Chuck Berry - The Legend

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jueves, 17 de mayo de 2018

PERLAS


Aquí tienen unas pocas, cultivadas por el nou Honorable President de la Generalitat de Catalunya..., o lo que sea:

El inefable Torra publicó entre 2011 y 2014 en esas redes sociales que tanto nos gustan estos tuits (o como se llamen), entre otros muchos miles de similar jaez:

Franceses y españoles comparten la misma concepción aniquiladora de las naciones que malviven en sus Estados.

[Los catalanes] vamos en coches particulares y nos lo pagamos todo. No hacemos como los españoles.

Evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714.

Los españoles en Catalunya son como la energía: no desaparecen, se transforman.

Fuera bromas. Señores, si seguimos aquí algunos años más corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles.

Sobre todo, lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia. Horrible.

Vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario.

Los españoles solo saben expoliar.

[Los del PSC], pobres, hablan el español como los españoles.

Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua.

Ni Sabino Arana, oiga.

Pues bien, este perturbado, quizá en un momento de lucidez, borró estos tuits (o eso creía él, pobrecillo) hasta el 3 de enero de 2016: Desaparezco unos meses y me encuentro con mi cuenta pirateada y la guerra civil 'indepe' en marcha. Momento para volver.

Y vaya si volvió:

L'estat mai no en té prou, sempre queda una humiliació més a practicar. De nosaltres depèn aturar-ho. [El estado nunca tiene suficiente, siempre queda una humillación más que practicar. De nosotros depende pararlo.]

Viure permanentment amenaçats en el Regne d'Espanya o viure lliures a la República Catalana. No hi ha més. [Vivir permanentemente amenazados en el Reino de España o vivir libres en la República Catalana. No hay más.]

A què es dedicaran els Ministres espanyols d'interior quan siguem independents? [¿A qué se dedicarán los Ministros españoles de Interior cuando seamos independientes?]

Ara mateix, les aparicions dels ministres espanyols són el més semblant a un espectre fantasmal equivocat de lloc i de segle. [Ahora mismo, las apariciones de los ministros españoles son lo más parecido a un espectro fantasmal equivocado de lugar y de siglo.]

Els governants espanyols acabaran essent jutjats als tribunals internacionals europeus. [Los gobernantes españoles acabarán siendo juzgados por los tribunales internacionales europeos.]

L'acte vandàlic més greu que s'ha comès els darrers mesos ha estat l'aprovació del 155 pel PSOE / PSC. [El acto vandálico más grave que se ha cometido en los últimos meses ha sido la aprobación del 155 por el PSOE / PSC.]
Traducció de Joan Ningú

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Las palabras quedan

Una vez pronunciadas o bramadas, las palabras se siguen oyendo. Son como esos cautelosos caracoles de cementerio, que dicen que son los mejores del mundo porque llevaron una vida arrastrada hasta llegar a los fogones. ¿Cómo podemos olvidar que los nacionalistas catalanes nos llamaron a los demás españoles «hienas carroñeras», entre otros piropos? Los sembradores de odio no se olvidan de seguir regando lo que plantaron, pero la mayor preocupación de Torra y de su fugitivo jefe Puigdemont es controlar las cuentas. Mientras, el Gobierno y el PSOE pactan un artículo 155 todavía más duro, pero cuidado que no se rompa por exceso de rigidez. Rajoy acepta hablar con Torra, aunque este diga que su legítimo interlocutor es el prófugo Puigdemont. Entre todos mataron al 'seny' y el sólo se murió de asco. ¿Cómo se activa por segunda vez el artículo 155? Los resucitados textos de Torra debieran ser divulgados para que en toda Europa supieran que lo que en verdad pretende el nacionalismo es dejarnos sin patria, a fuerza de divulgar mentiras completas disfrazadas de verdades parciales.

Hace dos días que murió Tom Wolfe, considerado el padre del llamado 'nuevo periodismo', pero no era mejor que nuestro Paco Umbral. Lo único que ocurría es que era norteamericano y en vez de un tirachinas tenía un cañón de largo alcance. Ahora que la bonanza económica está favoreciendo a España es cuando más se habla de desigualdad y de temporalidad en el trabajo. Estamos saliendo de la crisis, dicho en términos generales, y esto nos hace olvidar que muchos millones de españoles se quedan dentro porque no encuentran la puerta de salida. Rajoy acepta hablar con Torra, pero este dice que su interlocutor legítimo es el fugado Puigdemont, que sigue mandando a distancia. Mientras, el separatismo crece. Ya no cabe nadie más.
MANUEL ALCÁNTARA
Jueves, 17 mayo 2018

lunes, 16 de junio de 2014

RAMÓN Y EL ANARQUISMO (FRAGMENTO) - FRANCISCO UMBRAL

Hay un libro de Francisco Umbral titulado Ramón y las vanguardias (1978), dedicado a Ramón Gómez de la Serna, que tal vez convendría repasar  en estos momentos.

 [...] En un pasaje muy cuajado de su Automoribundia, Ramón habla de los anarquistas juveniles con que se junta siendo casi un chico. Un incidente de adolescencia y una bronca familiar bastan a separarle para siempre de aquel anarquismo hirsuto de los primeros años del siglo, tan remoto aún de la acracia pacifista y lírica del fin de siglo que estamos viviendo.
    No hay que pensar que Ramón fuese especialmente pusilánime ante sus padres, sino, más bien, que aquello no le iba, que era un camino falso, pues el anarquismo de Ramón era pacífico y poético, y en esto hay que considerarle precursor de las actuales acracias juveniles. Porque Ramón sigue siendo un anarquista hasta la muerte. Anarquista porque no conoce autoridad y porque cree en la bondad natural del hombre y del mundo. Está muy cerca de suponer que todo marcharía bien por sí solo. No es el anarquista que quiere dinamitar ideas, sino el que lo dejaría todo a su aire, confiando en el curso sensato de las cosas.
    ¿Anarquista de derechas, como dijo un crítico francés de otro escritor español? No exactamente. Ramón nos ofrece la versión del anarquista que considera que el mundo ya está resuelto y no hay más que dejarle hacer. Ramón vivió su infancia cerca del Palacio Real y ha evocado grandes fastos monárquicos a los que asistió desde su balcón. Incluso llega en algún momento a declararse monárquico. Su monarquismo ni siquiera es estético, como el carlismo de Valle, sino sentimental, rememorativo. Pero todas estas cuestiones son en él ociosas, ya que nunca las plantea de verdad. Ramón se inicia en un anarquismo literario y violento siendo muy joven, y rectifica enseguida para tomar el camino de la anarquía pacífica, del hombre marginal que no cree en las instituciones de los hombres. Para él, quizá, las únicas instituciones serias de la sociedad autoritaria son el café, los toros y el circo. [...]

domingo, 23 de marzo de 2014

'A TENAZÓN'. IN MEMORIAM ADOLFO SUÁREZ

    Como escribía Carmen Rigalt esta mañana, "las despedidas son tristes, y la muerte es la despedida por excelencia... Morir es el acto más íntimo de la vida y merece un respeto".
    Adolfo Suárez, uno de los muñidores de la Democracia española, primus inter pares de quienes trazaron el camino de la Transición -ese encaje de bolillos cuyas enseñanzas se siguen estudiando en las universidades del mundo-, acaba de fallecer a los 81 años, después de una larga y penosa enfermedad. Será muy difícil (imposible) para quienes vivimos intensamente aquel período, olvidar la figura de Adolfo Suárez.
    Descanse, Presidente, y muchas gracias por haber dedicado su vida a intentar hacer más habitable este pobre, cainita y tantas veces desdichado país.

Fragmentos de Trilogía de Madrid
    Traía yo, entre las cuatro cartas de recomendación, una para un tal Adolfo Suárez, desconocido y mítico, diluido en la propia vulgaridad de su nombre y prestigiado como secretamente entre el falangismo.
    Este Suárez parece que dirigía una cadena de emisoras como del Frente de Juventudes o así, aunque su carrera política se proyectaba ya más lejos.
    Ya que no de mi voz literaria, que nadie quería escuchar, iba yo a vivir de mi laringe, si podía, pues que había sido locutor en provincias. La carta para el tal Suárez iba ya tomando la forma de la cadera que no tengo, de tanto ir y venir al despacho donde él nunca estaba.
    Una mañana, entrando yo en el portal de la emisora, por detrás de la Gran Vía, reconocí al personaje por cómo le abrían la cancela dorada del ascensor. Subí corriendo la escalera de mármol para coincidir con él en la puerta del piso, y tras él pasé hasta su despacho. Era un hombre joven y moreno que iba dejando tras de sí como un rastro de autoridad o seguridad. Debieron de pensar, incluso, que yo iba con él, porque nadie me dijo nada.
    Sentado ya en su mesa, levantó hacia mí sus ojos claros con la sorpresa de encontrarse ante él un desconocido de aspecto entredudoso, y no cualquiera de los lacayos habituales. Le eché la carta blanca y arrugada sobre la carpeta de cuero negro.
    Yo diría que la leyó a través del sobre, en un instante.
    - Que quiero ser locutor.
    (No mucho más que mi voz estaba yo dispuesto a prestar a aquel invento)
    Se levantó, dio la vuelta a la mesa y vino hacia mí.
    - Necesito algo, estoy sin trabajo, he sido locutor, tengo experiencia, que me hagan una prueba, quiero trabajar.
    - No puede usted pedirme nada así a tenazón.
    Recuerdo la palabra, vieja palabra castellana, abulense: tenazón.
    Me cogió de un brazo, con asustante energía, y me sacó del despacho.
    Bajé la escalera de mármol como si me hubieran dado una bofetada. Estaba acostumbrado a negativas blandas, confusas, dilatorias. Era la época en que el Opus Dei llevaba algunos años de reinado cultural y político, tras haber desplazado a la Falange. Por la presión de aquella mano en mi brazo, por el rigor de aquel hombre, por la sequedad de su voz, comprendí que, según los rumores más auspiciativos, el llamado Movimiento estaba volviendo -pronto estallaría el caso Matesa, desarbolando la política y la economía del Opus-, y que había hombres de una energía nueva para hacerse con el poder.
    Llevaba en la mano mi vieja cartera de cuero, con recortes, cartas y artículos, y la miré como si no fuese mía.
    La Gran Vía volvía a acogerme, inerme y devuelto, sin nada que hacer, salvo sentarme en un banco a mirar los cartelones de los cines y las piernas de las mujeres. Siempre me levantaba unos momentos antes de que los transeúntes comenzasen a echarme monedas.
    A tenazón. De modo que a tenazón. Aquellos no eran los modales cremosos y misales del Opus Dei.
    Algo iba a pasar.
    A tenazón sacaría aquel hombre de ojos claros, siglos más tarde, del Consejo Nacional del Movimiento, Plaza de la Marina Española, a todos los consejeros falangistas, uno por uno. A tenazón.
    A tenazón quitaría las inmensas flechas de los Reyes Católicos, el yugo de Alcalá, 44. A tenazón le sacarían a él de su despacho de presidir la historia de España. A tenazón. Qué hermosa palabra castellana, qué fuerte, qué de herrero o herrería.
    Un aumentativo de tenaza, supongo.
[...]
    Las primeras elecciones generales y democráticas fueron como una quema de brujas en seco, quema a la que asistieron, en la plaza de todos los pueblos del país, incluso los muertos de la guerra civil (ambos bandos), creyendo que eran las fiestas. La guapa gente de derechas no comprendía aquello. Bajaron las persianas con buena cuerda del barrio de Salamanca y Suárez les parecía un rojo porque había legalizado a Santiago Carrillo "a tenazón".
    Pero también la resistencia estaba un poco desconcertada, Oliver ya no era de Marsillach, Marcelino Camacho salía de Carabanchel y a su mujer la cogió con un jersey a medio calcetar.
    Fue cuando los antifranquistas de posse comprendieron secretamente que ellos no habían nacido para vivir en libertad. Empezaron a secárseles las pilas de todos los timbres que vos apretás, y cerró Cuadernos para el Diálogo. El nacionalcatolicismo dialogante -Gil Robles padre/hijo, Ruiz Giménez- no sacó un voto. La izquierda recreativa descubría, tarde, que María Asquerino, más María que nunca, había dejado el rincón cinematográfico de Oliver por el rincón catalán/madrileño de Boccaccio.
[...]


    "A tenazón". Me vino la frase remota de cuando Suárez me echó de su modesto despacho. A tenazón. A tenazón creó un partido de la nada, sin ideologías, sin doctrina. A tenazón ganó unas elecciones, otras, no sé. Y a tenazón cayeron sobre él sus cortesanos y le pusieron en la calle, no sin antes haberle asesinado políticamente, por la espalda, con un puñal de papel de barba. De modo que lo dejaron en la acera, para que se lo llevasen los basureros de la Historia, fue un bocoy vacío, un pellejo de vino sin vino, o con un resto agriado que al propio Suárez debía de saberle a vinagre.
[...]
FRANCISCO UMBRAL

martes, 23 de octubre de 2012

RECORDANDO A UMBRAL



[...] Hace ciento treinta años, la aventura romántica había que vivirla a expensas de papá. Esto le añadía desesperación y le quitaba autenticidad a los inauténticos y desesperados jóvenes del ochocientos. El Romanticismo, entre nosotros, es un movimiento sufragado con el dinero de los neoclásicos. La generación de los padres, clasicista o neoclasicista, ha de subvenir a las locuras de los hijos. Y, por otra parte, patrocina con su asistencia el teatro romántico de tan vasta influencia en aquella juventud. Este inopinado mecenazgo de una clase con respecto de la clase contraria, de una generación con respecto de la generación siguiente, casi siempre adversa, es una ley histórica imposible de eludir por lo inadvertida. Toda rebelión naciente, sea literaria, política o puramente vital, ha de alimentarse a expensas de lo que va a derrocar. Los dispendios del erario público son al revolucionario lo que la propina de los domingos al hijo balarrasa. Algo que hay que aprovechar al máximo contra el propio donante.
...
Fragmento de Larra. Anatomía de un dandy, primer libro de Francisco Umbral (1965)

Teoría del miedo
El miedo mueve la Historia y ahora estamos viviendo una etapa de grandes miedos. Contra el miedo se han inventado pocas cosas, entre ellas la democracia. Pero después de la democracia del miedo viene el miedo a la democracia. Los griegos se lo montaron bien democratizando a sus dioses, porque el miedo viene del cielo. A los dioses, así en plural, se les disminuye un poco. Cada dios se hace soluble en sus alegorías, como se hace palpable en sus murales y estatuas. Pero el dios cristiano, bíblico, es un dios único que ha tenido sus continuadores aquí en la Tierra. Julio César, Napoleón, Calvino, Hitler, Franco, fueron los dueños del miedo, unipersonales, pero ahora el miedo vuelve a estar muy repartido, y no por astucia del hombre sino por derrumbamiento de todos los muros de Berlín y todas las torres de Manhattan. Hemos llegado a la Luna y ahora escribo con luna llena y cobriza, todo en paz, pero la Luna sigue siendo la farola del miedo aquí en la Tierra y en mi huerto. Nuestros enemigos orientales trabajan con el miedo, que es su bomba atómica, y han conseguido que las elecciones norteamericanas se hagan, no para cambiar de presidente sino para cambiar de miedo, de terror, de temor y temblor ante lo desconocido, como es un piloto árabe en un avión fanático que arremete contra las Torres de Manhattan como Don Quijote contra los molinos. Oriente tiene miedo de Occidente porque Estados Unidos cada día pone más caro lo que roba. Occidente siente miedo de Oriente porque es un enemigo nuevo, desconocido, fantasmal, que no trabaja con misiles sino con pequeños insectos, con suicidas sagrados y con espías cuyos idiomas nadie conocemos. Incluso Europa vive la inquietud de Marruecos y España la inquietud de las otras Españas, que un presidente benévolo o despistado va estimulando, y no por estrategia sino por miedo. Ahora amanece en la India, que era el miedo dormido, y no sabemos si su primer bostezo es de hambre, de sueño o de miedo. La democracia que sirvió para desmilitarizar a los dioses no sirve para amedrentar a los asiáticos, porque no creen en la democracia sino que utilizan a su dios como un hacha. Allá en los 60 vivimos el peligro amarillo, el maoísmo, el despertar de China, pero América ha conseguido adormecer a la inmensa China con cocacola y barbitúricos. China ha cambiado a Mao por unos pantalones tejanos. A Bush no le sientan bien los tejanos porque es de pata corta, pero a Kerry tampoco porque tiene aspecto de funcionario de aduanas. Lo que pasa hoy en USA, desde el 11-S, es que a todo el mundo se le caen los pantalones por el miedo. García Márquez vive el miedo de sus 90 años literarios, que es el miedo a una niña de 14 de la que se ha enamorado. Si no existiese la Lolita de Nabokov, esta niña sería el símbolo de la juventud que viene, libre y salvaje, descreída y desmemoriada. A esta juventud, por miedo, se le concede todo, las faltas de ortografía en los exámenes y el pinchazo mortal delante de su madre, que se lo trae de la farmacia por miedo a decirle que no. Todo está inseguro, todo da un paso atrás. Belén Gopegui saca la segunda edición de su libro sobre Cuba. Hace más de un siglo España tenía miedo de perder Cuba. Hoy tenemos miedo cuando Castro resbala en una escalera y se rompe una rodilla. Las últimas elecciones las ganó aquí el miedo. Recomponer la democracia sería como volver a la Luna. La democracia también es la Luna del miedo. 
El Mundo, 01-11-2004

Nacionalismo y folclore
Cataluña se autodetermina como «nación» en el texto final que proponen el PSC y sus socios. Es muy probable que esta lenta y tediosa maniobra de los separatismos pedáneos, que denuncia este periódico todos los días, con serenidad y firmeza, llegue a convertirse efectivamente en una realidad histórica y contemporánea, en una audacia política del siglo XXI. Nosotros les saldríamos al paso con una sola y silenciosa pregunta: - Bien ¿y qué? Porque uno ve muy posible que esta utopía, mercantil mayormente, se convierta en realidad, pues hay realidades que no sirven para nada. Y éste es el tema nunca planteado, pero sí multiplicado por 17, que nos haremos después de conseguida y madura la España o alianza de las culturas, que quiere Zapatero. El error está en poner a la venta una idea sin ningún contenido ni ventaja, salvo la fascinación del planteamiento en sí mismo. Cataluña será más Mediterráneo, Cataluña tendrá más telares y cantautores, como Vasconia tendrá más versolaris que matan y Galicia tendrá más fragas que desgobiernen. Bueno ¿y qué? No basta con que un proyecto sea atractivo, realizable y popular, sino que hay que meterle algo dentro. No se empieza por la política retórica que sueña localismos: «Lo tan real, hoy lunes», como cantó Jorge Guillén. No se empieza por el final, en una palabra. El verbo se hace carne y habita entre nosotros cuando hay más y mejor población, cuando hay más habitantes y más residentes. Cataluña, que nos asombra todos los días por su capacidad barroquizante para producir más pueblos, más telares, más dinero y más vida, dejará de interesarnos cuando empiece a repetirse a sí misma, esto es, cuando empiece a ser el logrado retrato de lo que no es. Así, Vasconia es hoy una provincia que se realiza sin renunciar a ninguno de los versolaris vascos en la cuerda lírica o en la cuerda industrial. Vasconia no la hacen los muertos de ETA y tampoco los vivos de la retórica pedánea que hemos dicho antes. Vasconia ya está hecha desde hace mucho tiempo y lo que le añade cada muerto reciente no es más grandeza ni más fecundidad ni más personalidad. Los separatistas, los folkloristas, los internacionalistas de Vasconia acabarán, como los otros, siendo una lograda caricatura de sí mismos. Bueno ¿y qué? Galicia volverá a ser una reinvención de lo galaico, entre Rosalía, Valle-Inclán y Cela. Bueno ¿y qué? Quiere uno decir que estos soberanismos acaban a cargo de Zapatero. En lo que está empeñada la España profunda es en rubricarse mediante crueldades inútiles, sobreabundancias estériles y localismos del XIX. La independencia de Cataluña, que ayer se autodeterminaba como «nación», según proposición del PSC, ha recibido una alta y prestigiada respuesta de Alfonso Guerra, el socialista legítimo, que nos alecciona con estas palabras: «Gobernar es muy difícil y las cosas que se dicen cuando uno cree que no va a ganar hay que cumplirlas y eso es muy difícil». Guerra, que no pretende reinar desde la Giralda y que ya vivió su período soberanista en el socialismo auténtico, es hoy el político más autorizado y menos ambicioso de la España de Zapatero. A él debiéramos atenernos porque incluso desde el silencio hace política y no aventurerismo bucanero. Se le ve que participa en nuestra convicción de que las naciones son lo perdurable, pero los nacionalismos sólo son folclore.
El Mundo, 30-09-2005