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lunes, 14 de septiembre de 2015

REFUGIADOS

Hagánme el favor de leer atentamente este artículo. ¡Qué importante es conocer la Historia!


Los godos del emperador Valente

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.

A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939.  Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.

Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. 

Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar. 

La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.

ARTURO PÉREZ-REVERTE - XL Semanal, 13/09/2015

Actualización, 15/09/2015:

14 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Irrefutable Arturo Pérez-Reverte. Yo bregaría por la solución que despunta en el último párrafo, me la jugaría primero creando conciencia, después lucharía con la convicción de que el cambio que debemos generar no lo vamos a ver (porque es una tarea que lleva un tiempo que excede la vida de una persona, porque no es chasqueando los dedos que mágicamente va a manifestarse ese cambio), es decir, lucharía por un beneficio que no vamos a tener y que tal vez, si nosotros y dos o tres generaciones futuras hacemos bien las cosas, los nietos de nuestros nietos podrán disfrutar...

Juan Nadie dijo...

No puedo estar más de acuerdo, pero a los políticos, ya sabes, sólo les interesa el corto y medio plazo.

Juan Nadie dijo...

Pero, de momento, los ministros de Interior de los países de la UE han aplazado hasta octubre la asignación de cuotas para acoger a los 120.000 refugiados, que están encontrando cada vez más alambradas en su camino.

Ripley dijo...

Anoche te escribí un sesudo comentario que a blogger le pareció excesivamente largo por lo que tuve que recortarlo, copié una mitad y envié la otra, entonces ocurrió el desastre cuando apareció en mi pantalla un mensaje de error ¿que significa esto? pues que toda la primera parte de mi escrito se perdió en el inframundo del ciberespacio y ya la segunda no tenía sentido. Naturalmente mi memoria no podía recomponer el estropicio de manera que lo resumiré en un: suscribo desde la primera a la última letra el artículo de Perez Reverte, el único intelectual digno de ser reconocido como tal que hay en España, al menos el único lúcido y valiente.

Te pego parte de algo que acabo de leer por internet, dice así:

"El Mundo denuncia que "Mas divide Cataluña entre independentistas y 'ultraderechistas'". Hasta aquí vale, de este individuo te puedes esperar cualquier cosa. Pero es que "llama a Iglesias 'ultraderechista' y le acusa de usar el mismo tono que el PP". Este Mas es genial. Está como un cencerro pero es genial. Raúl del Pozo se desternilla. "Pablo iglesias llegó a creerse el gallo que hace salir el sol para oírle cantar verdades con las manos en las caderas. Pero ahora va por ahí, por España, y y le hacen escraches, le insultan sobre todo los nacionalistas". Y encima "va y pide disculpas a los verdaderos etnicistas. Al verlo achantado, Mas lo ha zarandeado diciendo que hace el mismo discurso que Aznar". Jua, jua, jua. Este pobre ha querido ponerse de perfil con el separatismo y le están dando por todos lados. Que hay que elegir. O les das la razón hasta en que el Quijote se escribió en catalán o vas listo. Victoria Prego no da crédito a que la gente trague con los Juntos de Mas. "Lo inconcebible es que existan ciudadanos que aguanten impávidos que se les trate como si fueran imbéciles (…) Y, sinceramente, da vergüenza. Y miedo. Vergüenza por el espectáculo y miedo al comprobar cómo una parte de la población que se tiene por culta, civilizada y sensata, admite sin pestañear unos mensajes del tenor de los que estamos escuchando". Sí, Victoria, parece que el nacionalismo lo aguanta todo.

Un abrazo

Juan Nadie dijo...

Cosas de blogger, Ripley.

Afortunadamente, hay en este pobre país nuestro más intelectuales lúcidos y que no comulgan con depende qué cosas, pero sí, Pérez-Reverte en este caso, y como casi diempre, la clava.

He leído esos extractos que señalas esta mañana, también escuché a Victoria Prego anoche. Desde luego, como diría el otro, es para mear y no echar gota, con perdón por la vulgaridad.

Un abrazo.

carlos perrotti dijo...

Perez-Reverte también aquí la clava...

http://www.lanacion.com.ar/1828991-llegan-los-godos-al-imperio-vencido

carlos perrotti dijo...

Perdón, Pérez-Reverte.

Juan Nadie dijo...

Ya veo que también se lee a Reverte en Argentina. Bien.

carlos perrotti dijo...

Sí, cada vez más aporteñado entre nosotros. Lo leemos los domingos en los principales diarios. Gran cronista además de gran escritor. Y ya confirmó su presencia en la Feria del Libro 2016 junto a Rosa Montero y otros.

http://www.el-libro.org.ar/internacional/culturales/invitados-internacionales.html

Juan Nadie dijo...

Pérez-Reverte fue un gran reportero de guerra, sus crónicas eran diferentes, o yo las recuerdo así, pero creo que las recuerdo bien, somos de la misma generación. Luego se dedicó a novelar y ahí fue el bombazo: tropecientos millones libros vendidos, un sillón en la Academia, películas, series, etc...

Está muy bien eso de aporteñarse. Por ahí veo también a Javier Cercas.

Juan Nadie dijo...

Entre paréntesis: (Arturo es unos meses mayor que yo, que todo hay que decirlo, y uno tiene su corazoncito). Sería fantástico si fuese del 52 (la mejor generación del siglo XX, y de los que vengan, ejem...), y no del 51, viejos!

carlos perrotti dijo...

Genial.

carlos perrotti dijo...

Sí, señor, el venerado Javier Cercas comienza este link

http://www.infobae.com/2015/05/05/1726622-la-memoria-se-convirtio-un-negocio-y-un-instrumento-politico

Juan Nadie dijo...

"La memoria se convirtió en un negocio y un instrumento pol´´itico."
¡Qué reazón tiene, Cercas!