The Kinks - The Kinks Are The Village Green Preservation Society, 2018

lunes, 15 de febrero de 2016

PALABROS

Penúltimos archisílabos

Ya lo advirtió Horacio. Fue al elogiar en su Arte poética a quienes evitaban las "palabras ampulosas y rimbombantes", y a las que llamó sesquipedalia verba por medir "un pie y medio" de largo. Como quizá algunos lectores recuerden, aquí las he bautizado como archisílabos y aventuré que ese gusto por el alargamiento innecesario -aunque no siempre incorrecto- responde al probable afán de sobresalir de los demás. Un gusto contagioso, sin duda.

No vayan a pensar entonces que, el silenciarlos desde hace un par de años, denote un decaimiento en el uso y abuso de estos vocablos que coleccionamos. Lo que pasa es que son tantos y tan graves los problemas públicos que nos acucian, que prestar atención a este fenómeno lingüístico suena a frivolidad impropia del buen ciudadano. Craso error. El ciudadano es antes que nada un hablante y, por alejados que parezcan, la calidad del uno dice mucho también de la calidad del otro. A la postre, ambas figuras pueden incurrir en parecido empobrecimiento o indiferencia ante el deterioro de lo común.

Al hilo de ciertos prefijos y sufijos, y ahorrándonos los centenares de torpes polisílabos recogidos en ocasiones pasadas, entremos de nuevo en materia. Por ejemplo, en aquellos que pretenden subrayar la diferencia entre un acto y su proceso de llevarlo a cabo. ¿Quién no ha oído hablar de esa desvalorización que equivale a una "devaluación"? ¿Acaso no es cierto que la autoridad se ejerce mediante actuaciones en vez de por "acciones"? Una contratación administrativa goza de mayor empaque que un mero "contrato", dónde va a parar, y los fabricantes de automóviles se enorgullecen de exhibir sus variadas motorizaciones (o sea, sus "motores"). Si va usted para locutor, elija siempre incrementación o incremento, sea de los accidentes de tráfico o de los precios, y nunca su "aumento". Causa perplejidad conocer que una banda musical está en ascensión, y no en "ascenso", pero las cosas se complican cuando la "compartimentación" desemboca en el trabalenguas de la compartimentalización o el "clientelismo" engendra la clientelización.

Habrán observado asimismo que la notable afición a destacar la cualidad abstracta de las cosas lleva a menudo a sustituir la cosa misma por ese rasgo abstracto que encarna. De modo que la "equidad" de un acto equitativo acaba trocándose en equitatividad, y la "variación" deja paso a la variabilidad. Por esa misma ley no escrita, la unitariedad se impone sobre la "unidad", lo mismo que preferimos la confortabilidad del sillón a su "confort" o el precario estado de marginalidad al de "marginación". Una "excepción" a la regla se cita como excepcionalidad. En cuanto algún aparato cumple una "función", el experto sentencia que posee funcionalidad. Un ilustre abogado sugiere someterse no tanto a la "letra", sino más bien a la literalidad de la ley. Y ciertos políticos proponen ahora una ley de transitoriedad jurídica, es de suponer que para perfeccionar la mera "transición". El "vértigo" es ocupado por la vertiginosidad, igual que la dimensionalidad arrincona a la más simple "dimensión". Eso sí, no me pregunten por el significado de la intermodalidad, que hasta ahí no llego.

En el vergonzante empeño por que nuestro lenguaje cotidiano se transforme en spanglish, procuremos que lo "diferente" alcance siempre el grado de diferencial y no hagamos ascos al comunicacional ni al conversacional. Las ondas "vibratorias" de toda la vida deben bautizarse como vibracionales, en una operación parecida a la de denominar componente nutricional a lo que calificábamos de "nutritivo". Me cuesta adjudicar sentido al novedoso reputacional, pero doy fe de que una solicitada revista femenina se refería en portada a modelos inspiracionales a falta de "inspiradores"...

Si venimos a algunos verbos afectados por esta manía de crecimiento, ahí está ese reciente uso de capturar, también de cuna inglesa, que ha desbancado a nuestro "captar" o, del mismo origen, el sumarizar con la pretensión de "resumir". (He ahí otra "prueba" —perdón, evidencia— de colonialismo lingüístico). Cuando nos servimos en exclusiva del expansionar, confesamos haber olvidado el "expandir" o "ensanchar"; y quizá recuerden que hubo un tiempo en que decíamos "distinguir" para lo que hoy se oye siempre como diferenciar. El ambiente nos arrastra a uniformizar lo que sea, y no ya a "uniformar". Con lo fácil que resulta "restar", "quedar" o "dejar", triunfa sin embargo el mayor prestigio de residualizar. Renunciemos, pues, al esfuerzo de "concebir" para suplirlo por el conceptualizar, mientras se le pide a "distender" que deje paso al más prolongado distensionar. La masiva ignorancia del latín y griego por estos lares, y con ella de tantas raíces de nuestro léxico, trae estos excelentes resultados. Ignoro si sectarizar es portarse como un sectario o cortar algo (o a alguien) en secciones, y no les digo cuánto me asusta esa nueva hornada de verbos fantasmales y horrísonos como despatologizar, fronterizar, efectivizar o desnegativizar...

Participios y adjetivos tampoco se libran de estas cirugías verbales del momento. Ya sabemos que lo "concreto" o "concretado" ha pasado a ser concretizado, lo "continuo" se transforma en continuado y una situación parece mucho más "convulsa" si está convulsionada. En paralelo a nuestra práctica política, lo que antes era "regional" ha sido regionalizado y las cuentas "territoriales" dan en territorializadas. Ciertas medidas públicas no es que sean "generales", sino que se han generalizado, lo mismo que tantos servicios privados ya no son "personales" sino incluso personalizados. La creación de empleo se ha desestacionalizado al no depender ya de la estación del año. Deseosos de atenernos al "procedimiento", pronto llegamos a lo procedimental y acabamos dejando todo bien procedimentalizado. Y no me negarán que, a la menor dolencia, corremos a medicalizarnos en lugar de a "medicarnos" y a quedar así, más que "medicados", medicalizados.

Los muchos adictos a los archisílabos muestran su predilección por lo determinativo, cuando están buscando lo "determinante", así como por lo derivativo más que por el vulgar "derivado" o por una noticia excitativa en lugar de "excitante". Uno, que no estudió filología (como ya se habrá notado), se andaría con cuidado con los limitativo, manipulativo, integrativo o investigativo por más que la Academia los bendiga. Entretanto, el pedante disfrutará archisilabeando a su antojo unos cuantos adverbios de modo. Ahí nos esperan continuadamente, por "continuamente", o individualizadamente, por "individualmente", entre otros.

¿Me permitirán entonces despedirme una vez más con las ideas de un viejo maestro? Pues Chesterton nos dejó dicho que "las palabras cortas han de tener un significado, pero las palabras largas a veces pueden no significar nada literalmente...".
AURELIO ARTETA, catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco.
El País, 13/02/2016

11 comentarios:

marian dijo...

Me es indiferente, uséase, inverosímil.

marian dijo...

Prueba encontrada:

https://www.youtube.com/watch?v=vPOjHvb-IWQ

(Actor: Erasmo Pascual)

¿Quién da más?

carlos perrotti dijo...

Qué loco. La otra noche escribí algo que estaba intentando transformarse en algo: "Las palabras recelan de los significados
Antojadizos o fundamentados, que pretenden endilgarles
Los filólogos y estudiosos de la semántica y el lenguaje
Casi como quien recela de los nombres que le dieron sus padres..."

Tal vez deba retomarlo y transformarlo (mejorarlo) efectivamente en algo.

Juan Nadie dijo...

A mí también me es inverosímil, indiferente y hasta impermeable, fíjate.

Es curioso cómo se está estropeando el idioma español por una mala, o al menos perezosa, traducción de términos ingleses. Yo creo que esto procede del mundo de la economía, también de la informática y de la política. Pero a los políticos ¿qué les vas a pedir?. Se agarran como a un clavo ardiendo a los palabros más rimbombantes que encuentran por ahí para intentar paliar sus carencias intelectuales y te los sueltan a cada paso, poniendo en evidencia su muy descriptible incultura.

Y no digamos de los divulgadores que traducen artículos de científicos americanos o ingleses. Me pongo enfermo cada vez que leo (y es siempre) que "equis" estrella está, por ejemplo, a 5 billones de años-luz de la Tierra. Pero, hijos míos, ¿aún no sabéis que "One Billion" significa en el mundo anglosajón mil millones y no un billón?

Juan Nadie dijo...

Yo creo, Carlos, que estás obligado a retomar ese texto.

Juan Nadie dijo...

Genial Erasmo Pascual.

marian dijo...

Otro gran secundario del cine español, estaba casado con otra grande: Rafaela Aparicio.

Lo de la lengua parece ir por modas. Algunos de los archisílabos sí encajan, pero a otros se les nota forzados. Es el abuso de ellos en un mismo escrito donde puede estar la diferencia; lo mismo ocurre con las adjetivaciones para un solo nombre, que cuando se abusa de ellas se recarga demasiado lo escrito o hablado.

marian dijo...

Por cierto, ¿cuándo algo de las ondas gravitacionales?

marian dijo...

Espera... de las ondas gravitatorias:)

Juan Nadie dijo...

O gravitacionales. De las dos formas está bien dicho.

Pronto, pronto. Me pondré a ello.

Juan Nadie dijo...

Aunque mejor gravitatorias, claro, no nos vaya a reñir el profesor Arteta.