santo y luego se convirtió en un celaje de color azafrán y ascendió a las alturas.

No existimos, queridos compatriotas, somos contingentes. Sólo existen los separatistas catalanes que, mientras tanto, ya han legislado para que todos los españoles cojan la lepra en cuanto pongan un pie en tierra sagrada.
FÉLIX DE AZÚA - El País, 09/02/2016

Nota prescindible:
Seguro que no hace falta aclarar quiénes son el Número Uno, el Número Dos, el Número Tres y el Número Cuatro. Números.

jueves, 4 de febrero de 2016

VENDER LA SEDE

El país del 'qué hay de lo mío'

Un dirigente del PP me dijo hace algún tiempo que la sede del partido en Génova había quedado tan marcada por la corrupción que era partidario de "venderla y empezar de nuevo en otro lugar". Entre las paredes de las oficinas del partido que gobierna este país se han repartido sobres con sobresueldos, satisfecho mordidas de empresarios, pagado reformas con 'dinero negro' y destruido pruebas de presuntos delitos, según la investigación de jueces y periodistas. Y, aun así, la lista de fechorías supuestamente cometidas desde la sede madrileña parece una obra caritativa comparada con las actividades de su sucursal en Valencia, donde los 'populares' se han comportado como los dueños del Casino de Scorsese, sin que faltase el hombre que contaba el dinero.

Alfonso Rus era ese capo protagonizado por Robert De Niro que explica cómo en sus dominios hay tres formas de hacer las cosas: "Bien, mal y como yo las hago". 

El dinero de la trama destapada por la delegación valenciana de este periódico no se lavaba en las ruletas de Las Vegas, sino en negocios como esa peluquería a la que habían puesto el nombre de 'Qué hay de lo mío'. Nuestros corruptos no dan más de sí. Es precisamente esa falta de disimulo, el burdo exhibicionismo de sus 'pelotazos', lo que hace más negligente la pasividad con la que el Partido Popular permitió que la putrefacción se extendiera durante dos décadas en uno de sus grandes feudos. Pero claro: era en Valencia donde los líderes nacionales podían jugarse su futuro y no era cuestión de incordiar a los conseguidores de una comunidad donde, además, se ganaban elecciones sin despeinarse

La respuesta a cada escándalo ha sido siempre la misma. El otro partido roba igual o más. Son unas pocas manzanas podridas. Estamos siendo muy, pero que muy contundentes contra la corrupción. Ni una dimisión o asunción de responsabilidades. Ninguna disculpa a los ciudadanos, los militantes que trabajan honradamente o los votantes que han creído las promesas incumplidas de regeneración. Ninguna intención, por supuesto, de cambiar las estructuras gangrenadas. 

Sólo bajo ese sistema partitocrático y decadente puede haber llegado Rita Barberá hasta aquí asegurando que "en Valencia nunca se ha amañado un contrato", mientras sus colaboradores más estrechos pasaban la noche en el calabozo y la Guardia Civil daba credibilidad a los testigos que aseguran que la ex alcaldesa de Valencia estaba al tanto del lavado de dinero. Sólo alguien que sabe que cuenta con la protección del partido, tras haber sido convertida en senadora por la gracia del Qué hay de lo mío, puede mofarse así de sus ciudadanos y esperar que no pase nada. 

¿Cuántos escándalos hacen falta para que el Partido Popular reconozca que tiene un problema endémico de corrupción? ¿Cuántos imputados más hasta que lleve a cabo la regeneración que le pidieron sus votantes al retirarle la mayoría en las últimas elecciones? ¿Cuántos Alfonso Rus tienen que salir contando billetes en grabaciones policiales para que alguien dé un puñetazo en la mesa y diga basta? 

España necesita un Partido Popular con legitimidad moral para consensuar una coalición que defienda los principios constitucionales, la unidad de España y las reformas económicas y sociales que deben llevar el país adelante. Pero la gran coalición que defiende este periódico debe ir acompañada de la gran limpieza de la vida pública. Es lo que vuelve a pedir Albert Rivera en la entrevista que publicamos hoy y lo que Mariano Rajoy ha sido incapaz de ofrecer hasta ahora. 

Los españoles no tienen un gen que les predisponga a la corrupción más que los noruegos. Nuestro problema es precisamente lo que no tenemos: democracia interna en los partidos, un sistema transparente de supervisión de la vida pública, instituciones despolitizadas, un sistema educativo que penalice la cultura de la trampa -e instaure la del mérito- y, ya puesto a pedir, un electorado que haga a sus políticos responsables de los saqueos. Porque los casinos de Valencia o Andalucía, donde las oligarquías políticas de PP y PSOE montaron sus grandes sistemas clientelares, no habrían sobrevivido sin suficientes clientes dispuestos a seguir jugando a pesar de que sabían que las ruletas estaban amañadas.
DAVID JIMÉNEZ - El Mundo, 30/01/2016