Chuck Berry - The Legend

sábado, 16 de marzo de 2013

PIONEROS DEL CINE/ 3 - El nacimiento de la industria cinematográfica. Léon Gaumont y Charles Pathé


     Al mismo tiempo que el cinematógrafo encuentra en la figura de Georges Méliès a la persona que le sacaría del terreno en que sus inventores querían aislarle, aparecen dos personajes que iban a dotarle de los medios industriales y comerciales que necesitaba para convertirse en la nueva forma de espectáculo. Estos dos hombres, muy diferentes entre sí, se llamaban Léon Gaumont y Charles Pathé.
    Uno y otro eran propietarios de patentes que pronto iban a competir con el cinematógrafo. Léon Gaumont  tenía la patente del cronofotógrafo de Demeny, y Charles Pathé la de un aparato ideado por Henry Joly.

   De formación científica, Gaumont fabricaba aparatos fotográficos e instrumentos de precisión. Después de asistir el 22 de marzo de 1895 a la sesión organizada por la Sociedad de Fomento de la Industria Nacional, donde los hermanos Lumière habían presentado su cinematógrafo, comienza a construir aparatos tomavistas y de proyección, y realiza pequeñas cintas, de las que su secretaria, Alice Guy, asume la dirección, convirtiéndose así en la pionera de las directoras de cine. La primera de estas cintas, bastante infantil, es La fée aux choux. A partir de ahí, Guy aborda argumentos más ambiciosos, sacados del repertorio teatral y literario, o de la historia, como La esméralda (Esmeralda), basada en la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París, o La Passion. Para la realización de estas películas se habían construido en los alrededores de Buttes-Chaumont unos grandes estudios, y en 1914, gracias a su pericia comercial, Gaumont cuenta ya con cincuenta y dos sucursales en Francia y su marca (la margarita) es ya en todas partes signo de honradez y calidad.

    Charles Pathé era muy diferente. Hijo de un pequeño comerciante de Vicennes, había ido a América a probar fortuna y, al no lograrlo, iba recorriendo los mercados y las ferias de Francia con un fonógrafo. Más tarde, dejando el fonógrafo a su hermano Émile, Charles Pathé se hace cargo del aparato de proyección construído para él por Henry Joly y construye un estudio en Vicennes, donde emprende la realización de pequeñas cintas, en nada diferentes a las de los hermanos Lumière y a las de Alice Guy. La actividad del estudio se desarrolla plenamente a partir de la llegada de Ferdinand Zecca. Antiguo cantante de café-concierto y regidor de teatro, Zecca consigue hacerse imprescindible y se convierte rápidamente en el hombre para todo de la casa; más adelante en director de producción y, por último, en director artístico de la sociedad Pathé Hermanos, cuya marca (el gallo) es conocida enseguida en todo el mundo. Zecca se convierte en el alma de una inmensa empresa que comprende estudios, fábricas de película, talleres de revelado y tiraje, despachos de venta y alquiler de filmes, salas de cine, y hasta un noticiario: el Pathé-Journal, primera manifestación de lo que se llamará la "prensa filmada".

L'Emeute sur la barricade (Los disturbios en la barricada, 1906)
Alice Guy Blaché para la Compañía Gaumont

Slippery Jim (1910) - Ferdinand Zecca para Pathé Frères

    En 1906, Alice Guy se casa con Herbert Blaché, a quien Gaumont envía a Berlín como representante de su sociedad, y deja los estudios de Buttes-Chaumont para no volver. Herbert pasa enseguida de Berlín a Estados Unidos, Alice le sigue y allí tiene una gran carrera como directora. Aunque antes había conseguido que se entregase a Louis Feuillade la dirección artística de la producción Gaumont, lo que acabaría convirtiéndole en uno de los grandes nombres del cine francés.
    Por su parte, Ferdinand Zecca, debido a la actividad cada vez mayor de los estudios Pathé, había contratado una serie de directores, procedentes casi todos del teatro: Albert Capellani, Henri Pouctal, Henri Desfontaines, Georges Monca, Camille de Morlhon, Louis Gasnier, André Heuzé..., alguno de los cuales llegaría a alcanzar cierto nombre. Sin dejar de observar los trabajos de Méliès, cuyos éxitos le quitaban el sueño, y sin abandonar los innumerables pequeños filmes que se comenzaban por la mañana y se terminaban antes de acabar el día, y que llenaban las salas populares y los cines de feria, Zecca dirigió la mayor parte de su actividad a la realización de filmes realistas, a veces de un realismo brutal. El ejemplo más claro es Histoire d'un crime (Historia de un crimen), cuyo desenlace es la ejecución del asesino en la guillotina. La prefectura de policía ordenó la supresión de esta escena, y ahí tenemos la primera manifestación de la censura cinematográfica. Como saben, se sucederían otras muchas, y en casi todos los países.

Falling Leaves (1912) - Alice Guy Blaché

Histoire d'un crime (Historia de un crimen, 1901) - Ferdinand Zecca

    Gaumont y Pathé sientan las bases de la poderosa industria en que acabaría convirtiéndose el cine. Pero, mientras tanto, ¿qué estaba ocurriendo en otros países?; ¿qué se hacía en España? Lo veremos.
    Aunque esa es otra historia y será otro capítulo.

Continuará...

lunes, 11 de marzo de 2013

PIONEROS DEL CINE/ 2 - El cine como espectáculo. Primeros efectos especiales. El mago Méliès


    Decíamos en el primer capítulo de esta serie que los hermanos Lumière, inventores del cinematógrafo, no creían demasiado en su invento. Lo veían como una especie de juego o, en todo caso, como algo potencialmente útil para la investigación científica. Pero hubo alguien que enseguida vio en el nuevo medio otras posibilidades, básicamente para la diversión y la atracción de masas. Lógico, ya que procedía del mundo del espectáculo.
      Georges Méliès, que así se llamaba nuestro hombre, era prestidigitador y director del pequeño teatro Robert Houdin. Por esta razón conocía los gustos del público y adivinó inmediatamente lo que el invento de los Lumière podía llegar a ser en sus manos. Ofreció a los inventores comprarles su aparato, pero se encontró con una negativa: Nuestra invención no está en venta. Puede ser explotada algún tiempo como una curiosidad científica, pero no tiene ningún porvenir comercial. Para usted sería la ruina. Méliès no se dio por vencido. Adquirió un aparato construido por el inglés Robert William Paul, el bioscopio, que hubo de mejorar, ya que era muy inferior al cinematógrafo de los hermanos Lumière.
    A comienzos de 1896, en los carteles de su teatro aparecen estas palabras: "Cinematógrafo. Fotografías animadas". Realiza en su jardín de Montreuil una serie de réplicas de las cintas Lumière, como Partie de cartes (Una partida de cartas) o Jardinier brûlant des herbes (Jardinero quemando hierbas), pero se da cuenta de que el invento puede servir para impresionar no sólo lo que existe sino también lo que no existe. De modo que construye en su jardín un estudio acristalado de diecisiete metros de largo y seis de ancho, equipado como el mejor escenario de teatro. Algunos lo consideran el primer estudio cinematográfico del mundo, y no les falta razón, porque, aunque ya el 1 de febrero de 1893 Tomas Alva Edison había construido en Nueva Jersey el famoso Black Maria, en realidad lo utilizó para preparar el material y las demostraciones del kinetoscopio, un aparato diseñado por él y desarrollado por su colaborador William Kennedy Laurie Dickson. En el estudio de Méliès se realizan películas, con escenarios diseñados para tal fin. Aquí, Méliès investiga y pone en marcha los procedimientos que llegarían a constituir la técnica del nuevo arte: sobreimpresiones, ralentí, fundidos, etc. Deja inmediatamente el realismo característico de las primeras películas de la historia (simples documentales) y se decanta por la fantasía, por el sueño. Desde entonces, sobre la pantalla del teatro Robert Houdin se pasan cintas como Cendrillon (La Cenicienta), Château hanté (El castillo embrujado), Rêve de Nöel (Sueño de Navidad), Auberge ensorcelée (Albergue embrujado) o Vingt mille lieues sous les mers (20.000 leguas bajo el mar) y Le voyage dans la lune (Viaje a la Luna).
    Dando un paso más en el terreno del trucaje y de la mentira, Méliès recrea en estudio escenas de actualidad: la guerra hispano-americana, la guerra del Transvaal, la revolución de los Boxers... Lo que él llamaba actualidades falsas. Su obra maestra en este sentido es Le couronnement d'Edouard VII d'Angleterre (Coronación del rey de Inglaterra Eduardo VII): la abadía de Westminster reconstruida en el pequeño estudio de Montreuil, con el personaje del soberano interpretado por un mozo de lavandería cuyo parecido con el modelo real era sorprendente.
      Sobre L'eruption du Mont Pelé à la Martinique (La erupción del monte Pelado o La catástrofe de la Martinica) dijo Guillaume Apollinaire: Méliès y yo hacemos poco más o menos lo mismo: encantamos la vulgar materia.
    Pero, como suele ocurrir con los soñadores, Méliès era mal comerciante, no supo defenderse de sus competidores, quebró y acabó poniendo una pequeña tienda de juguetes en el vestíbulo de una estación de París para ganarse la vida. Más tarde, quince años más tarde, como también suele ocurrir, la corporación cinematográfica siente mala conciencia, le "redescubre" y le festeja con un banquete a cuyo término un ministro le coloca sobre el pecho la cruz de caballero de la Legión de Honor. A buenas horas.

Le voyage dans la luna (El viaje a la Luna) - Georges Méliès



    Georges Méliès, el mago Méliès, el descubridor de la verdadera esencia del cine, acabó muriendo en un hospital.
    Mientras tanto, aparecen dos personajes que comienzan a dotar al cine de los medios industriales y económicos que necesitaba para convertirse en la gran industria que con el tiempo llegaría a ser: Léon Gaumont y Charles Pathé.
    Pero esa es otra historia, y será otro capítulo.

    Continuará...

domingo, 3 de febrero de 2013

UN RECUERDO PARA ANDREWS SISTERS

Cuya última superviviente, Patty, acaba de fallecer en Los Ángeles a los 94 años. Descanse.
Patty Andrews se hizo famosa junto a sus hermanas en los años 30 y 40 con el trío Andrews Sisters, que durante la Segunda Guerra Mundial cantó éxitos como 'Boogie Woogie Bugle Boy From Company B', 'Don't Sit Under the Apple Tree' o 'Rum and Coca-Cola', con los que animaron a las tropas estadounienses en numerosas giras.

Boogie Woogie Bugle Boy From Company B - Andrews Sisters
(LaVerne, Patty y Maxene)

martes, 18 de diciembre de 2012

TANTOS TONTOS TÓPICOS (Fragmentos)

      [...] Nuestros tópicos delatan las creencias dominantes en nuestra sociedad, los grandes y más o menos inconscientes prejuicios colectivos. En una sociedad, y cultura, y partidos y medios de comunicación... "de masas", lo que ellos transmiten es lo que gusta a la masa; no por cierto lo más precioso, sino eso que es capaz de aprobar el más torpe de la muchedumbre. Y como lo que más agrada a la masa es encontrarse con la masa misma, y lo que más aborrece es el individuo en verdad distinto, acudir a los lugares comunes representa un modo seguro de congraciarnos con la mayoría. O sea, con lo que está mandado. No hay por qué dar cuenta de ningún juicio de valor, sólo faltaba, en cuanto uno pueda replicar que sus palabras han sido un simple comentario. No habrá aclarado nada, pero lo aceptarán todos. [...]

Déjate de filosofías
      [...] Oigamos primero ese dicho de que cada cual tiene su filosofía. Tomado al pie de la letra, habría que rechazarlo, si es que la filosofía representa algo más que el conjunto de prejuicios acríticos de cada uno o se sitúa por encima del burdo relativismo que aquella sentencia parece alentar. Más que una filosofía, lo probable es que cada cual tenga sus propias creencias o supersticiones que no se aviene a poner a prueba. Pero demos un paso más y vengamos a otro empleo no menos frecuente. Cuando el entrenador de fútbol declara cuál es la "filosofía" de su equipo o el director comercial expone la "filosofía" de su plan de ventas de la temporada, uno y otro se están apoderando de un término que no pertenece, ni de lejos, al mundo de sus respectivos quehaceres ni se adecua a lo que pretenden decir con él. Ese término les viene muy grande, desde luego, pero con él se revisten de la apariencia de profundidad que buscan. [...]

Sé tú mismo
      [...] Sé tú mismo (o tengo que ser yo mismo) se enseña como una irreprochable máxima de conducta. En realidad -lo quiera o no, le guste o disguste-, cada cual siempre es él mismo en todas sus situaciones, de suerte que semejante imperativo parece estar de más. Pero admitamos que con ello quiere postularse una acendrada voluntad de consistencia en las decisiones del propio sujeto, de firmeza  frente a cualquier debilidad moral.. Nada parece más loable entonces que aquella consigna. La sospecha asoma cuando deja entrever en ocasiones la altiva autosuficiencia de la que suele emanar y el limitado alcance de la plenitud que ambiciona.
      Sin ir más lejos, porque a menudo se invoca en abierta disculpa de la propia torpeza moral, como si ésta fuera un fruto forzoso de la fatalidad. Uno es como es, qué le vamos a hacer; cada cual es cada cual, y yo sé lo que me hago. En tan solemnes tautologías se encierra la trampa de que el sujeto, so capa de obligada fidelidad a sí mismo, encubra una indolencia o cobardía culpables ante la permanente tarea de su humanización. Y digo "culpables" para no señalar a quien ha equivocado su conducta, sino al que la blinda contra todo cuestionamiento y se obstina en mantenerla tan sólo porque es la suya. Al final, en lugar de aceptar las diferencias entre los sujetos valiosos, se instaura la diferencia como el máximo valor. Lo que importa no es ser mejor, sino simplemente uno mismo; lo que queda es la pura indiferencia hacia los valores. Es la arrogante clausura de este yo ensimismado lo que llama la atención. "Los demás forman al hombre", sentenció Montaigne, pero aquel fiel a sí mismo está en el mundo como quien nada tuviera que aprender de los otros y todo lo necesario para su perfección lo llevara consigo. [...]

Es una persona muy normal
      Es una persona, ¿cómo te diría yo?..., de lo más normal. Y nos quedamos tan satisfechos, como si en tal adjetivo hubiéramos resumido lo mejor que cabría decir de quien hablamos. El interlocutor asiente complacido: acaba de comprender que el tipo en cuestión viene  a ser, poco más o menos, como él. Además de asegurar nuestra complicidad, tan vagarosa descipción del otro nos ahorra entrar en mayores detalles. Otro tanto ocurre cuando, siendo uno mismo el interrogado, cada cual se tiene por una persona normal. Como el resto de los lugares comunes, también éste es hijo de la pereza mental ("opinión pública, perezas privadas", nos martilleó Nietzsche) y no menos de un cierto afán de seguridad: a saber, el de no estar solos y ser admitidos por los demás como un igual. Pero el caso es que ese "normal" encarna un atributo paradójico, que subraya como lo más propio de uno precisamente lo que vale para casi todos. No es la única mala pasada que este vocabulario nos juega. [...]

Respeto sus ideas, pero no las comparto
      Quien no haya soltado alguna vez este tópico, que levante la mano. He aquí una sobada fórmula de urbanidad que puede dejarnos ufanos de nuestro grado de civilización, pero que nos engaña sin remedio. Con semejante cortesía pretendemos dar una muestra de tolerancia hacia las opiniones de nuestro antagonista, venimos a conceder graciosamente que no nos echaremos al cuello de quien discrepa de nuestros puntos de vista. Pero, las más de las veces, todo ello sirve para dispensarnos del esfuerzo del estudio y del debate. So pretexto de no molestar a nuestro interlocutor, nos evitamos el riesgo de vernos replicados y contradichos. [...]

      [...] No nos confundamos, pues. A quien hay que respetar es al individuo, y con demasiada frecuencia a pesar de sus ideas. Las más de las veces deberíamos advertir: "Le respeto a usted porque su dignidad de ser humano está afortunadamente por encima de sus ideas, pero que conste que las suyas son ideas de bombero". El otro merece desde luego respeto precisamente como un ser capaz de engendrar y emitir ideas, pero no por la majadería que acaba de soltar. Y el mejor modo de respetarle -de hacerle el caso debido como ser razonable- es combatiendo sus ideas cuando nos parecen erróneas. [...]

Al enemigo, ni agua
      [...] El sectarismo no es rasgo exclusivo de una ideología en particular, pero sorprende que para muchos pueda pasar por progresista tanto esa actitud como el sujeto que la mantiene. Para el sectario las cosas no pueden ser buenas si aprovechan a los que reputa malos. A la inversa, hay que consentir el mal porque su denuncia o su combate, aun cuando ciertamente puede limitar o paliar el daño, también podría favorecer directa o indirectamente al partido contrario. Y eso no. El sectario ha de preferir el daño de su enemigo particular al bien del conjunto, aun cuando esa opción apenas le favorezca a él mismo y hasta le perjudique. Aquí el tópico es tajante: Al enemigo, ni agua. [...]

Todas las opiniones son respetables
      [...] La falsa tolerancia se muestra como en ningún otro en ese manido tópico cargado de excelente conciencia y aceptado como signo de amistoso talante: a saber, que todas las opiniones son respetables. Seguramente no hay lugar común que mejor condense el antiintelectualismo, el relativismo y, en resumidas cuentas, el nihilismo contemporáneo. Ni expediente más útil para quedar inermes frente a la sinrazón de los ignorantes o el fanatismo de los totalitarios. [...]
      [...] Tal vez quiera decirse sólo que lo que hay que respetar es simplemente la expresión de esas opiniones o, mejor, el derecho a hacerlas públicas. Pero lo habitual es saltar de un brinco desde el derecho cierto a la libertad de opinión y a expresarla... al dudoso valor de esa opinión y al derecho nada obvio de que se respete lo expresado. Se hacen, pues, necesarias varias precisiones. La primera es que el derecho incuestionable a decir no arrastra la presunción de que lo dicho vaya a misa. La segunda es que la libertad de expresión tiene como frontera irrebasable la salvaguarda de las demás libertades ciudadanas. La tercera, que este derecho legal a emitir opiniones -cuando tratan de la cosa pública- entraña al menos el deber moral correlativo de exponerlas a la pública discusión. En suma, lo contrario del propósito apenas disimulado en ese "todo vale", que busca más bien igualar de un plumazo el muy desigual valor de las opiniones en liza y eludir así su contraste. [...]
      [...] Al margen de una notoria negligencia, semejante lenguaje trasluce un menosprecio apenas disimulado hacia las opiniones en general. Si se proclama que todas valen por igual, tanto las unas como sus opuestas, entonces se viene a sentar la tesis de que ninguna vale en realidad nada. Hannah Arendt ya supo ver que, "con el pretexto de que todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión", el ciudadano medio cree que "el relativismo nihilista es la esencia de la democracia".
De Tantos tontos tópicos, 2012

sábado, 8 de diciembre de 2012

UN RECUERDO PARA OSCAR NIEMEYER, QUE NO LLEGÓ A CUMPLIR LOS 105



Pero casi.
Oscar Niemeyer era un viejo conocido de este blog. Ha fallecido estos días, después de haberse dedicado a embellecer el mundo durante décadas. Descanse.
…Quando a minha música sai boa, penso que parece Tom Jobim. Música do Tom na minha cabeça é casa do Oscar.
Chico Buarque de Hollanda

lunes, 26 de noviembre de 2012

EL HOMBRE QUE NACIÓ EN EL MUSEO DEL PRADO

Después de este accidente, su vida y su destino no podían ser convencionales ni vulgares, y no lo fueron. Entre sus múltiples profesiones están la de botones, boxeador, guardameta de fútbol (llegó a ser "Pichichi" de Tercera Divisón, pero terminó siendo portero porque lo otro era muy cansado, según decía), promotor, actor, guionista,  director, humorista (dueño de un humor blanco y con un toque surrealista), pionero de la televisión española, bailarín de claqué, compositor de algunas piezas tan conocidas que casi nadie sabe ya que son suyas (Cántame un pasodoble español,  Las piedras del camino, Te digo sinceramente...) y, en sus comienzos... boy en los espectáculos de Celia Gámez. Casi nada.
Se retiró del cine en 1975, aunque Santiago Segura lo rescató para su primer "Torrente" en 1998, con el que consiguió un Goya al Mejor Actor de Reparto.
Quienes tenemos ya una cierta edad, le recordaremos siempre por sus personajes en televisión: el niño Cristobalito Gazmoño, el boxeador Kid Tarao ("de la Casa de Campo al gimnasio, del gimnasio a la Casa de Campo..."), etc.
Tony Leblanc, una vida intensamente vivida, acaba de fallecer a los 90 años. Descanse.

Tony Leblanc en televisión

jueves, 22 de noviembre de 2012

PIONEROS DEL CINE/ 1 - Antecedentes y primeros pasos. Los hermanos Lumière

En la fachada del número 14 del bulevar de los Capuchinos de París hay una placa de mármol que reza lo siguiente: Aquí, el 28 de diciembre de 1895, tuvieron lugar las primeras proyecciones públicas de fotografía animada, con la ayuda del cinematógrafo, aparato inventado por los hermanos Lumière.
Efectivamente, en el Salón Indio del Gran Café, ese día, 35 privilegiados espectadores pudieron ver, por un franco cada uno, diez pequeñas cintas de 16 metros filmadas por los hermanos Lumière: Sortie des usines Lumière à Lyon (La salida de los obreros de la fábrica Lumière), Querelle de bébés (Riña de niños), Le bassin des Tuileries (La fuente de las Tullerías),  L'arrivée d'un train (La llegada de un tren), Le régiment (El regimiento), Le maréchal-ferrant (El herrero), La partie d'écarté (La partida de naipes), Mauvaises herbes (Destrucción de las malas hierbas), Le mur (Derribo de un muro) y La mer (El mar); 35 fascinados espectadores que propagaron por la ciudad de París la noticia del "milagro". La proyección tuvo un éxito inmediato, por lo que los Lumière tuvieron que renovar enseguida sus programas. En los primeros días de enero incluyeron L'arroseur arrosé (El regador regado), primer filme cómico y unos de los más famosos entre los filmes pioneros. Para hacer frente a la demanda, hubieron de contratar operadores, tanto para la realización como para la proyección. El primero fue Félix Mesguich, a quien Antoine Lumière -padre de los inventores y administrador del negocio- dijo: Usted sabe, Mesguich, que esto que le ofrecemos no es una situación con porvenir. Es más bien un oficio de feriante. Puede durar seis meses, un año, acaso más, acaso menos.

La primera película de la historia: Salida de los obreros de la fábrica Lumière

Auguste y Louis Lumière tampoco creían que su invento pudiese revolucionar la vida del espectáculo. Para ellos, el cinematógrafo era un instrumento de laboratorio, un instrumento científico, de utilidad para los investigadores; por esta razón, se limitaban a filmar la vida cotidiana: documentales.
El éxito conseguido en París por su Cinematógrafo fue rápido y enorme, y dio pie a los hermanos Lumière a abrir otras salas, no solamente en las grandes ciudades francesas (Lyon, Burdeos), sino también en el extranjero: la primera fue en Londres, el 17 de febrero de 1896; luego vinieron Bruselas (22 de febrero del mismo año), Berlín y Nueva York, donde Mesguich, encargado de la presentación, fue llevado en hombros a los acordes de La Marsellesa.
Mesguich aprovechó su estancia en Estados Unidos para realizar varias cintas sobre la vida americana, destinadas a engrosar los programas de las salas que los Lumière abrían por todas partes; comenzaba la "caza de las imágenes", en la que participaron otros dos operadores: Albert Promio y Francis Doublier. Promio inventó el travelling en Venecia durante un paseo en góndola por el Gran Canal y tuvo dificultades con la policía de Constantinopla, que tomó su aparato por un ametralladora. En cuanto a Doublier, estuvo a punto de morir en Moscú en los tumultos que se produjeron durante las fiestas de la coronación del Zar Nicolás II.

Primeras películas de los hermanos Lumière

Los Lumière -o sus operadores- también rodaron películas en España, tales como La Semana Santa en Sevilla , o Vistas de la Puerta del Sol y Plaza del puerto de Barcelona (Promio). Suya es la primera filmación de una corrida de toros (Doublier).

Los hermanos Lumière en España, 1896

Antecedentes
El aparato patentado por Auguste y Louis Lumière el 13 de febrero de 1895 no es más que el resultado de los trabajos realizados durante largos años sobre el estudio del movimiento, su registro y su reproducción sobre una pantalla. Curiosamente, el último de estos problemas fue el que primero se encaró, gracias a la la linterna mágica, que permitía la proyección de imágenes fijas a las que ciertos trucajes daban la apariencia de movimiento.

Es posible que la invención de la linterna de proyección se remonte al Egipto de los Tolomeos, pero tal vez tengamos que remontarnos para mayor seguridad al siglo XVII, cuando el jesuita Athanasius Kircher mejora sensiblemente la linterna, o cuando el físico belga Robertson crea su fantascopio, que daba la ilusión de movimiento  por el aumento de las imágenes proyectadas gracias al desplazamiento del aparato de proyección.
En todo caso, la ilusión de movimiento se basa en un principio científico llamado persistencia de las impresiones retinianas, que fue formulado en 1829 por el físico belga Joseph Plateau, y que fija la duración de esta persistencia en una décima de segundo, lo que implica que, para que el cerebro humano tenga la impresión de un movimiento continuo, las imágenes registradas deben sucederse, como mínimo, a razón de diez por segundo. Los hermanos Lumière fijaron en 16 el número de imágenes que su aparato debía registrar en ese intervalo de tiempo, frecuencia que da la ilusión absoluta  de movimiento. Este principio es el que sirvió de base al mismo Plateau para la creación de su fenaquistiscopio, así como a todos los que trabajaron en ese terreno. El americano Horner creó un zoótropo (1833), Janssen un revólver astronómico y Étienne-Jules Marey un fusil fotográfico que le permitía registrar una serie de imágenes separadas por un intervalo de una décima de segundo. El americano Eadweard Muybridge, en 1878, con doce aparatos fotográficos instalados junto a una pista de carreras, cuyos obturadores estaban accionados por otros tantos hilos tendidos de un lado a otro de ella, consiguió tomar doce imágenes diferentes de un caballo a galope que, en su carrera, rompía sucesivamente los hilos de los doce aparatos, constituyendo una verdadera "batería fotográfica". Como fondo, para resaltar los movimientos del caballo, utilizó sábanas blancas.

Por último, Thomas A. Edison, junto con el escocés W. K. Laurie Dickson y el francés Eugène Lauste, presentó en la Exposición Universal de Chicago (1893) su cinetoscopio: imágenes animadas no proyectadas sobre una pantalla, sino encerradas en una gran caja provista de un ocular sobre la que había que inclinarse para observar.
De los trabajos de todos estos investigadores y de algunos más, como los americanos Francis Jenkins y Thomas Armat, el polaco Casimir Proszynski, el inglés William Friese-Greene, los alemanes Ottman Anschütz y Max Skaladanowski, surge el Cinematógrafo de los hermanos Lumière. El mérito de estos es que fueron los primeros en registrar unas series de imágenes animadas de una duración de varios minutos y proyectarlas, mediante un sistema de arrastre de su invención, de manera que daba la ilusión de vida.

No podemos olvidar tampoco en esta lista de precursores a Émile Reynaud y su teatro óptico. Presentado en el museo Grévin, consigue, gracias a una ingeniosa combinación de una linterna mágica perfeccionada y un juego de espejos, proyectar sobre una pantalla pequeñas cintas de dibujos que dan la ilusión de movimiento. Su espectáculo conoció un gran éxito en los años 1893-94: no era el cinematógrafo, pero le faltaba poco. La aparición de este último acarreó la muerte del teatro óptico de Reynaud.

Ya hemos dicho que los hermanos Lumière no creían en el futuro de su invento como distracción de multitudes, pero hubo un hombre que sí lo hizo: se llamaba Georges Méliès, y era prestidigitador y director del pequeño teatro Robert Houdin, dedicado a la magia blanca. Desde que vio animarse las primeras imágenes proyectadas sobre la pantalla del Gran Café, lo tuvo claro...

Pero esa es otra historia, y será otro capítulo.

Continuará...


Addendum:
Lista de aparatos precursores del cinematógrafo, según Goerges Potonniée, en sus Origines du Cinématographe:

1833.    Plateau: Fantascopio o Fenakisticopio, dibujos manuales.
               Stampfer: Discos estroboscópicos, dibujos manuales.
1834.    Horner: Dedalum, dibujos manuales.
1839.    Plateau: Anortoscopio, dibujos manuales.
1851.    Duboscq: Estéreofantascopio, primera aplicación de la fotografía.
1852.    Claudet: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
               Wheaststone: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
1853.    Seguin: Vistas mecanizadas obtenidas de la fotografía.
               Uchatius: Fenakisticopio de proyección, dibujos manuales.
1857.    Duboscq: Fenakisticopio de proyección, dibujos manuales.
               Réville: Fenakisticopio de proyección, dibujos manuales.
1860.    Desvignes: Modelo parecido al zoótropo, dibujos fotográficos.
               Czugafewicz: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
1861.    Shaw: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
               Dumont: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
               Sellers: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
1864.    Ducos de Hauron: Aparato de bandas, dibujos fotográficos.
1867.    Cook y Bonelli: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
               Humbert de Molard: Fenakisticopio estereoscópico, dibujos fotográficos.
               Lincolm: Zoétropo o Zoótropo, dibujos manuales.
1868.    Linnett: Kineógrafo, dibujos manuales.
               Langlois y Augier: Kinescopio, dibujos manuales.
1869.    Brown: Proyecciones animadas, dibujos manuales.
               Clerk Maxwell: Proyecciones animadas, dibujos manuales.
1870.    Bourbouze y Heyl: proyecciones animadas, dibujos obtenidos de fotografías
1871.    Ross: Proyecciones animadas, dibujos manuales.
1874.    Jansen: Revólver fotográfico, dibujos fotográficos.
1876.    Donisthorpe: Aparato para el empleo de imágenes sobre bandas.
1877.    Reynaud: Praxinoscopio, zoótropo perfeccionado.
1878.    Muybridge: Batería de aparatos para la toma de vistas.
1880.    Reynaud: Praxinoscopio-teatro y de proyección.
1882.    Muybridge: Síntesis del movimiento en el zoótropo.
               Marey: Fusil fotográfico.
               Molteni: Cooretoscopio, dibujos animados.
1883.    Anschutz: Experiencias parecidas a las de Muybridge.
               Londe: Cronofotógrafo, con múltiples objetivos.
1885.    Anschutz: Síntesis del movimiento.
1888.    Marey: Cronofotógrafo, con banda o película.
               Potter: Linterna mágica, con banda o película.
               Leprince: Aparato con película y múltiples objetivos.
1889.    Friese-Greene y Evans: Toma de vistas estereoscópicas y proyecciones.
               Muybridge: Zoopraxinoscopio.
1890.    Barley: Cronofotógrafo.
               Donisthorpe y Croft: Proyecciones de imágenes sobre filmes.
               General Severt: Estudio de la velocidad de los proyectiles por la cronofotografía.
1891.    Anschutz: Electrotakiskopio.
               Edison: Cinetógrafo.
               Démény: Fonoscopio.
1892.    Londe: Cronofotógrafo eléctrico.
               Bouly: Patente de un aparato llamado cinematógrafo.
               Reynaud: Teatro óptico.
1893.    Marey: Aparato para proyectar fotografías animadas.
               Edison: Cinetoscopio.
               Démény: Aparato para proyectar fotografías animadas.
               Friese -Greene: Aparato para proyectar fotografías animadas.
1894.    Jenkins: Fantascopio para proyectar fotografías animadas.    
               Gosart: Cronofotógrafo.
               Skladanowski: Proyecciones animadas.
1895.    Hermanos Lumière: Cinematógrafo.