Chuck Berry - The Legend

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domingo, 22 de octubre de 2017

ALGUNOS SIGUEN CONFUNDIENDO INTENCIONADAMENTE LA REALIDAD CON SUS DELIRIOS PARA INTENTAR LIAR A LA GENTE. MIENTE, QUE ALGO QUEDA.


¿Por qué hacer caso a la realidad si vivimos estupendamente anestesiados con la posverdad?

Las mentiras deliberadas de Podemos

En un estudio reciente de psicología cognitiva, Briony Swire-Thompson (Western Australia University) planteó a dos millares de ciudadanos estadounidenses un par de afirmaciones sobre una creencia absurda: ‘Las vacunas provocan autismo’ y ‘Donald Trump afirma que las vacunas provocan autismo’. Los partidarios de Donald Trump asumían la afirmación con una convicción plena cuando llevaba el nombre de su ídolo político. Al hacerles comprender su inconsistencia, rectificaban, pero unas semanas después, tras volver a plantearles la cuestión, de nuevo creían ciegamente en las palabras de Trump. El estudio de Swire-Thompson documenta, como concluye Yudhijit Bhattacharjee en National Geographic, “la ineficacia de la información”. Y esto es lo que inquieta ante mentiras como la campaña de Podemos sobre el Procés. No que mientan con un descaro equivalente al de Trump sobre las vacunas, sino que hay cinco millones de almas dispuestos a creer aquello que enarbolen Iglesias y sus pretorianos.

Cuando ayer Echenique proclamó que “se ha suspendido la democracia”, descargaba la primera de las balas diseñadas ad hoc para el momento crítico del 155. Ese mantra atravesó las redes sociales como si fuera la tamborrada de Calanda. Sería inútil detenerse a razonar, como en el estudio de Swire-Thompson, que en una democracia suspendida Podemos no daría esas ruedas incendiarias, o que por la tarde no se habría convocado una manifestación de organizaciones lideradas por dos acusados de sedición, o que Puigdemont no tendría una comparecencia a su gusto en televisión, o no se respetarían escrupulosamente los plazos del 155 a riesgo de perder la iniciativa... Todo esto es sencillamente obvio. Podemos ha desplegado una batería de mentiras deliberadas, eslóganes de laboratorio perfectamente medidos, sin escrúpulos, para alcanzar sus objetivos. Irene Montero: “PP-PSOE-Cs usan la C78 para romper los puentes”. Ramón Espinar: “Rajoy quiere humillar a Cataluña”. Echenique: “Felipe VI ha reiterado que se posiciona políticamente con el PP”. Es inútil perder el tiempo. Ellos saben que mienten, y a los suyos les vale así.

Podemos ha encontrado, en el procés, el combustible para volver a hacer carburar sus planes cada vez más gripados. Tras la trayectoria excitante desde las elecciones europeas de 2014 a las generales de 2016 sin sorpasso, la perspectiva de alcanzar sus objetivos en las urnas ha continuado desfalleciendo. De ahí su apuesta en Cataluña. Tiene sentido: si tu objetivo pasa por desacreditar el Régimen del 78, el procés es una oportunidad de oro. El 155 efectivamente puede ser el final del statu quo de los consensos del 78. Por eso se han lanzado a proclamar ese mensaje. En Podemos no sólo especulan con un Govern junto a ERC, sobre todo han entendido las oportunidades en este río revuelto. Y el fin justifica los medios., como dicta el leninismo elemental. Ellos no ocultan su objetivo, y de ahí su contribución decidida al nacionalpopulismo. No son idiotas. Los estudios de Yeling Yang o de Nobuhito Abe ya mostraban el alto nivel de conectividad cerebral en los mentirosos. Esto es una estrategia calculada que va más allá de mantras sectarios.

En cualquier partido se miente, va de suyo. Todos. La mentira no tiene color político. De Podemos lo que sorprende en este caso es la escala y el pragmatismo frío. Han cruzado todas las líneas rojas, incluso hasta socavar el Estado de Derecho. “La unidad de España no se puede construir a golpe de porra” (Iglesias). “Estrategia autoritaria con la complicidad de PSOE y Cs” (Montero). Todo vale, incluso Espinar advirtiendo “muchísimo cuidado con quien pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país, nos han fusilado a los progresistas también”. Ayer trazaron un nuevo eje del mal: Bloque monárquico vs. España democrática. Este es el nuevo mantra. Apropiarse de la democracia frente a ese ‘bloque monárquico’ autoritario. En efecto, cualquier ciudadano sensato, con información básica y un mínimo desapasionamiento, debería refutar una campaña tan burda. Pero hay millones de almas que, como en aquel estudio de Swire-Thompson con Trump, van a creer a los líderes de Podemos sólo por ser sus líderes.
TEODORO LEÓN GROSS
El País, 22/10/2017

miércoles, 2 de agosto de 2017

COMULGAR CON RUEDAS DE MOLINO

Alberto Garzón, Coordinador de IU (Izquierda Unida), en un twit de esos, refiriéndose al simulacro de elecciones para la Asamblea Constituyente de Venezuela, el penúltimo acto de Nicolás Maduro para cargarse la democracia en su país, y de paso a sus paisanos:

A pesar de la violencia de la oposición, ocho millones de personas han votado paz y futuro para Venezuela.

Señor Garzón, ¿en que mundo vive usted? Pero si hace décadas que estamos en la "aldea global", y lo que ocurre hoy aquí se sabe -no digo mañana, sino al segundo, y se puede contrastar en tiempo real- en la parte más alejada del mundo. 
Ahora es más difícil seguir comiendo el coco a la gente, ¿verdad? ¡Ay, que contrariedad! Claro que también es verdad que tenemos a nuestra disposición para lo que usted quiera un nuevo invento de esta estúpida sociedad que sirve lo mismo para un roto que para un descosido: la "posverdad", loados sean los dioses. Le explico, apoyándome en la Wiki:

Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas -los hechos- son ignoradas.

¿Violencia de la oposición, señor Garzón?: alrededor de 120 muertos de abril a julio de 2017 por las protestas contra la política de Maduro; al menos 14 muertos durante las "elecciones" para la Constituyente. Realmente, no creo que la oposición se haya dedicado a matarse a sí misma.

"Ocho millones han votado paz" ¿Qué paz? ¿La de los muertos? ¿La de las cárceles?

Señor Garzón, como siga usted con esa visión paranoica y falsa de la realidad, les auguro a usted y a sus socios de Podemos (perdón, a sus patronos) una larga y penosa travesía del desierto... hacia ninguna parte. La gente ya no traga.

A Nicolás Maduro no le auguro nada, porque no hace falta ser augur para saber cómo acabará. Esa canción la hemos cantado muchas veces a lo largo de la historia.


Actualización (03/08/2017):

Nueva actualización (09/08/2017):

domingo, 17 de enero de 2016

CON USTEDES, EL GRAN CIRCO DE ESPAÑA

El otro día me acerqué al Gran Circo Mundial, que ha instalado su carpa en Madrid, y comprendí que la saturación política estaba empezando a afectarme. Allí estaban los trapecistas venidos desde Corea del Norte, pero cuando el anunciador presentó el nunca visto cuádruple salto mortal, yo creía ver a Pedro Sánchez tratando de ser presidente con 90 escaños y el apoyo de partidos que buscan que España se rompa la crisma. Salió un mago y me recordó a Pablo Iglesias, capaz de convertir a un leninista convencido en socialdemócrata en un abracadabra. Un malabarista lanzaba a izquierda y derecha sus diábolos, cual Albert Rivera, y pensé si no sería un mal presagio que se le cayera uno, quizá en un momento de indecisión. Salieron las fieras y me fijé en un león venido a menos que, como Mariano Rajoy, parecía resistirse a la idea de que sus mejores días habían terminado.

Si la democracia es el arte de "dirigir el circo desde la jaula de los monos", como decía Mencken, en España nos quedan meses de incertidumbre hasta saber quién dirigirá el que se ha montado tras las elecciones. Ha bastado una sesión parlamentaria para tener la certeza, al menos, de que no nos va a faltar el espectáculo. La predicción era que, una vez tuvieran los votos, los nuevos políticos sustituirían el plató de televisión por el Parlamento. Parece que será al revés. Lástima que el país no se lo pueda permitir, con lo divertido que podría ser todo. 

Ocurre que tenemos un 21% de paro, que la crisis nos ha dejado un país con desigualdades inaceptables, que la confianza de los empresarios se deteriora, que los inversores extranjeros están empezando a dejar de llamar, que nuestra economía se enfrenta a desafíos que podrían volver a tumbarla -el Ibex vive el peor arranque del año de su historia-, que el terrorismo islámico golpea ciudades de todo el mundo a su antojo, desde París a Yakarta, y que el Gobierno de Cataluña ha anunciado que piensa hacer todo lo posible por romper España, por citar algunos desafíos que nos esperan en los próximos meses. Pero sigamos hablando de la melena del nuevo diputado Rodríguez, como si nuestros intereses fueran a estar mejor "defendidos por un diputado con rastas que por uno con terno y gomina Patrico", que escribía el otro día Jorge Bustos. Como si la conciliación familiar fuera a mejorar llevando a tu bebé a un Parlamento que tiene guardería, privilegio que gustosamente habrían aprovechado miles de madres. O como si un puño en alto y cuatro lemas fáciles fueran a pagar nuestra deuda o mejorar la educación.

Aquí de lo que se trata es de aprovechar la mejor oportunidad que ha tenido España en mucho tiempo para que sus políticos se pongan de acuerdo y empujar una verdadera agenda de reformas que enderece el país para una generación. Se trata de priorizar el interés de los ciudadanos por encima de carreras políticas perfectamente reemplazables. Y se trata de hacer política en lugar de montar el show y buscar el aplauso de la militancia en las redes sociales

Lo del otro día fue la prueba de que Pablo Iglesias ya está en campaña -si es que alguna vez dejó de estarlo-, en previsión de unas nuevas elecciones en las que espera merendarse lo que queda del PSOE. Mientras, Pedro Sánchez, desde la plataforma del trapecio, se lo piensa. ¿Debería ir a por el cuádruple salto mortal, poniéndose en manos de un partido que quiere destruir al suyo y otros que buscan romper España? Un salto sin red. Todo o nada. Moncloa o INEM. Que Sánchez no parece tener vértigo lo demuestra su decisión de esta semana de prestar sus escaños a partidos separatistas en el Senado, un absurdo que, entre otras cosas, pone más fondos del Estado en manos de quienes lo quieren dilapidar. 

La alternativa razonable es ese pacto con Partido Popular y Ciudadanos en el que se incorporarían propuestas del programa socialista, se daría estabilidad al país y los populares serían empujados a llevar a cabo su regeneración pendiente. Puestos a elegir entre piruetas arriesgadas, al líder socialista le quedaría el consuelo de haber escogido lo mejor para España y haber impedido el cierre del circo.
DAVID JIMÉNEZ, El Mundo, 17/01/2016

El subrayado lo he puesto yo porque, modestamente, es lo que vengo diciendo desde hace días.

sábado, 12 de septiembre de 2015

RAUXA1

Contaba Juan Benet que en la mili tuvo un sargento vociferante que les daba lecciones de patriotismo. Haciéndose el lerdo, Benet le dijo que no entendía bien qué era eso. “¡Muy fácil! —rugió el sargento—. Imagina que te encuentras con un francés. ¿No te da rabia? Pues eso es patriotismo”. Tengo la sospecha de que éste es el tipo de patriotismo que manejan los nacionalistas en Cataluña, el de la rauxa ante ese tentetieso llamado “españolista” o “Madrit”, arrebato para el que luego buscan justificación en expolios inverosímiles y humillaciones prefabricadas. Dijo Montherlant que no deseamos a alguien por su belleza, sino que exigimos belleza para justificar nuestro deseo. Del mismo modo, los nacionalistas catalanes no detestan a España por los agravios sufridos, sino que la exigen agraviadora para justificar que la detesten.

Contra ese rechinar de dientes inducido, del que algunos esperan obtener dividendos políticos, poco pueden las dulzonas exhortaciones a que demostremos más cariño a los catalanes para compensar sus penas, como si fuesen esas desteñidas madonas que van a Sálvame para contar que buscaron amor y hallaron traición… cobrando por la confidencia. Desde Podemos, más libidinosos porque son modernos oficiales, predican que sólo la “seducción” será capaz de unir dentro del Estado a quienes quieren hacer rancho aparte. Rajoy debe apoyarse en el quicio de la mancebía y probar la caída de ojos, confiando en el atractivo hipster de su barba…

En semejante derroche sentimental de enfurruñamientos azuzados por domadores mediáticos y mimos por encargo de oportunistas azorados viene a quedar reducida la ciudadanía de un Estado de derecho en el siglo XXI. ¡Qué funesto camino! Como diría el sargento de Benet, cuando ves tanta majadería desfilar en carroza, ¿no te da rabia?
FERNANDO SAVATER, El País, 12/09/2015
1 Arrebato.