Ry Cooder - Paradise And Lunch, 2017

viernes, 12 de febrero de 2016

EL CALLEJERO

Fieles a su obsesión por reescribir la Historia a su conveniencia, sectarios irredentos, los "adanitas" de la corporación municipal de Madrid, lejos de trabajar por el bien de sus conciudadanos, se dedican últimamente en cuerpo y alma a intentar borrar toda huella del pasado, mientras tienen absolutamente abandonadas sus tareas de gobierno. Pretenden ahora eliminar del callejero madrileño toda referencia a personajes de nuestro pasado  ya no tan reciente. Bien está, pero es que incluyen entre estos personajes a insignes escritores, artistas y pensadores, que, si en su momento fueron proclives al franquismo, su trayectoria intelectual y artística no deja ninguna duda sobre su valía. Lo triste, lo patético, es que no se dan cuenta que esta actitud va en contra de sus intereses, porque con ella la gente perdería esa famosa "memoria histórica" (histérica) de la que se hacen lenguas. Ya saben, el tiro por la culata.

La famosa "lista negra" que Ahora Madrid -agrupación hermana (o hija) de Podemos y de la que es integrante Manuela Carmena- ha encargado a la cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense, contiene argumentos como estos:

Agustín de Foxá, escritor. "Formó parte de la llamada corte literaria de José Antonio junto con Rafael Sánchez Mazas, Dionidio Ridruejo, José María Alfaro, Jacinto Miquelarena o Pedro Mourlane".

Alfonso Paso, escritor. "Fue profundamente joseantoniano, llegando a esa convicción al estudiar los escritos del Fundador".

Concha Espina, escritora. "Saludó la llegada de la República, aunque pronto abrazó la causa falangista".

Eugenio D'Ors, escritor y filósofo. "Comenzó a colaborar en la reorganización de las instituciones culturales del bando franquista, en cuyo ejército combatían sus tres hijos".

Josep Pla, escritor y periodista. "Adi Enberg [su pareja] trabajaba para el Servicio de Información de la Frontera Noreste, un servicio de espionaje del ejército franquista".

Pedro Muñoz Seca, escritor. "Centra sus sátiras contra la República. Estrena La oca, caricatura del comunismo y el igualitarismo". Fue fusilado.

Salvador Dalí, pintor. "El 16 de junio de 1956 es recibido por Francisco Franco en el palacio de El Pardo".

Enrique Jardiel Poncela, escritor. "Regresó a España, estableciéndose en zona franquista".

José María Pemán, escritor. "Se significó por su conservadurismo católico [...] y por su apoyo a la sublevación contra la República".

Miguel Mihura, escritor. "Fue director de La Codorniz, plagada de escritores y dibujantes falangistas".

Gerardo Diego, poeta. "Escribió artículos en el diario La Nueva España, periódico de FET y de las JONS".

Manuel Machado, escritor. "Miembro de la comisión que cambió el callejero de Madrid tras la ocupación".

Álvaro Cunqueiro, novelista, poeta. "Colaboró con diversas publicaciones falangistas, como Vértice o Destino".

Joaquín Turina, compositor. "Impulsó la recuperación del folclore español llevado a cabo por la Sección Femenina de la Falange.
(Información extraída del diario El País)

Todo un catálogo inquisitorial.
Estos son unos pocos, pero hay más. Entre los más sorprendentes figuran el torero Manolete y el  que fuera presidente del Real Madrid Santiago Bernabéu (¡!)
Menos mal que la inefable alcaldesa Carmena acaba de calificar esta movida como "disparate", y asegura que no se cambiarán los nombres de las calles en las que figuren intelectuales y artistas. Cómo será el despropósito que la propia Universidad Complutense está estudiando la posibilidad de elimar la cátedra de Memoria Histórica. Ya está tardando.
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El potaje madrileño
La noche del pasado 20 de diciembre, tras conocerse los resultados electorales, Pablo Iglesias compareció enardecido ante la opinión pública. La formación que lidera había ganado las elecciones generales y, más importante aún, la Guerra Civil. Empezó a desgranar una letanía abrumadora, melodramática, furiosa, en su línea. Se oyen, entre otras, proclamó, "las voces de Margarita Nelken, Clara Campoamor y Dolores Ibarruri (…), las voces de Durruti, de Largo Caballero, de Azaña, de Pepe Díaz y de Andreu Nin". Un "Pepe" que le salió con el mismo arrobo con el que los camaradas españoles hablaban de "Pepe Stalin". No llamaba tanto la atención que la mayor parte de "las voces" que se oyeran esa noche fueran de la Guerra Civil, ni la exaltación y el convencimiento de estar escribiendo y reescribiendo de paso la Historia, sino el potaje.

Pablo Iglesias debería leer, en el tiempo que le dejen libre el Juan de Mairena de Machado y La ética de la razón pura, La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor. Es un libro extraordinario. Hay edición reciente. Comprendería las razones por las cuales Clara Campoamor tuvo que salir por pies de España apenas estalló la guerra (como Chaves Nogales, don José Castillejo o Juan Ramón Jiménez): sus vidas corrían peligro, el de verdad; por ejemplo, Margarita Nelken, una escritora mediocre, no parece que hubiera tenido reparo en "pasear" personalmente a Campoamor, o alguno de los partidarios de Pasionaria, Durruti o Largo Caballero, quienes hicieron, por cierto, todo lo posible por acabar con Azaña y lo que él representaba. En cuanto a Andreu Nin… Fue a "Pepe" Díaz a quien debieron pedirse responsabilidades directas por su asesinato, ejecutado por comunistas españoles.

Queda por dilucidar si toda esta confusión de obras, tiempos, ideas es fruto de la precipitación, la ignorancia o el oportunismo, con el fin de "envolver la mercancía", como suele decirse, para pasar el género averiado. Por esa razón tal vez no sea abusivo parafrasear aquel célebre "quita tus sucias manos de Clara Campoamor; quita tus sucias manos de Andreu Nin".

El debate sobre los símbolos y monumentos del franquismo es antiguo, y no está en absoluto resuelto (por ejemplo, los restos de José Antonio y de Franco deberían salir del Valle de los Caídos, pero sería un disparate volarlo con dinamita) ni es el objeto de estas líneas.

Lo ridículo de la lista confeccionada por una comisión de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense, según este periódico a petición de la alcaldesa (ella lo niega), no es tanto la satanización de tales o cuales escritores y artistas, sino conocer las razones por las que, "sin salirnos de sus propósitos", como decía Hannah Arendt de Hitler y sus pogromos, no han incluido en ella a Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Dionisio Ridruejo, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Tomás Borrás, José Gutiérrez Solana, Edgar Neville, Emilio Carrere, Ricardo León, Antonio Díaz Cañabate, Jacinto Benavente (o Marañón, con hospital, o Maeztu, con instituto) y muchos otros con tantos méritos como ellos. Seguramente solo haya habido, en uno y otro caso, en el de las inclusiones y en el de las exclusiones, la ignorancia, una ignorancia que al mismo tiempo que se origina en el fanatismo, conduce irremediablemente a él.

Es absurdo, y una pérdida de tiempo, hablar de literatura con quienes han confeccionado esa lista en la que figuran Manuel Machado, Cunqueiro o Pla, ni tratar de convencerles de que merecen no una calle en Madrid, sino en todas las ciudades españolas, ni que, como decía Nietzsche, el exceso de memoria mata la vida, ni recordarles que en aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa, ni porfiar enumerándoles a quienes escribieron odas a Stalin o secundaron sus políticas genocidas, con calles hoy en España… pero quizá sí valga la pena este último apunte. En la lista, incumpliendo a todas luces la Ley de Memoria Histórica, figura Muñoz Seca. El mismo 18 de julio de 1936 salió al escenario del teatro Poliorama de Barcelona, donde se representaba su obra La tonta del rizo, y anunció a los espectadores, al grito de "¡Viva España!", la sublevación de los militares en África. Lo detuvieron y lo metieron en la cárcel de San Antón, de Madrid, de donde salió tres meses después para ser asesinado en Paracuellos, a manos de verdugos que jamás pagaron por ese crimen. Participó en la Guerra Civil tanto como Rodríguez Zapatero, Iglesias o yo mismo.
ANDRÉS TRAPIELLO - El País, 11/02/2016

8 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Tremendo artículo. Logra preocupar.

Estos tipos nos terminan de pasar (como varias veces en el pasado), con sus listas negras, sus intentos de escritura de un relato nacional y de reescritura de la verdadera historia de la patria, estos tipos que imputaban a Borges y a Sábato (como a Dalí) porque fueron recibidos por Videla, estos tipos que crearon Institutos para la Memoria y la Revisión Histórica, secretarías para la Coordinación Estratégica de un Pensamiento Nacional y Latinoamericano, que editaron Manuales del buen militante nacional y popular, que derribaron estatuas y emplazaron otras contrarias en el mismo lugar, que le cambiaron los nombres a las calles, plazas y edificios públicos, etcétera, etcétera. Eran talibanes, oscurantistas, trasnochados, alucinados integrantes de patrullas perdidas para la liberación marchando al grito de "la sangre derramada no será negociada", "no pasarán..." Ellos no volverán a pasar. Eran ladrones además.

Algo va a pasar. Pero estos tipos a España no le van a pasar.

Juan Nadie dijo...

Veo (ya lo sabía) que conocéis bien el percal por allá.

El caso que nos ocupa comienza a dar risa y hasta un poco de lástima. Resulta que ahora se están tirando los trastos a la cabeza el Ayuntamiento de Madrid y los de la cátedra de Memoria Histórica de la Complutense. Representantes del Ayuntamiento de Carmena dicen que para hacer esos informes se necesitan expertos y gente que analice las cosas con ponderación y neutralidad. Anda que son ellos muy neutrales... Los Memoriones aseguran que el Ayuntamiento no es serio ni cumple los acuerdos. Bueno, eso ya lo sabíamos. En fin..., todo sería risible, si no fuera por el despropósito.

marian dijo...

No se pueden hacer las cosas peor, desde luego. Para elaborar el informe se contrata a una entidad "a dedo" y con unos argumentos que no se lo creen ni ellos. Luego la alcaldesa califica la movida como disparate y asegura que no se cambiarán los nombres de las calles en las que figuren intelectuales y artistas, respecto a estos últimos, el informe ¿es orientativo o es resolutorio?, ¿quién va a tener la última palabra?, ¿los informantes o la alcaldesa? Por ejemplo, respecto a Jardiel Poncela no han investigado bien o no han querido poner la historia completa.
Pero, ¿se sabe quién o quiénes van a determinar a quiénes van a quitar?, y otra cosa más, los nombres que pondrán en su lugar, que esa es otra, que me temo otra polémica con ello, esperemos que no.
Hay nombres que son de cajón que tienen que ser sustituidos y que no se necesitaría ningún informe.

No sé (sí sé) pero me recuerdan estas movidas a Robespierre, en sus principios y sus finales.

A mí me pareció bien la "Memoria Histórica", especialmente en lo relativo a la recuperación e identificación de los restos de los fusilados enterrados de cualquier manera, que sus familias pudieran enterrar dignamente a sus muertos. Que todo el país pudiera enterrar a sus muertos, pero no les acabamos de dejar que descansen en paz.

Juan Nadie dijo...

Exacto, has dado en el clavo. ¿Quién tiene la última palabra? y, sobre todo, si quitan esos nombres dizque franquistas, ¿qué van a poner en su lugar? Me temo lo peor.
Naturalmente hay nombres que mejor los quitamos. Mira, la calle donde vivo en Reinosa se llamó hasta bien entrados los setenta Calle José Antonio. La cambiaron y la rebautizaron como Avenida del Puente de Carlos III, precisamente porque hay un puente que salva el río Ebro, del que estamos orgullosos y que se construyó en tiempos de ese rey. Me pareció estupendo entonces y me lo parece ahora. Pero es que además se hizo sin esparajismos, simplemente se hizo porque había que hacerlo y ya.

marian dijo...

Claro que sí.

Y otra cosa más, mientras no se utilice la misma vara de medir para los fusilamientos de Lorca y Muñoz Seca, por poner un ejemplo, seguiremos yendo mal.

Juan Nadie dijo...

Sí. O la Masacre de Badajoz y Paracuellos del Jarama, por poner otro par de ejemplos. Hya muchos.

Juan Nadie dijo...

Por cierto: La Universidad Complutense ha terminado rompiendo el contrato de asesoramiento con el Ayuntamiento de Madrid. Por algo se empieza y rectificar es de sabios.

marian dijo...

No me extraña que no quieran estar metidos en el asunto, porque no es lo mismo tratar de hacer justicia que una "caza de brujas"