Hace 50 años / Pink Floyd - The Piper At The Gates Of Dawn (1967)

lunes, 10 de junio de 2013

IN MEMORIAM ELÍAS QUEREJETA


    El cine español de los últimos cincuenta años no se entendería si dejásemos a un lado la figura del productor Elías Querejeta. Vasco de Hernani, jugador de la Real Sociedad en su juventud -es famosa la historia de su gol al Real Madrid y la felicitación de Di Stefano: pibe, qué gol-, Elías representa la dignificación y la mayoría de edad del cine de este país desde los primeros años sesenta. Trabajó con muchos de los grandes directores hispanos: Carlos Saura (La caza, Ana y los lobos, Cría cuervos) Jaime Chávarri (El desencanto), Víctor Erice (El espíritu de la colmena, El Sur), Montxo Armendáriz (Tasio, Las cartas de Alou), Manuel Gutiérrez Aragón (Habla mudita, Feroz), Ricardo Franco (Pascual Duarte), Fernando León de Aranoa (Los lunes al sol)... No sólo poniendo la pasta, sino implicándose de lleno en el trabajo -guiones incluídos, muchas veces-, por lo que podemos hablar con toda propiedad de "películas de Elías Querejeta".
    Acaba de fallecer en Madrid a los 78 años. Sirva este post como pequeño homenaje al más grande productor cinematográfico español.

Elías Querejeta y El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)

El chico de Hernani

    La primera vez que entré en la productora de Elías Querejeta no imaginaba lo que aquel paso, indeciso y temeroso, iba a suponer en mi vida. Nunca sabré dónde estaría ahora si no lo hubiera dado. Tal vez no habría dirigido
Tasio, ni ninguna otra de las películas que hicimos juntos. O quizá sí, pero serían diferentes. De eso estoy seguro. Porque trabajar con Elías suponía asumir una determinada forma de entender el cine. Y la vida. Imposible separarlas, decía.
    Me lo comentó una de las muchas tardes en que nos juntábamos para trabajar en el piso que tenía en la calle Pavía, en un gran salón presidido por un impresionante billar francés, que le servía de desahogo mientras charlábamos. “Hacer una película tiene que ser un acto de libertad, porque en cada película dejamos parte de nuestra vida”, afirmó mientras intentaba una carambola. Hablábamos mucho. Antes, durante y después de los rodajes. Era imposible no hacerlo con Elías. Le encantaba conversar y polemizar. Formaba parte de su temperamento. Lo mismo que su vasta cultura y su demoledora capacidad dialéctica. Pocas personas he conocido con su poder de convicción y su energía vital. Sin embargo, reía como un niño cuando hablaban del “sello Querejeta” o le preguntaban sobre su entendimiento de la producción cinematográfica. “Yo solo soy un chico de Hernani que intenta hacer bien su trabajo”, respondía con la picardía reflejada en sus ojos.
    Nunca sabré dónde estaría ahora si aquel día en que llegué a la productora de Elías no hubiera dado el paso que supuso el comienzo de una gran amistad personal y profesional. Como tampoco sabríamos qué sería del cine español en estos momentos sin su labor como productor. Yo me enriquecí compartiendo sus vivencias. Lo mismo que nuestro cine. Porque con sus aciertos y errores, sus películas son el legado más importante de una época cinematográfica. La suya, la mía, la de muchos. Sigamos haciendo bien nuestro trabajo, para que el chico de Hernani se sienta orgulloso de nuestro cine y de nuestro compromiso con la vida.  
MONTXO ARMENDÁRIZ