Van Morrison - Too Long In Exile (1993)

domingo, 19 de febrero de 2017

EL POPULISMO: MANUAL PARA USUARIOS


El populismo no es una ideología. Es una estrategia para obtener y retener el poder. Siempre ha existido, pero en los últimos tiempos ha reaparecido con fuerza, potenciada por Internet y por las frustraciones de sociedades abrumadas por el cambio, la precariedad económica y una amenazante inseguridad ante lo que deparará el futuro.

Una de las sorpresas del populismo es cuán comunes son sus ingredientes, a pesar de que los líderes que lo ejercen y los países donde lo imponen son muy diferentes. El populismo hoy reina en la Rusia de Vladímir Putin y en la América de Donald Trump, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y la Hungría de Viktor Orbán, entre muchos otros. En todos vemos cuatro tácticas principales:

Divide y vencerás. El líder y su gobierno se presentan como los defensores del noble pueblo -el populus- maltratado y atropellado. Los populistas se nutren del "nosotros contra ellos": el pueblo contra la casta, la élite, la oligarquía, el 1% o, en Europa, contra "Bruselas" y en Estados Unidos contra "Washington".

Los populistas más exitosos son virtuosos del arte de exacerbar las divisiones y el conflicto social: entre clases, razas, religiones, regiones, nacionalidades y cualquier otra brecha que pueda ser ensanchada y convertida en indignación y furia política. Los populistas no temen jugar con fuego y avivar el conflicto social; por el contrario, lo necesitan.

Deslegitimar y criminalizar a la oposición. Exagerar la mala situación del país y magnificar los problemas es indispensable. El mensaje central del populista es que todo lo que hicieron los gobiernos anteriores es malo, corrupto e inaceptable. El país necesita urgentemente cambios drásticos y el líder populista promete hacerlos. Y quienes se oponen a sus cambios no son tratados como compatriotas con ideas diferentes, sino como apátridas a quienes hay que borrar del mapa político.

La criminalización de los rivales es una táctica común de populistas y autócratas. Uno de los lemas más populares en los mítines de la campaña de Donald Trump fue "enciérrenla", refiriéndose a la amenaza de encarcelar a Hillary Clinton. En Rusia, Turquía, Egipto o Venezuela estas amenazas contra líderes de la oposición no se quedan en eslóganes.

Denunciar la conspiración internacional. El populismo requiere de enemigos externos. Este es un viejo truco que, tristemente, suele dar dividendos políticos a corto plazo aunque luego acabe en tragedias. El enemigo externo puede ser un país -para el presidente Trump son China o México, por ejemplo- o un grupo. Víktor Orbán, el primer ministro húngaro, ha dicho que "los inmigrantes son violadores, ladrones de empleos y un veneno para la nación" y construyó un muro para mantenerlos fuera. Para Vladímir Putin, Estados Unidos estuvo detrás de las "revoluciones coloradas" que sacudieron a Europa oriental y llegaron a las calles de Moscú en 2011. Putin también denuncia regularmente a la OTAN.

Con frecuencia estos enemigos extranjeros suelen ser presentados como aliados de la oposición doméstica. Por ejemplo, el presidente de Turquía ha explicado que el fallido golpe de Estado en su contra el año pasado fue una conspiración orquestada por Fetulá Gülen, un clérigo musulmán radicado en Estados Unidos que tiene una amplia base de seguidores en Turquía. Según Erdogan, el golpe también contó con el apoyo de militares estadounidenses. Cuando a los populistas las cosas en casa les comienzan a ir mal suelen provocar conflictos internacionales que sirvan de distracción. Este es el gran peligro que significa tener a Donald Trump como jefe supremo de las fuerzas armadas más poderosas que ha conocido la humanidad.

Desprestigiar a periodistas y expertos. "¡Este país está harto de expertos!". Así reaccionó Michael Gove, uno de los líderes del Brexit, ante un informe de varios economistas que documentaron los costos que tendría para Reino Unido la salida de la Unión Europea. Para Donald Trump no importa que el calentamiento global haya sido confirmado por miles de científicos. Él sostiene que es una conspiración de China. El presidente de EE UU también piensa que el autismo es causado por las vacunas y no le importa que esa sea una teoría completamente falsa.

Pero el desdén que tienen los populistas por la ciencia, los datos y los expertos no es nada comparado con el desprecio que sienten por los periodistas. Desprecio que en algunos países conduce a la cárcel, a las palizas y, en ciertos casos, al asesinato. El hecho es que tanto los científicos como los periodistas obtienen datos y documentan situaciones que suelen chocar con la narrativa que les conviene a los populistas. Y cuando eso pasa, nada es mejor que descalificar -o eliminar- al mensajero.

Ninguna de estas tácticas es nueva. Lo sorprendente es su actual renacimiento en un mundo donde se esperaba que la democracia, la educación, la tecnología, las comunicaciones y el progreso social hicieran más difícil su éxito.
MOISÉS NAÍM
El País, 05/02/2017

5 comentarios:

carlos perrotti dijo...

¿Ya empezaron a sonar por allí Ernesto Laclau y Chantal Mouffe? Fueron los ideólogos preferidos de los Kirchner, cuyos postulados populistas son seguidos por Firmemich (líder de banda la terrorista Montoneros hace años residente en Madrid) y por el "filósofo" Ricardo Foster (director de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional), asesores ambos hoy de Podemos.

carlos perrotti dijo...

...líder de la banda terrorista Montoneros, claro.

Juan Nadie dijo...

Sí, suenan en sordina, pero lo que va siendo "divertido" (ni un cristo) es lo que está ocurriendo inmediatamente después del congreso podemita "Vistalegre II", celebrado estos días.
Ríete de las purgas estalinistas. Han apartado al inefable Errejón, han laminado a los errejonistas, y no los mandan al Gulag porque ya sería escandaloso. Encima al Errejón le parece bien: sólo le falta confesar sus culpas ideológicas ante el todopoderoso Pablo "Narciso" Iglesias, que no dudaría ni un momento en mandarle a ese Gulag del que hablamos si pudiese. Puro estalinismo, con dictadores y culpables confesos y arrepentidos.
Pero es que además podemos (PODEMOS) hablar de nepotismo: la portavocía del Congreso, que hasta ahora la ejercía Errejón, la va a ejercer a partir de ahora Irene Montero, compañera sentimental de Pablito.
¿Cómo lo ven?

carlos perrotti dijo...

De terror.

Juan Nadie dijo...

Película de terror, serie Z.