Chuck Berry - The Legend

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domingo, 11 de diciembre de 2016

RIMBOB

"El mercader de la muerte ha muerto" Un título de obituario en las páginas necrológicas de un diario francés dinamitó en 1888 la conciencia de Alfred Bernhard Nobel. Era un error, moriría ocho años más tarde. Nobel, que había labrado su fortuna amaestrando la nitroglicerina y con rentables bramidos de cañón, impresionado por el titular, reflexionó, desconcertado, sobre cómo quería que se le recordase en el futuro. Un año antes de su fallecimiento real, cambió por última vez su testamento y en él dejaba escrito definitivamente que su colosal fortuna se emplease en crear unos premios que distinguieran a "personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad" en los campos de la Química, la Física, la Medicina, la Literatura y la Paz

Robert Allen Zimmerman eligió como nombre artístico Bob Dylan en homenaje a Dylan Thomas, poeta y escritor de cuentos galés que, perfumado de bourbon Jack Daniel's, delirando amor, se tiró del mundo a las vías de un tren en New York, después de regalarle uno de sus poemarios a una joven que esperaba a su lado en el andén. Relámpago en una botella... Simbolismos... Rimbaud... "You're gonna make me lonesome when you go"... "Blood on the tracks"... Bob Dylan: "Es como si un fantasma me hubiera elegido a mí para escribir sus canciones". 

La poética ha dejado de ser un patrimonio exclusivo de escritores, a los augustos santones la propiedad de la etiqueta "literatura" se les escapa de entre los dedos, como escurridizos hilos de agua, por los que huye el monopolio de su coto cerrado en busca de artísticos nuevos meandros con seis afinadas cuerdas de alambre. Woody Guthrie, Robert Johnson, Hank Williams, Bob Dylan, Pete Seeger, Johnny Cash, Springsteen, Tom Waits... folk, gospel, blues, country, rock and roll... 

Cuántos mares debe surcar una blanca paloma, antes de dormir en la arena/ Cuántas veces deben volar las balas de cañón, antes de ser prohibidas para siempre. "Blowin in the wind": Pura lírica en re mayor lanzada al viento, contribuciones notables a la humanidad, salvas de poesía que los cañones de Alfred Bernhard Nobel siempre habían anhelado disparar, soplando una armónica.

P.S. Señor Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, ¿hay algo más frívolo que una portada de Hola?
JULIO REY, El Mundo, 11/12/2016

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Ayer se celebró en el Palacio de Conciertos de Estocolmo el acto de entrega de los Premios Nobel, entre ellos el de Literatura, al que como sabemos Bob Dylan no acudió. Pero sí envió un discurso, en el que entre otras cosas dice: ni una sola vez he tenido tiempo de preguntarme: '¿son mis canciones literatura?', agradeciendo a la Academia Sueca por tomarse el tiempo de considerar esa cuestión tan concreta y, en última instancia, por dar una respuesta tan maravillosa. En el discurso, Dylan se acuerda de William Shakespeare y de las cosas que pensaría al escribir y poner en pie una obra, no sólo desde el punto de vista de la escritura sino de detalles cotidianos: Apuesto a que la última cosa que Shakespeare tenía en mente era la pregunta de si esto es literatura.

Dylan estuvo representado por su amiga Patti Smith, que se atrevió a cantar A Hard Rain's A-Gonna Fall, pero... ay, se atrancó con la letra en la segunda estrofa y tuvo que pedir disculpas (lo siento, estoy muy nerviosa) y volver a empezar. Todos tenemos las letras de Dylan en la cabeza, pero ¿quién es capaz de recitarlas en su totalidad? Solamente el propio Dylan, que tiene una memoria prodigiosa. No importa, como decimos Patti Smith pidió disculpas, volvió a empezar y se ganó al público con una interpretación emocionante.

A Hard Rain's A-Gonna Fall - Patti Smith

sábado, 23 de abril de 2016

DON QUIJOTE Y HAMLET: ASÍ NO HAY QUIEN VIVA

Iba el señor Don Quijote llevando con mucha gallardía su desengrasado esqueleto de caballero antiguo y, al enfilar ya, nada más salir de Ventura de la Vega, el último tramo de la Carrera de San Jerónimo, a primera hora de la noche, cuando empieza a ser arduo distinguir a galgos de podencos y a Aldonzas de Dulcineas, casi da de bruces con un mozo de aire igual de antiguo e igual de noble, o más, pero de aspecto muy descolocado y desbarajustado, que algo masculló en un castellano seguramente recién aprendido y en exceso empapado de oscuridades luteranas.

- "Mire bien vuestra merced por dónde va, alma de cántaro, que podemos acabar los dos en parihuela y a merced de matasanos que nos tomarían, me temo, por material de desecho y a beneficio de inventario", le advirtió Don Quijote al otro, aunque sin perder la compostura y con cierto tono paternal.

- "Algo huele a podrido en Dinamarca", dijo el otro, sin venir mucho a cuento pero husmeando de pronto, y con visible ansiedad, el aire veleidoso de la primavera madrileña.

- "¿Perdone?".

El otro pareció desconcertado:

- "Esto sigue siendo Dinamarca, ¿verdad?".

- "Pues más bien no", dijo Don Quijote, "esto es el Foro. Pero no me diga más: es usted danés, o sea, hereje hasta las cachas, pero aún no debe de tener la conciencia demasiado extraviada ni la cabeza en extremo perdida si ha tenido el buen gusto de venirse a estas tierras a hacerse un Erasmus. Se lo pasará de miedo, pillín".

- "¿A hacerme un qué? Haga usted el favor de no sugerir obscenidades en mi presencia, señor. Yo soy Hamlet, príncipe de Dinamarca", y entonces el mozo se irguió un poco y a Don Quijote le quedó claro al instante que aquel guiri, ciertamente descarriado a saber a causa de qué desventurada ventolera, no era desde luego un mindundi.

Así que Don Quijote invitó a Hamlet, con hidalguía muy acogedora, a acompañarle en un paseo que consideró terapéutico para los desvaríos que sin duda afligían al encantador príncipe nórdico, y pasó en seguida a referirle que él, Don Quijote de la Mancha, hallábase de paso en Madrid porque en esos días, por aquel barrio que llaman de las Letras, se celebraban numerosos eventos municipales en memoria de aquel a quien él mismo le debía la inmortalidad, Miguel de Cervantes, que murió hacía nada más y nada menos que 400 años.

- "Uy, qué casualidad", dijo entonces Hamlet, "cuatrocientos años hace también que murió quien me dio la inmortalidad a mí, William Shakespeare. ¿Ha oído hablar de él? Un genio. Cierto que a mí me hizo enloquecer, aunque, para lo que hay que ver y que vivir, no sé si es preferible verlo y vivirlo loco o cuerdo".

- "¡No me digas que tú también estás loco!", Don Quijote se mostró encantado con la coincidencia. "Si te digo la verdad, Hamlet, puestos a ser inmortales más vale serlo estando un poco chavetas, que hay que ver los marrones que le van cayendo a uno encima un siglo sí y otro también".

Hamlet entonces se sinceró con Don Quijote y le contó todo lo que ya sabemos sobre su desgraciada vida, que hay que ver cómo se lució William Shakespeare con la criatura: lo de su padre y el fantasma de su padre, lo de su madre con su tío Claudio, lo de quien estaba llamado a ser su suegro, el bueno de Polonio, al que él mismo mató por equivocación, y, sobre todo, lo de Ofelia, su Ofelia, ahogada también por su culpa. Y lo de ser o no ser, que tiene castaña. Lo de ser o no ser es que no se le iba de la cabeza. Ofelia tampoco se le iba de la cabeza. Como no se le iba de las narices aquel olor a podrido.

- "¿Pero qué olor, Hamlet?", Don Quijote dio leves muestras de impaciencia. Pero entonces husmeó él también el aire embarullado de esta primavera española que se las trae, y tuvo que reconocer: "Pues sí, Hamlet, algo huele a podrido".

Don Quijote le dijo entonces a Hamlet que tenían que ponerse ya, los dos, al unísono, a deshacer entuertos. Que Miguel de Cervantes también a él le hizo loco, pero que su locura era positiva, proactiva, entretenidísima. Él sabía pelear contra gigantes, por desmesurados y putrefactos que fueran. Algo olía a podrido en el mundo entero. No solo en Dinamarca. No solo en Panamá. No solo en esos parajes misteriosos y escurridizos que llaman ahora paraísos fiscales. No solo en las almas de esos traficantes miserables de gente desdichada. No solo aquí. Por doquier. Algo había que hacer. Lo harían. Ya.

- "Porque seremos inmortales, Hamlet", concluyó Don Quijote, "pero así no se puede vivir".

Hamlet solo le pidió a Don Quijote un momento para ensimismarse. Se sentó en un banco de la plaza que hay frente al Congreso, se ensimismó y murmuró:

- "Ser o no ser".

- "¡Ser, coño, ser!", gritó Don Quijote.

Y Hamlet dijo: "Vale".
EDUARDO MENDICUTTI
El Mundo, 19/04/2016

jueves, 17 de marzo de 2016

'DEFENDER LA BELLEZA', O LA CURSILERÍA AL PODER


Cursilería y poder

Pablo Iglesias es un hombre obsesionado con el poder. Y un cursi. Una mezcla que le convierte en un político peculiar.

Ni Marx ni Lenin ni, por supuesto, Stalin se hubieran permitido el lujo de recurrir a florituras pequeño burguesas para justificar la dictadura del proletariado o las contradicciones que a veces surgen en la lucha de clases. "Ninguna formación cuenta hoy con el tesoro con el que cuenta Podemos: la ilusión por la belleza de lo que estamos construyendo", dice Iglesias en la carta que remitió a los círculos de la organización a las 6 de la tarde del pasado martes.

Karl Marx se revolvería en su tumba si pudiera leer párrafos como éste: "Si algo enseñó aquel barbudo genial (sin citarlo se refiere a Marx) es que si de las cuentas que uno hace en la pizarra brota la sangre, las ciencias deben ponerse a trabajar para cerrar esas heridas".

La carta Defender la belleza, enviada sólo cinco horas antes de que le cortara la cabeza al secretario de Organización, Sergio Pascual, es un retrato preciso y revelador de la personalidad de Iglesias.

Enterrada en una tediosa hojarasca (casi 7 folios) de sensiblería patética ("Nuestros adversarios no soportan nuestras sonrisas, nuestros besos... No soportan verme fundido en un abrazo con Juan Carlos Monedero"), se esconde su real concepción de la política, de la democracia y del partido.

Después de afirmar que las dimisiones de Madrid se produjeron "en el peor momento posible", Iglesias olvida los besos y abrazos para entrar en materia: "En Podemos no hay ni debería haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más".

Sin decirlo explícitamente, el líder de Podemos estaba preparando a sus bases para lo que sucedería a las 11.30 de la noche: la destitución de Pascual, echando mano de unos estatutos, ejemplo del más puro centralismo democrático, que le dan capacidad al secretario general de poner y quitar a los miembros de la ejecutiva del partido sin necesidad de votaciones.

La democracia, para el jefe de Podemos, no es útil si no sirve para lograr el objetivo importante: el poder.

Si alguien aún no lo ha entendido, este párrafo de su impagable epístola lo aclara: "Gramsci leía a Maquiavelo y reconocía la grandeza del florentino, sabía que el príncipe en el siglo XX no era tanto un gobernante como el partido, pero el partido nunca es un fin". En efecto, el partido es el medio para alcanzar el poder. Bajo la capa de la transversalidad se esconde una concepción leninista del partido. 

En las redes sociales ese ha sido el núcleo del debate. Desde los críticos a Iglesias: "Ni en dioses, reyes ni tribunos está el supremo salvador..."; "Cuando se desprecia el consenso y se instaura la imposición y los juegos de tronos ocurren esas cosas, querido Pablo"; "Todo el poder para el sumo pontífice". Hasta los que justifican a Iglesias: "Muy bien cesado el Pascual este"; "Me parece una decisión justa y necesaria"; "¿Qué más autocrítica quieres que haga? Lo cesa, luego reconoce que se equivocó al nombrarlo". (Todos los comentarios han sido extraídos de eldiario.es).

Errejón logró un éxito importante al forzar la salida de Monedero (que ahora recobra protagonismo). Sus tesis parecían triunfar antes del 20-D: Podemos dejaba de ser un movimiento asambleario, heredado del 15-M, para convertirse en partido.

El discurso de Iglesias en el debate de investidura no gustó al número dos de Podemos. Iglesias (que necesita a los anticapitalistas y por eso ha endurecido su mensaje) ha dado un golpe de mano para frenar la irresistible ascensión de Errejón. Eso es lo que hay detrás de la batalla de Madrid y de la destitución de Pascual. El secretario de Organización había propiciado la salida de los 10 miembros de la dirección madrileña para debilitar al secretario general, Luis Alegre, un hombre de Iglesias. La lucha por el poder en Podemos se zanja, de momento, con una derrota parcial de Errejón, pero que nos volverá a sorprender con nuevos y apasionantes episodios.
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO - El Mundo, 17/03/2016

jueves, 4 de febrero de 2016

VENDER LA SEDE

El país del 'qué hay de lo mío'

Un dirigente del PP me dijo hace algún tiempo que la sede del partido en Génova había quedado tan marcada por la corrupción que era partidario de "venderla y empezar de nuevo en otro lugar". Entre las paredes de las oficinas del partido que gobierna este país se han repartido sobres con sobresueldos, satisfecho mordidas de empresarios, pagado reformas con 'dinero negro' y destruido pruebas de presuntos delitos, según la investigación de jueces y periodistas. Y, aun así, la lista de fechorías supuestamente cometidas desde la sede madrileña parece una obra caritativa comparada con las actividades de su sucursal en Valencia, donde los 'populares' se han comportado como los dueños del Casino de Scorsese, sin que faltase el hombre que contaba el dinero.

Alfonso Rus era ese capo protagonizado por Robert De Niro que explica cómo en sus dominios hay tres formas de hacer las cosas: "Bien, mal y como yo las hago". 

El dinero de la trama destapada por la delegación valenciana de este periódico no se lavaba en las ruletas de Las Vegas, sino en negocios como esa peluquería a la que habían puesto el nombre de 'Qué hay de lo mío'. Nuestros corruptos no dan más de sí. Es precisamente esa falta de disimulo, el burdo exhibicionismo de sus 'pelotazos', lo que hace más negligente la pasividad con la que el Partido Popular permitió que la putrefacción se extendiera durante dos décadas en uno de sus grandes feudos. Pero claro: era en Valencia donde los líderes nacionales podían jugarse su futuro y no era cuestión de incordiar a los conseguidores de una comunidad donde, además, se ganaban elecciones sin despeinarse

La respuesta a cada escándalo ha sido siempre la misma. El otro partido roba igual o más. Son unas pocas manzanas podridas. Estamos siendo muy, pero que muy contundentes contra la corrupción. Ni una dimisión o asunción de responsabilidades. Ninguna disculpa a los ciudadanos, los militantes que trabajan honradamente o los votantes que han creído las promesas incumplidas de regeneración. Ninguna intención, por supuesto, de cambiar las estructuras gangrenadas. 

Sólo bajo ese sistema partitocrático y decadente puede haber llegado Rita Barberá hasta aquí asegurando que "en Valencia nunca se ha amañado un contrato", mientras sus colaboradores más estrechos pasaban la noche en el calabozo y la Guardia Civil daba credibilidad a los testigos que aseguran que la ex alcaldesa de Valencia estaba al tanto del lavado de dinero. Sólo alguien que sabe que cuenta con la protección del partido, tras haber sido convertida en senadora por la gracia del Qué hay de lo mío, puede mofarse así de sus ciudadanos y esperar que no pase nada. 

¿Cuántos escándalos hacen falta para que el Partido Popular reconozca que tiene un problema endémico de corrupción? ¿Cuántos imputados más hasta que lleve a cabo la regeneración que le pidieron sus votantes al retirarle la mayoría en las últimas elecciones? ¿Cuántos Alfonso Rus tienen que salir contando billetes en grabaciones policiales para que alguien dé un puñetazo en la mesa y diga basta? 

España necesita un Partido Popular con legitimidad moral para consensuar una coalición que defienda los principios constitucionales, la unidad de España y las reformas económicas y sociales que deben llevar el país adelante. Pero la gran coalición que defiende este periódico debe ir acompañada de la gran limpieza de la vida pública. Es lo que vuelve a pedir Albert Rivera en la entrevista que publicamos hoy y lo que Mariano Rajoy ha sido incapaz de ofrecer hasta ahora. 

Los españoles no tienen un gen que les predisponga a la corrupción más que los noruegos. Nuestro problema es precisamente lo que no tenemos: democracia interna en los partidos, un sistema transparente de supervisión de la vida pública, instituciones despolitizadas, un sistema educativo que penalice la cultura de la trampa -e instaure la del mérito- y, ya puesto a pedir, un electorado que haga a sus políticos responsables de los saqueos. Porque los casinos de Valencia o Andalucía, donde las oligarquías políticas de PP y PSOE montaron sus grandes sistemas clientelares, no habrían sobrevivido sin suficientes clientes dispuestos a seguir jugando a pesar de que sabían que las ruletas estaban amañadas.
DAVID JIMÉNEZ - El Mundo, 30/01/2016

domingo, 17 de enero de 2016

CON USTEDES, EL GRAN CIRCO DE ESPAÑA

El otro día me acerqué al Gran Circo Mundial, que ha instalado su carpa en Madrid, y comprendí que la saturación política estaba empezando a afectarme. Allí estaban los trapecistas venidos desde Corea del Norte, pero cuando el anunciador presentó el nunca visto cuádruple salto mortal, yo creía ver a Pedro Sánchez tratando de ser presidente con 90 escaños y el apoyo de partidos que buscan que España se rompa la crisma. Salió un mago y me recordó a Pablo Iglesias, capaz de convertir a un leninista convencido en socialdemócrata en un abracadabra. Un malabarista lanzaba a izquierda y derecha sus diábolos, cual Albert Rivera, y pensé si no sería un mal presagio que se le cayera uno, quizá en un momento de indecisión. Salieron las fieras y me fijé en un león venido a menos que, como Mariano Rajoy, parecía resistirse a la idea de que sus mejores días habían terminado.

Si la democracia es el arte de "dirigir el circo desde la jaula de los monos", como decía Mencken, en España nos quedan meses de incertidumbre hasta saber quién dirigirá el que se ha montado tras las elecciones. Ha bastado una sesión parlamentaria para tener la certeza, al menos, de que no nos va a faltar el espectáculo. La predicción era que, una vez tuvieran los votos, los nuevos políticos sustituirían el plató de televisión por el Parlamento. Parece que será al revés. Lástima que el país no se lo pueda permitir, con lo divertido que podría ser todo. 

Ocurre que tenemos un 21% de paro, que la crisis nos ha dejado un país con desigualdades inaceptables, que la confianza de los empresarios se deteriora, que los inversores extranjeros están empezando a dejar de llamar, que nuestra economía se enfrenta a desafíos que podrían volver a tumbarla -el Ibex vive el peor arranque del año de su historia-, que el terrorismo islámico golpea ciudades de todo el mundo a su antojo, desde París a Yakarta, y que el Gobierno de Cataluña ha anunciado que piensa hacer todo lo posible por romper España, por citar algunos desafíos que nos esperan en los próximos meses. Pero sigamos hablando de la melena del nuevo diputado Rodríguez, como si nuestros intereses fueran a estar mejor "defendidos por un diputado con rastas que por uno con terno y gomina Patrico", que escribía el otro día Jorge Bustos. Como si la conciliación familiar fuera a mejorar llevando a tu bebé a un Parlamento que tiene guardería, privilegio que gustosamente habrían aprovechado miles de madres. O como si un puño en alto y cuatro lemas fáciles fueran a pagar nuestra deuda o mejorar la educación.

Aquí de lo que se trata es de aprovechar la mejor oportunidad que ha tenido España en mucho tiempo para que sus políticos se pongan de acuerdo y empujar una verdadera agenda de reformas que enderece el país para una generación. Se trata de priorizar el interés de los ciudadanos por encima de carreras políticas perfectamente reemplazables. Y se trata de hacer política en lugar de montar el show y buscar el aplauso de la militancia en las redes sociales

Lo del otro día fue la prueba de que Pablo Iglesias ya está en campaña -si es que alguna vez dejó de estarlo-, en previsión de unas nuevas elecciones en las que espera merendarse lo que queda del PSOE. Mientras, Pedro Sánchez, desde la plataforma del trapecio, se lo piensa. ¿Debería ir a por el cuádruple salto mortal, poniéndose en manos de un partido que quiere destruir al suyo y otros que buscan romper España? Un salto sin red. Todo o nada. Moncloa o INEM. Que Sánchez no parece tener vértigo lo demuestra su decisión de esta semana de prestar sus escaños a partidos separatistas en el Senado, un absurdo que, entre otras cosas, pone más fondos del Estado en manos de quienes lo quieren dilapidar. 

La alternativa razonable es ese pacto con Partido Popular y Ciudadanos en el que se incorporarían propuestas del programa socialista, se daría estabilidad al país y los populares serían empujados a llevar a cabo su regeneración pendiente. Puestos a elegir entre piruetas arriesgadas, al líder socialista le quedaría el consuelo de haber escogido lo mejor para España y haber impedido el cierre del circo.
DAVID JIMÉNEZ, El Mundo, 17/01/2016

El subrayado lo he puesto yo porque, modestamente, es lo que vengo diciendo desde hace días.

jueves, 3 de septiembre de 2015

EL FRACASO DE OCCIDENTE

Cuando queramos despertar será demasiado tarde.

El pequeño Aylan Kurdi, de nacionalidad siria, hallado en la playa de Bodrum, en la costa turca del mar Egeo - Fotografía: Nilüfer Demir (Reuters)
("La Humanidad se estrella en la costa")

El niño de la playa
Lo normal a los tres años es verlos en la orilla con el bañador y no vestidos. Lo normal es verlos dando saltos y no tumbados de este modo: boca abajo y de lado, como escuchando el latido de la tierra. Si es que ésta tiene todavía corazón.

Lo normal a los tres años es que te hagas el muerto y no que lo seas, que sea divertido mojarte, que prefieras las olas grandes a las pequeñas, que le pidas al hermano mayor que te entierre vivo para que saques la cabeza y después, con el cuerpo embadurnado en arena, corras muy deprisa hacia el mar.

Lo normal a los tres años es que poses para una foto en un lugar como este que ven y que nadie tenga que pixelarte la cara.

La fotografía de Nilüfer Demir ya forma parte del álbum migratorio de la infamia: un niño varado en la playa como si fuera un ballenato en pantalones cortos. Si querían una imagen que de verdad nos salpicara como el ácido, si querían una imagen evocadora del horror, aquí tienen una: para algunos críos el estío no es una tumbona; es una tumba.

Gallego & Rey - El Mundo, 03/09/2015

Cinco niños. Refugiados sirios. Ahogados en aguas turcas. Tratando de alcanzar la isla griega de Kos. Y este colofón que por fin nos lo explica todo: la imagen salvaje de este caído de pala y cubo.

¿Cuántos niños sin nombre se ha tragado ya el océano? ¿Llevaban una camiseta azul o una verde cuando se ahogaron? ¿Hicieron alguna vez un castillo de arena?

Me acuerdo de la subsahariana Josephine, que estuvo una semana dándole sus propios orines a su hija Chioma en una patera, de camino a Canarias, hasta que al séptimo día no resucitó. Me acuerdo de los que viven sin boya. Y también me acuerdo de aquella otra imagen cotidiana... Creo que tengo una foto tuya con una composición parecida, sólo que posando a gatas mirando al mar de Conil. Sonriendo. Lo normal a los tres años.

No vas a entender la fotografía. Pero quiero que la mires y no olvides una cosa: ya te he dicho mil veces, hijo, que en las playas de verano puede hacer un frío hondo y oscuro.
PEDRO SIMÓN - El Mundo, 03/09/2015

Ricardo - El Mundo, 03/09/2015

Quiero que todo el mundo vea lo que nos ha ocurrido en el país al que vinimos a refugiarnos de la guerra. Queremos que el mundo nos preste atención para que puedan impedir que esto les ocurra a otros. Que ellos [sus hijos y su esposa] sean los últimos.
ABDULLAH KURDI

Palabras de Nilüfer Demir


Actualización (06/09/2015):
Algunas razones del éxodo

viernes, 23 de octubre de 2009

FELICIDADES...

... a El Mundo en su 20 cumpleaños.
Pese a quien pese, El Mundo es hoy por hoy el diario más plural de los que se publican en todo el territorio español.
Viñeta de Ricardo en El Mundo