Chuck Berry - The Legend

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viernes, 28 de junio de 2019

EL PODER A CUALQUIER PRECIO


En ello andamos en España últimamente, y me temo que tendremos para rato.
No sé si en todas partes cuecen habas, pero aquí estamos empezando a hartarnos de tanta leguminosa de medio pelo.

Del desarreglo al colapso

En estos días, en estos años, y quizás en los que vienen, los españoles han confirmado que la política no es el arte de lo posible, sino el arte de elegir entre lo catastrófico y lo intolerable; incluso de esa manera, se llega, si no al colapso, sí al desbarajuste. Después de la pax bipartidista, la nación gira alrededor de cuatro partidos estatales y el doble de nacionalistas, que proponen un plan de desintegración y confirman que España sigue estando a medio hacer. La última democracia nos ha convertido en europeos de pleno derecho aunque la política sigue siendo sectaria y fanática, con pocas ideas y mucho marketing; más que temperamental, visceral. "El español -escribió Julio Camba- es poco amigo de pensar, pero si piensa no hay otros pensamiento más que el suyo".

El PSOE, republicano y radical, es hoy el de la nueva Restauración, el partido del orden que pide a los otros que se alejen de extremos y radicalidades, pero los otros temen que él pacte con el desorden del supremacismo. Juan Carlos Girauta dice que Pedro Sánchez es un político marcado por un terrible espíritu revanchista. "Su portavoz en el Senado nos llama perros. Su portavoz en el Congreso, fascistas". El viejo partido socialdemócrata ha sido rescatado de la insignificancia por un personaje extraño, con aquel carácter soberbio, terco, cruel de los corsos, que cuando llegaban al poder decían «promete todo y no cumplas nada». Pedro Sánchez es un tipo duro, tirando a borde, nada castizo a pesar de haber nacido en el Foro, deportista, galán de cumbres, que ha ganado las legislativas, las europeas, las autonómicas y las locales. A ver quién le tose. Y sin embargo le tosen, le están atrancando la investidura y él reconoce que la situación es complicada al faltarle siete u ocho diputados para completar su égida triunfal. Necesita los escaños de Podemos para formar una mayoría, pero menosprecia a los podemitas, les niega sentarse a la izquierda de Dios, y exige la abstención de Ciudadanos o el PP. Según los dirigentes de esa izquierda, lo patético no es que siga presionando a Albert Rivera para que Podemos no entre en el Gobierno y le amenace con las siglas de Errejón si hay nuevas elecciones, lo patético es que con su soberbia desbocada, olvide que está en Moncloa por la moción de censura organizada por Pablo Iglesias, y por las medidas populares que se adoptaron en la campaña electoral desde Moncloa. Pero Pedro Sánchez ya ha aprendido que los políticos no deben preocuparse de tener fama de duros ante la dureza de una situación. Deben de preocuparse de ocupar el poder.
RAÚL DEL POZO
El Mundo, 27/6/2019

domingo, 10 de febrero de 2019

CÓMO CONVERTIRSE EN FASCISTA DE LA NOCHE A LA MAÑANA Y SIN COMERLO NI BEBERLO...


...en este país de desgobierno pedrosanchista, o de gobierno "okupa" y surrealista, lo pueden llamar como quieran.

David Gistau nos lo explica perfectamente:


Cursillo urgente para obtener el carné de fascista

Usted puede ser un asesino. Sí, sí, usted de quien nada sospecha el camarero de la cafetería que acaba de proporcionarle aceite para agregar a la barrita. Por cierto, no me deje un cerco con la taza en la página, no cuando aún queda día de lectura. De todos modos, mañana envolveré el pescado, ya conoce el cliché. En realidad, no es exactamente un asesino lo que usted puede ser. Lo he interpelado así, como en la obra de Alfonso Paso, como en la adaptación del gigante Alberto Closas, para obtener su atención y advertirle: lo que usted puede ser es un fascista. Sin saberlo, sin haberlo sabido nunca. 

Además, puede usted estar rodeado en este preciso instante de fascistas que tampoco saben que lo son. No se asuste. Mantenga la calma. Levante discretamente la mirada del periódico o de la pantalla y observe a su alrededor. Esto es como en La invasión de los ultracuerpos, no puede discernir cuál de las personas aparentemente normales que desayunan cerca de usted ya ha sido poseída y está gobernada por un demonio fascista de los que obligan a los editorialistas orgánicos y a los profetas curativos de Podemos a salir a la calle con un maletín de exorcista, como el del padre Karras. 

Tal vez esté usted desayunando en una cafetería madrileña cercana a la plaza de Colón. En ese caso, es mi obligación decirle que las posibilidades de que se haya metido en una infestación facha se multiplican alarmantemente. Hay un modo de averiguar quién ha sido ya sometido a contagio. Los editorialistas orgánicos han trazado alrededor de la plaza de Colón un perímetro, como el que demarca Madrid Central, dentro del cual, a partir de mediodía, sólo habrá fascistas. Súcubos de condiciones anatómicas distintas porque existe una maquinita que demuestra que ocupan más espacio dentro de un metro cuadrado que los edénicos seres de la infalibilidad moral.

Sométase usted a prueba, camine hacia esa línea. Ignore los avisos apocalípticos de los predicadores que le exigirán arrepentimiento bajo pena de condenación eterna. No se extrañe si algún fotógrafo le apunta con la cámara cuando se lleve una mano al bolsillo: le han encargado que encuentre una bandera culpable con la que armar una portada y usted podría haber estado a punto de desenfundarla. Una vez llegado a la línea, examínese. Si un impulso interior le conmina a cruzarla, usted es un fascista, usted es un error, y lo único que pueden hacer ya los doctores progresistas es clavarle una estaca e impedirle votar para que no se haga daño a usted mismo.

Poco importa que haya usted cruzado esa línea para constituirse en sociedad civil. Para participar en un tiempo escandalosamente abrasivo. Para erigirse en dique de contención contra los desmanes de los logreros, contra la rendición de las leyes y los principios, contra el secretismo y la mentira de los conspiradores y de un presidente precario y mendicante. Para evitar que el destino de España sea discutido y decidido en un ámbito extraparlamentario precisamente por aquéllos cuyo único anhelo es destruir España, tanto la nación en sí como su régimen. Poco importa que sea usted un votante habitual de la socialdemocracia que cree en el relato fundacional del 78 y que se ha sentido reclamado por la vieja guardia del PSOE, que ve cautivo al partido y amenazada la labor de construcción de una democracia europea en la que con tanto estímulo participó. Poco importa que a Colón lo haya arrastrado a usted una epifanía de vocación ciudadana que exige defender la conquista de tal condición.

Poco importa todo eso. Si cruza esa línea, usted es fascista, así será motejado, por ello será apalizado por las patotas retóricas de Sánchez y del independentismo. Pague usted el precio de ser fascista durante toda la semana próxima. Y hágalo con orgullo.
David Gistau 
El Mundo, 10-02-2019

miércoles, 16 de mayo de 2018

EL ESPERPENTO CONTINÚA Y VA EN AUMENTO


¿Hasta cuándo? Qui ho sap?
Quim Torra, vicario del inefable y "honorable" (para quien lo sea) exPresident de la Generalitat (huído y pendiente de ser extraditado de donde se encuentre), tomará posesión como nuevo President de su comunidad, después de haber sido elegido por un solo voto de diferencia. 
Resulta que al sujeto (no es un insulto, es una figura gramatical), que ya se había significado en las redes sociales por los insultos ignorantes, xenóbos y zafios dirigidos al resto de los españoles, no se le ha ocurrido mejor cosa, como primera medida de su supesto gobierno, que trasladarse inmediatamente a Berlín para dar cuenta a su "padrino" del desarrollo de los acontecimientos y recabar su visto bueno. 
Esto va siendo delirante.


Comentarios repugnantes

Los demócratas españoles tienen el deber de impedir que no se cumpla aquella maldición de Quevedo según la cual en tanto en Cataluña quede un solo catalán, tendremos enemigos y guerras. Pero hay que saber con quién nos estamos jugando el tipo.

Los análisis oportunistas llevan 40 años culpando a la derecha y al inexistente nacionalismo español de la crisis de Cataluña. Quizás ahora, algunos de los dogmáticos que concluyen que la derecha ha hecho cosas execrables, aceptarán que, en la cuestión nacional, derecha e izquierda estaban apoyando, por ignorancia o por vileza, la ascensión y el despliegue de un nacionalismo situado en la extrema derecha de Europa, un supremacismo similar al que expulsó de su territorio a la población que no era de su tribu o de sus creencias. A ver si ahora despiertan, como ha despertado el Partido Socialista Europeo que lamenta el nombramiento de Quim Torra: "Los comentarios racistas de Torra son completamente repugnantes y crean serias dudas sobre su adecuación al puesto". 

Otra vez, como siempre, el despedazamiento nacional; Europa, por ahora, mantiene su apoyo al Gobierno de España. La UE ha rechazado los comentario racistas del nuevo president y Jean-Claude Juncker defiende la postura del Estado español. Su portavoz, Margaritis Schinas, ha dicho que no han cambiado su posición de defensa de la unidad de España. "No voy a dignificarlo con un comentario", declaró al ser preguntado por las injurias de Torra contra los españoles. Pero que nadie espere que Europa nos saque de la crisis de Estado ni que los separatistas dejen de ser la viruela de la Monarquía.

Los secesionistas han olvidado su tradicional opción pactista y burguesa para proclamar la independencia. Algunos diarios de prestigio alertan sobre el peligro que afronta la democracia española. La rebelión de Cataluña sigue sin contar con un apoyo mayoritario, pero asistimos a un proceso degenerativo en el que la desinformación lo inunda todo desde un poder instintivo que apela a su Historia después de inventarla. "Cada época -escribe Ortega- se camufla según el matiz de los tiempos, como los grandes ríos toman el color del cielo o de las nubes que sobre ellos pasan a la deriva".

Los nacionalistas con sed de poder incurren en la ilegalidad y la deshonestidad más flagrantes, convencidos de estar en algo más grande que ellos mismos, con la certeza de que todo esta permitido por su bandera de conveniencia. Tenemos el 99,6% de los genes idénticos a los del chimpancé y su mismo instinto para marcar el territorio. Ese instinto gobierna a los nacionalistas igual que a los gatos.
RAÚL DEL POZO
El Mundo, 16/05/2018

lunes, 26 de marzo de 2018

LAS FALSEDADES DEL DISCURSO INDEPE


El falso diccionario del independentismo catalán

La detención del expresidente catalán Carles Puigdemont este domingo en Alemania ha impulsado una movilización ciudadana de protesta en varias ciudades de Cataluña contra su arresto bajo el lema Contra la repressió i cap a la República (Contra la represión y hacia la República). La consigna, encaminada a presentar a Puigdemont como víctima de un sistema déspota, es una más entre las palabras que emplea el diccionario del independentismo catalán para intentar disfrazar la acción de la justicia con un manto represor. Estos son algunos ejemplos:

No es represión, es aplicación de una euroorden

La detención de Carles Puigdemont no es un acto de represión de España contra el expresidente catalán. Ha sido arrestado en Alemania en aplicación de la euroorden de detención contra él cursada por la justicia española acusado de rebelión, sedición y malversación de fondos por la convocatoria del referéndum ilegal independentista de Cataluña del 1 de octubre y la posterior Declaración Unilateral de Independencia, el 27 de ese mismo mes.

No son presos políticos, son políticos presos

Carles Puigdemont se suma, según parte del soberanismo catalán, a la lista de “presos políticos” de la que considera que también forman parte los cinco líderes catalanes enviados a prisión el pasado viernes —la expresidenta del Parlament Carme Forcadell y los exconsejeros Jordi Turull, Raül Romeva, Josep Rull y Dolors Bassa— así como el exvicepresidente catalán Oriol Junqueras, el exconsejero de Interior Joaquim Forn y los presidentes de ANC y Òmnium (Jordi Sànchez y Jordi Cuixart). Pero Puigdemont, al igual que el resto, no ha sido arrestado por sus ideas políticas, sino porque está acusado de varios delitos, en su caso, de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

No se trata de una #PrimaveraCatalana sino que es una protesta contra la acción de la justicia

Tras la detención en Alemania de Puigdemont —y aprovechando la estación del año—, ha comenzado a popularizarse en Twitter el hashtag #PrimaveraCatalana en clara alusión a la Primavera árabe, los movimientos populares que se alzaron contra los regímenes dictatoriales gobernantes en buena parte del mundo árabe para reclamar democracia y derechos sociales entre 2010 y 2013. Las movilizaciones en varias ciudades catalanas este domingo pretenden protestar contra la detención de Puigdemont, que obedece a la aplicación de una euroorden por los motivos citados en los epígrafes anteriores.

No es exilio, es fuga

Marta Rovira, la líder de ERC, ha sido la última en sumarse a la lista de dirigentes independentistas catalanes huidos, que encabezaba Carles Puigdemont y de la que siguen formando parte los exconsejeros Meritxel Serret, Antoni Comín, Lluís Puig y Clara Ponsatí y la exportavoz de la CUP Anna Gabriel. Todos ellos se presentan como exiliados, personas que se han visto obligadas a huir de su país para evitar represiones por sus ideas políticas. Pero la justicia española no los ha procesado por defender políticamente la independencia de Cataluña, sino por impulsar mediante vías ilegales la secesión de esta comunidad autónoma.

No fue un proceso democrático, fue un referéndum ilegal

El alcalde de Premià de Mar (Barcelona) y presidente de la Asociación Catalana de Municipios, Miquel Buch, ha instado a la Unión Europea a decantarse "por procesos modélicos, nacidos de la ciudadanía, democráticos, respetuosos y pacíficos como el catalán" u optar "por otras vías". Carles Puigdemont no ha sido arrestado por dirigir un movimiento cívico, sino por ser uno de los líderes de la convocatoria y celebración del referéndum ilegal del 1-O y por declarar unilateralmente la independencia.

La UE no es responsable, la responsable es España

Desde los meses anteriores a la celebración del referéndum del 1-O, el independentismo ha tratado de convertir la secesión de Cataluña en un asunto europeo. Este domingo, el diputado de Junts per Catalunya Quim Torra ha afirmado en Twitter, sobre el arresto de Puigdemont: “Es la Unión Europea quien tiene la responsabilidad”. Todas las instituciones europeas han asegurado en varias ocasiones que el pulso independentista catalán es un asunto interno de España.
PATRICIA R. BLANCO, El País 26-03-2018

viernes, 10 de noviembre de 2017

UNA DUI CON FRENO Y MARCHA ATRÁS


Carme Forcadell, presidenta del Parlament de Catalunya -investigada por delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos- fue interrogada ayer por el Tribunal Supremo, junto a otros cinco integrantes de la Mesa del Parlament.
Forcadell -una de las muñidoras y ferviente defensora de la DUI (Declaración Unilateral de Independencia)- se echó atrás y depuso ante el juez que la declaración de independencia no tenía ningún efecto práctico y que en realidad era una cosa simbólica. ¡Ah, vaya, acabáramos! O sea que todo era una broma. Pues avisen, hombre. ¿Se lo han pasado bien? Me alegro, pero ahora nos tendrán que explicar cómo piensan arreglar el desaguisado. No, mejor no expliquen nada, córtense, ya lo arreglaremos entre todos como podamos.
Forcadell ha asegurado al juez que acepta el 155 y que, a partir de ahora, acatará la Constitución y la ley (la cárcel asusta, ¿eh?). En las redes sociales dice cosas bastante diferentes. 
El juez le ha impuesto la prohibición de abandonar el país (el país es España, por si a alguien le queda alguna duda), la obligación de comparecer semanalmente ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y ante el Tribunal Supremo siempre que sea llamada, además de retirarle el pasaporte.

Mientras tanto, el señor Puigdemont (el que se piró) sigue dando la vara por Europa con discursos cada vez más desquiciados. Este muchacho acabará en el psiquiatra, si no al tiempo.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

DE CÓMO A LA REALIDAD SE LE PUEDE DAR LA VUELTA COMO A UN CALCETÍN


En este caso, sudado y maloliente.

Declaraciones del señor Puigfelón... Puigmamón... Puigmelón... (lo siento, no me sale, como se llame), estos días en Bruselas:

• En ningún momento hemos eludido ninguna responsabilidad. [¡Jooder!]

• Tenemos un objetivo de cara al 21 de diciembre: ante esta emergencia nacional es urgente hacer un núcleo democrático que desenmascare el bloque del 155. Si no, no podemos avanzar los que estamos por la defensa de Cataluña y las instituciones. [Lo tienen claro]

• Puede ocurrir que sea un presidente de la Generalitat preso. Hoy la dignidad ya está entre rejas o en Bélgica, donde estamos defendiendo la dignidad. [Claro, por eso no les hacen ni caso y están deseando que "se abran" de allí]

• Todos sabemos que podemos acabar en la cárcel. [No lo dude, amigo, es lo que suele ocurrir cuando se incumplen flagrantemente las leyes]

Puigdemont después de que le negasen perpetrar un mítin en las instituciones europeas:
• ¿Cómo está Europa tan pendiente de Polonia y Hungría y no le pregunta al Estado español si respetará los resultados del 21 de diciembre? [¿Los respetarán ustedes? Porque si no es así, ya saben lo que les espera]

• ¿Cuánto tiempo vas a seguir mirando hacia otro lado, Europa? Evitando mirar a este golpe de Estado, al maltrato de nuestros colegas encarcelados, que son cargos electos. [¿Golpe de Estado?, ¡quién fue a llamar puta a la Zapatones! Amigo Puig... usted, el artículo 155 está para aplicarlo en casos como éste, figura en la Constitución y lo votaron ustedes también]

• Señor Juncker, señor Antonio Tajani, ¿Es esta la Europa que nos invitáis a construir? ¿Una Europa con un Gobierno encarcelado? [Un gobierno que ha incumplido todas las leyes del Estado, de su propia Comunidad, una por una, y hasta los reglamentos de su propia cámara de representantes, dígalo todo]

Reto a Bruselas:
• ¿Aceptarán o no los resultados de los catalanes, si deciden apoyar al Parlamento y la elección de la independencia? Los ciudadanos tienen el derecho a saber si su elección libre va a ser respetada. [No se me vaya por las ramas, si siguen empecinados en declarar unilateralmente la independencia les volverá a caer el 155]

• Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea:
No veo que el Estado de derecho esté siendo violado por las autoridades españolas. Creo más bien que los que no respetan el orden constitucional español están violando la ley.

Por mi parte, no añadiré nada más.

miércoles, 25 de octubre de 2017

ENS DEUEN UNA EXPLICACIÓ


Com més aviat millor. No maregem més la perdiu.

Ens deuen una explicació

Les coses comencen a posar-se al seu lloc a Catalunya. Però no cadascú és al seu lloc. Alguns ens deuen una explicació.

Quan dic que les coses comencen a posar-se al seu lloc no pretenc insinuar que la crisi catalana està en vies de solució. Malauradament, la convivència civil i el progrés social i econòmic estan seriosament afectats, trigaran a recuperar-se. El dany és considerable i les ferides sempre cicatritzen lentament.

L'aplicació del famós article 155 de la Constitució segur que generarà tensions i insubmissions. Tot això encara està per veure i probablement les emboscades als col·legis del l d'octubre es repetiran en contextos molt diferents. Puigdemont acatarà la seva destitució? Abandonarà mansament el seu despatx del Palau de la Generalitat? Com rebran alguns funcionaris els seus nous superiors jeràrquics? Sens dubte, hi haurà de tot. Alguns estan desitjant que arribin, d'altres dubten sobre quin paper han d'adoptar, uns tercers els veuen com a objectius que cal combatre.

Aquests nous superiors hauran d'utilitzar molt de tacte i mà esquerra, limitar-se a assegurar que les lleis es compleixin i no excedir-se en l'objectiu per al qual han estat designats: restablir l'ordre constitucional i garantir que l'Administració pública ha de servir “amb objectivitat els interessos generals” i actuar “amb submissió plena a la llei i al dret”, tal com prescriu l'article 103.1 de la nostra Constitució. Després d'aquests anys d'arbitrarietat polititzada, de desprestigi oficial de la Constitució i de les lleis, dels jutges i les seves sentències, tornar al funcionament regular de les institucions no serà una tasca fàcil ni còmoda.

No obstant això, insisteixo en la primera idea: les coses comencen a posar-se al seu lloc. A què em refereixo? Al fet que algunes mentides, postveritats (o puigveritats, segons l'acudit de moda) comencen a revelar la seva absoluta falsedat. Alguns, molts, de fet, ja argumentàvem contra aquestes falses idees i fets, però després en sortien d'altres que, impertèrrits, les afirmaven com a certes amb una seguretat sorprenent: tant polítics, com experts (sic), periodistes, columnistes o tertulians. Bombardejaven diàriament els seus lectors i audiències amb enganys a l'estil goebbelsià i, com que aquest sistema de propaganda no falla, el bon home del carrer, és a dir, una immensa multitud que confia que allò que diu la majoria és la veritat, els feia cas i s'ho creia.

L'economia catalana havia d'experimentar una excitació impressionant amb la independència. Ara sabem que les empreses fugen, les inversions es retreuen i l'horitzó és molt pitjor que abans. Tot això sense independència, només per por de la seva mera possibilitat. També deien, sense despentinar-se, que Catalunya té dret a l'autodeterminació, a decidir el seu futur com a Estat separat d'Espanya. Fins i tot la llei de referèndum, aprovada tan irregularment el 6 de setembre, com qui diu fa quatre dies, té com a objectiu regular el dret d'autodeterminació de Catalunya. Autoritats incontestables de la comunitat internacional han respost recentment que Catalunya no reunia, ni de bon tros, les condicions per ser subjecte del dret a l'autodeterminació. També certs espavilats sostenien que un nou Estat català es quedaria a la Unió Europea. A Oviedo ho van desmentir divendres Juncker, Tajani i Tusk, els tres actuals caps visibles de la UE, durant el solemne acte del lliurament dels premis Princesa d'Astúries.

En realitat, no calia fer aquestes declaracions per desmentir-ho, ja que en els últims anys se n'havien fet moltes altres, qualsevol que sabés una mica d'economia i dret sabia perfectament que els defensors de l'independentisme mentien, mentien sense parar, demostraven amb enganys la seva deshonestedat intel·lectual. Em refereixo sobretot als considerats experts, als professors d'economia, de dret públic, de ciència política, de relacions internacionals. I si alguns mentien, molts altres callaven, s'escapolien i amagaven el cap sota l'ala, mentre conservaven càrrecs públics molt ben remunerats o aspiraven a exercir-los.

Doncs bé, tots aquests personatges tenen nom i cognoms, podríem fer-ne la llista. Són, per acció o omissió, els autors intel·lectuals d'una aventura perillosa i inútil que ha portat Catalunya a un atzucac, ha deteriorat la convivència civil entre catalans i amb la resta d'espanyols, ha perjudicat el progrés econòmic i social, ens ha fet fer el ridícul davant del món i ha compromès el nostre futur. No se'ls ha de perdonar, tanta irresponsabilitat no els ha de sortir gratis, com a mínim ens deuen una explicació. 
El País, edición Cataluña, 25/10/2017

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Nos deben una explicación

Las cosas comienzan a ponerse en su sitio en Cataluña. Pero no todos están en su sitio. Algunos nos deben una explicación. 

Cuando digo que las cosas comienzan a ponerse en su sitio no pretendo insinuar que la crisis catalana está en vías de solución. Desgraciadamente, la convivencia civil y el progreso social y económico están seriamente afectados, tardarán en recuperarse. El daño es considerable y las heridas siempre cicatrizan lentamente.

La aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución seguro que generará tensiones e insumisiones. Esto todavía está por ver y probablemente las emboscadas a los colegios del 1 de octubre se repetirán en contextos muy diferentes. ¿Acatará Puigdemont su destitución? ¿Abandonará mansamente su despacho del Palau de la Generalitat? ¿Cómo recibirán algunos funcionarios a sus superiores jerárquicos? Sin duda, habrá de todo. Algunos están deseando que lleguen, otros dudan del papel a adoptar, unos terceros los ven como objetivos a combatir.

Estos nuevos superiores habrán de utilizar mucho tacto y mano izquierda, limitarse a asegurar que las leyes se cumplan y no excederse en el objetivo para el que han sido designados: restablecer el orden constitucional y garantizar que la Administración pública debe servir "con objetividad a los intereses generales" y actuar "con sumisión plena a la ley y al derecho", tal como prescribe el artículo 103.1 de nuestra Constitución. Después de estos años de arbitrariedad politizada, de desprestigio oficial de la Constitución y de las leyes, de los jueces y sus sentencias, volver al funcionamiento regular de las instituciones no será una tarea fácil ni cómoda.

Ello no obstante, insisto en la primera idea: las cosas comienzan a ponerse en su sitio. ¿A qué me refiero? Al hecho de que algunas mentiras, posverdades (o 'puigveritats', según el dicho de moda) comiencen a revelar su absoluta falsedad. Algunos, muchos, de hecho, ya argumentábamos contra estas falsas ideas y hechos, pero luego venían otros que, impertérritos, las afirmaban como ciertas con una seguridad sorprendente: tanto políticos, como expertos (sic), periodistas, columnistas o tertulianos, bombardeaban diariamente a sus lectores y audiencias con engaños al estilo goebbelsiano y, puesto que este sistema de propaganda no falla, el buen hombre de la calle, es decir, una inmensa multitud que confía en que lo que dice la mayoría es la verdad, les hacía caso y se lo creía. 

La economía catalana iba a experimentar una excitación impresionante con la independencia. Ahora sabemos que las empresas huyen, las inversiones se retraen y el horizonte es mucho peor que antes. Todo esto sin independencia, sólo por miedo a su mera posibilidad. También decían, sin despeinarse, que Cataluña tiene derecho a la autodeterminación, a decidir su futuro como un Estado separado de España. Incluso la ley de referéndum, aprobada tan irregularmente el 6 de setiembre, como quien dice hace cuatro días, tiene como objetivo regular el derecho de autodeterminación de Cataluña. Autoridades incontestables de la comunidad internacional han respondido recientemente que Cataluña no reunía, ni mucho menos, las condiciones para ser sujeto del derecho a la autodeterminación. También ciertos espabilados sostenían que un nuevo estado catalán se quedaría en la Unión Europea. En Oviedo lo desmintieron el viernes Juncker, Tajani y Tusk, los tres actuales cabezas visibles de la UE, durante el solemne acto de la entrega de los premios Princesa de Asturias.

En realidad, no hacían falta estas declaraciones para desmentirlo, ya que en los últimos años se habían hecho muchas otras, cualquiera que supiese un poco de economía y de derecho sabía perfectamente que los defensores del independentismo mentían, mentían sin parar, demostraban con engaños su deshonestidad intelectual. Me refiero sobre todo a los considerados expertos, a los profesores de economía, de derecho público, de ciencia política, de relaciones internacionales. Y si algunos mentían, muchos otros callaban, se escabullían y escondían la cabeza bajo el ala, mientras conservaban cargos públicos muy bien remunerados o aspiraban a ejercerlos.

Pues bien, todos estos personajes tienen nombre y apellidos, podríamos hacer la lista. Son, por acción u omisión, los autores intelectuales de una aventura peligrosa e inútil que ha llevado a Cataluña a un callejón, ha deteriorado la convivencia civil entre catalanes y con el resto de los españoles, ha perjudicado el progreso económico y social, nos ha obligado a hacer el ridículo ante el mundo y ha comprometido nuestro futuro. No se les debe perdonar, tanta irresponsabilidad no les ha de salir gratis, al menos nos deben una explicación.
Traducción de Joan Ningú

domingo, 22 de octubre de 2017

ALGUNOS SIGUEN CONFUNDIENDO INTENCIONADAMENTE LA REALIDAD CON SUS DELIRIOS PARA INTENTAR LIAR A LA GENTE. MIENTE, QUE ALGO QUEDA.


¿Por qué hacer caso a la realidad si vivimos estupendamente anestesiados con la posverdad?

Las mentiras deliberadas de Podemos

En un estudio reciente de psicología cognitiva, Briony Swire-Thompson (Western Australia University) planteó a dos millares de ciudadanos estadounidenses un par de afirmaciones sobre una creencia absurda: ‘Las vacunas provocan autismo’ y ‘Donald Trump afirma que las vacunas provocan autismo’. Los partidarios de Donald Trump asumían la afirmación con una convicción plena cuando llevaba el nombre de su ídolo político. Al hacerles comprender su inconsistencia, rectificaban, pero unas semanas después, tras volver a plantearles la cuestión, de nuevo creían ciegamente en las palabras de Trump. El estudio de Swire-Thompson documenta, como concluye Yudhijit Bhattacharjee en National Geographic, “la ineficacia de la información”. Y esto es lo que inquieta ante mentiras como la campaña de Podemos sobre el Procés. No que mientan con un descaro equivalente al de Trump sobre las vacunas, sino que hay cinco millones de almas dispuestos a creer aquello que enarbolen Iglesias y sus pretorianos.

Cuando ayer Echenique proclamó que “se ha suspendido la democracia”, descargaba la primera de las balas diseñadas ad hoc para el momento crítico del 155. Ese mantra atravesó las redes sociales como si fuera la tamborrada de Calanda. Sería inútil detenerse a razonar, como en el estudio de Swire-Thompson, que en una democracia suspendida Podemos no daría esas ruedas incendiarias, o que por la tarde no se habría convocado una manifestación de organizaciones lideradas por dos acusados de sedición, o que Puigdemont no tendría una comparecencia a su gusto en televisión, o no se respetarían escrupulosamente los plazos del 155 a riesgo de perder la iniciativa... Todo esto es sencillamente obvio. Podemos ha desplegado una batería de mentiras deliberadas, eslóganes de laboratorio perfectamente medidos, sin escrúpulos, para alcanzar sus objetivos. Irene Montero: “PP-PSOE-Cs usan la C78 para romper los puentes”. Ramón Espinar: “Rajoy quiere humillar a Cataluña”. Echenique: “Felipe VI ha reiterado que se posiciona políticamente con el PP”. Es inútil perder el tiempo. Ellos saben que mienten, y a los suyos les vale así.

Podemos ha encontrado, en el procés, el combustible para volver a hacer carburar sus planes cada vez más gripados. Tras la trayectoria excitante desde las elecciones europeas de 2014 a las generales de 2016 sin sorpasso, la perspectiva de alcanzar sus objetivos en las urnas ha continuado desfalleciendo. De ahí su apuesta en Cataluña. Tiene sentido: si tu objetivo pasa por desacreditar el Régimen del 78, el procés es una oportunidad de oro. El 155 efectivamente puede ser el final del statu quo de los consensos del 78. Por eso se han lanzado a proclamar ese mensaje. En Podemos no sólo especulan con un Govern junto a ERC, sobre todo han entendido las oportunidades en este río revuelto. Y el fin justifica los medios., como dicta el leninismo elemental. Ellos no ocultan su objetivo, y de ahí su contribución decidida al nacionalpopulismo. No son idiotas. Los estudios de Yeling Yang o de Nobuhito Abe ya mostraban el alto nivel de conectividad cerebral en los mentirosos. Esto es una estrategia calculada que va más allá de mantras sectarios.

En cualquier partido se miente, va de suyo. Todos. La mentira no tiene color político. De Podemos lo que sorprende en este caso es la escala y el pragmatismo frío. Han cruzado todas las líneas rojas, incluso hasta socavar el Estado de Derecho. “La unidad de España no se puede construir a golpe de porra” (Iglesias). “Estrategia autoritaria con la complicidad de PSOE y Cs” (Montero). Todo vale, incluso Espinar advirtiendo “muchísimo cuidado con quien pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país, nos han fusilado a los progresistas también”. Ayer trazaron un nuevo eje del mal: Bloque monárquico vs. España democrática. Este es el nuevo mantra. Apropiarse de la democracia frente a ese ‘bloque monárquico’ autoritario. En efecto, cualquier ciudadano sensato, con información básica y un mínimo desapasionamiento, debería refutar una campaña tan burda. Pero hay millones de almas que, como en aquel estudio de Swire-Thompson con Trump, van a creer a los líderes de Podemos sólo por ser sus líderes.
TEODORO LEÓN GROSS
El País, 22/10/2017

jueves, 12 de octubre de 2017

LA MIRADA HUIDIZA DE UN PRESIDENT


El hombre que no sabe mirar

Carles Puigdemont es el hombre déjà vu. Lo ves, aunque sea tocando la guitarra, o en shorts, y también está de luto, del pelo a la punta de los pies. Lo ves como si siempre fuera el mismo hombre, hierático, pero contento. Lo ves y ya no quieres volver a verlo porque ya lo has visto. Cuando le susurra a Junqueras y se tapa la boca, por un instante oculta el rasgo principal de su cara, los labios finos y políglotas. La voz es redonda, pero las palabras le salen picudas como las ideas que despreciaba Ganivet. Por su lengua no hablan Espriu u otros poetas de la duda, sino la afirmación patriótica. El maestro Emilio Lledó, que enseñó en Barcelona, nos dice siempre: “Dentro de todo no hay un pequeño , y dentro de todo hay un pequeño no”. Esa metáfora no habita en el peinado ideológico de Carles Puigdemont.

Un déjà vu. Lo ves en ese territorio empequeñecido que es el atril donde un temeroso audaz como él expondrá sin remedio lo que ya sabes de su configuración como persona política: tratará de usarse tan a su favor que resulta grosero y banal como los egocéntricos. Luego utiliza ese instrumento de matar la dignidad del adversario negándole hasta el agua de la historia. Quiere destruir desde la razón absoluta y utiliza bastones como datos, y estos datos no son verdad, o no lo son enteramente. Lo peor de este hombre es que en el camino de la verdad a la mentira no se quedó en la posverdad, sino que reside ya cómodamente en el guiño: ustedes saben que lo que digo no va a ninguna parte, pero a ver si cuela.

Por ese camino Carles Puigdemont ha perdido la capacidad de mirar. Delante de él hay vacío, como si se dirigiera, sin orejeras, a un destino que tiene el abismo como final. En su discurso del "sí" y el "no" simultáneos solo miró una vez en concreto a Artur Mas (“que está por aquí”); luego se entretuvo con él, en el entreacto, como si los dos volvieran de una parranda de la que portaron calabazas. Este tipo de miradas huidizas es propio de personalidades que esconden más que ofrecen y revela, muy ladinamente, a alguien que está dispuesto a usar para el amigo la medicina que ya dispuso para destruir al enemigo.

Él tiene un fin y, como si él mismo fuera un tren, está dispuesto a seguir adelante como si la palabra fracaso se escribiera con la V de Victoria. Los suyos ya no lo reconocen: no sabe mirarlos. Les llevó al estrado varias versiones del cuadro de Magritte, Esto no es una pipa. Y les mostró, además, una versión de La cantante calva de Ionesco interpretada por Buster Keaton. Con tantas caras que tuvo, ahora ya puede decirse que lo más seguro que sabe de sí mismo es que se llama Carles Puigdemont y que es el autor de un modelo sin futuro, la Declaración Unilateral de lo Confuso.
JUAN CRUZ
El País, 12/10/2017

sábado, 7 de octubre de 2017

SEGUIMOS A VUELTAS CON LO NUESTRO...


... Y sin enterarnos demasiado. Esta vez le ha tocado el "marrón" (¿y cuándo no?) al bueno de Gerard Piqué, que la verdad es que le encanta meterse en todos los charcos que encuentra por el camino, aunque luego suele arregarlo con su sinceridad y su bonhomía.


Una patada de Piqué

A Gerard Piqué -campeón del mundo con España, cuya camisola ha vestido casi 100 veces- le insultan en los estadios y en los entrenamientos. De momento, el defensa catalán no ha dado un puntapié a nadie; si lo diera, se estremecería la piel de toro.

Así ocurrió con Yugoslavia cuando el futbolista Boban inició la desintegración del país (seis repúblicas, dos alfabetos, cuatro culturas, tres religiones). Se jugaba el partido entre el Dinamo y el Estrella Roja, con dos hinchadas patrióticas. Empezó la batalla de los fanáticos en las gradas y pasó al césped. Un policía pegó a un croata, Boban dio una patada al agente y así empezó la escabechina. 

Piqué no da patadas a los guardias, habla de diálogo, propone bandera blanca cuando el odio anida en los campos y hay una nada fantástica posibilidad de descomposición de España, cuyo ensayo general se jugó en la Primera República. El proceso es momentáneamente pacífico, aunque inquieta a los ciudadanos porque no ven una alternativa para evitar un triste desenlace. El Gobierno, hasta el momento, ha recurrido a los jueces y a los obispos. No digo que tenga que requerir un pelotón de soldados para restablecer la Constitución en Cataluña, pero la operación, se haga como se haga, no va a transcurrir como un parto sin dolor.

Los independentistas van a aprobar la DUI, la proclamación de la independencia. A partir de entonces, no ya una patada, un traspiés puede armar la de San Quintín e incendiar el país (cuando los bomberos han tomado partido). 

Se suceden los escraches, los insultos y las amenazas de muerte a políticos. Todos los incidentes son utilizados en una de las guerras de propaganda más sucias que he presenciado en mi vida. Se dispara con adjetivos desde ambas trincheras, se usan calificativos feroces. Creo, sin embargo, que las mentiras son más descaradas en el frente nacionalista. 

Ada Colau y Carmen Forcadell -que ha dado por veraces los bananeros resultados del referéndum- se quejan de que desde el Gobierno se les haya llamado nazis. Y no sólo los nacionalistas culpan de todos los males al Ejecutivo. Gentes de izquierdas e incluso de derechas se han dejado intoxicar por la propaganda de los dirigentes de la revuelta.

Siguen, estúpidamente, la táctica que empleó Dios -según Voltaire- con Adán y Eva y con Caín y Abel, castigando para toda la eternidad al genero humano por haberse comido una manzana y, poco después, perdonando un fratricidio. Ahora comparan una sedición con una carga policial. Qué listo eres, Maquiavelo, cuando dices: "Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres".
RAÚL DEL POZO
El Mundo, 7/10/2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

EL MOMENTO DE ACTUAR


Lean atentamente, por favor, lo que publicaba Alfonso Guerra -uno de los muñidores de la Constitución- en junio de este año y lo que ha dicho hoy mismo en la radio. Está claro que los "viejos rockeros" siguen muy vivos.


El momento de actuar

Hace unos pocos días participé en un acto organizado por la Asociación de exDiputados y exSenadores para recordar las primeras elecciones democráticas de junio de 1977. Se celebró en un salón del Congreso de los Diputados y al concluir un buen número de personas se acercó a felicitar a los oradores. Una señora me expresó la satisfacción que había sentido al escuchar mi discurso y sin preámbulos añadió "yo a usted le he odiado toda mi vida". Pues señora, que le aproveche, porque el odio alimenta a algunas personas, y destruye a otras muchas. Me expuso la razón de su odio. "Usted siente una gran inquina contra Cataluña". Le expliqué, con gran paciencia, que estaba en un gran error, que sentía admiración y simpatía por Cataluña, pero que tal vez ella se confundía con mi crítica a la actuación de algunos partidos nacionalistas. Saltó: "Yo soy nacionalista". Era de un partido que ya no está.

Nunca ha sido para mí tan evidente la labor de demolición de los valores democráticos ejecutada por los nacionalistas y por sus cómplices. Quedaba claro el efectivo desgaste de la convivencia de muchos catalanes tras una tenaz e inmisericorde política de hacer confundir la más elemental crítica a la actuación del nacionalismo con un ataque brutal a Cataluña y a sus habitantes.

La pregunta que puede plantear cualquier observador imparcial es ¿cómo han logrado que tantos catalanes acepten esa manipulación? La respuesta es, a la vez, clara, amplia y compleja. Es que el Gobierno de la Generalitat y las organizaciones que han propiciado y sostenido han puesto al servicio de esa mentira todos los medios, los recursos económicos y las energías de las entidades públicas y de algunas privadas. Hay que añadir que otros, que no son nacionalistas, han apoyado con su colaboración o su dejar hacer a la locura nacionalista. Han repetido durante años la infamia de "España nos roba", cuando los ladrones estaban en la casa nacionalista. El Gobierno de España y los partidos políticos han preferido no dar la batalla, y cuando no se da la batalla, esta se pierde.

Algunos pretenden que se podrían calmar las ansias secesionistas aceptando ese extraño ser artificial "España, nación de naciones". Solo una pregunta ¿de cuántas naciones? Nadie contesta.

Los nacionalistas lo resuelven con una solemne bobería: nación es cuando lo dicen los pobladores. Imaginemos que los cartageneros dijesen que son una nación, ¿pasan a serlo? Elijo este caso porque están ahora haciendo declaraciones para alcanzar el estatus de provincia.

Los nacionalistas, ¡un Gobierno!, repetidamente violan la legislación, desobedecen a los tribunales, desafían al Ejecutivo con preguntas como "¿qué van a emplear, la fuerza?". No, hay que emplear la ley.

Sibilinamente han dejado de hablar de separatismo o de soberanía, ahora ya solo hablan de defender la democracia, pero están dando un golpe de Estado. En contra lo que ellos proclaman, el único franquismo activo que queda en España lo representan los dirigentes nacionalistas, pero esto no lo dicen los otros partidos políticos, atemorizados ante la actitud de los nacionalistas, que no paran en barras a la hora de violar leyes y las reglas de convivencia. Repugna la aparición de carteles señalando personalmente a dirigentes de otros partidos como enemigos de Cataluña y pidiendo que se les trate como tales. Las patrullas nazis hacían lo mismo en la década de los años 30 del pasado siglo. Parece ser que un fiscal lo va a estudiar, sin embargo, no hay mucho que estudiar, la coacción y la amenaza están claras.

El punto cimero del acobardamiento ante la práctica insurreccional del nacionalismo se encuentra en el temor que les produce a muchos la aplicación de la Constitución. Hablo de los que argumentan de continuo la defensa de la Constitución, menos... del artículo 155. Sienten una verdadera aversión a su aplicación. Pues sepan los atemorizados que ese artículo fue favorablemente votado por los nacionalistas cuando se redactó la Constitución.

¿Qué dice el artículo 155 de la Constitución?

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Caben pocas dudas en el caso del primer supuesto. La Generalitat de Cataluña ha incumplido las obligaciones que han dictado los tribunales, incluido el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, y ha llegado a desobedecer las sentencias del Tribunal Constitucional.

En cuanto a que su actuación atente gravemente contra los intereses de España, basta considerar los contactos internacionales para lograr apoyos de Gobiernos e instituciones supranacionales para celebrar un referéndum ilegal, con la guinda del pastel: calificar a España de Estado autoritario. Resulta patético contemplar a ese grupo de políticos enredados en la tela de araña de la corrupción, buscando desesperadamente librarse de la Justicia española por un procedimiento insólito, desconectando a Cataluña de España para librarse de la prisión.

Con este panorama jurídico, político y constitucional, ¿por qué no se aplica el artículo 155? Fue redactado, y aprobado por todos, para el caso en que alguna comunidad autónoma incurriese en el incumplimiento de las obligaciones que imponen las leyes y la Constitución o actuase de forma que atente gravemente al interés general de España.

Es evidente que estos supuestos se dan en el caso de la Generalitat de Cataluña. No es fácil comprender por qué no se aplica la Constitución. Enseguida aparece la martingala del choque de trenes. Los nacionalistas y el Gobierno de España estarían empeñados en una confrontación, un choque de trenes, obcecados cada uno en sus posiciones. Pero esta es una metáfora falsa y engañosa. Solo hay un tren, desbocado, con pilotos alobados, en una carrera desesperada, y enfrente, un Gobierno paralizado, incapaz de utilizar los instrumentos democráticos que la Constitución pone a su disposición.

¿Existe alguna razón poderosa que justifique, al menos que explique, por qué no se pone en marcha la Constitución contra los excesos de los secesionistas? Si existe, el Gobierno debería exponerla, pues se hace cada día más difícil entender su parálisis ante la manifiesta rebeldía del nacionalismo catalán contra las leyes.

Ahora han llegado al descaro de los más ladinos delincuentes, todo lo hacen mediante órdenes verbales para que no quede en los escritos las pruebas del delito.

¿No ha llegado el momento de actuar?
ALFONSO GUERRA
Revista Tiempo, 21/06/2017


Alfonso Guerra, 04/10/2017

lunes, 2 de octubre de 2017

HOY COMO AYER


Hay locos que se creen Napoleón

Estos días Cataluña está infestada de símbolos y de resonancias históricas, que es una forma que tiene la política de degenerar cuando renuncia a dirigirse a la razón para apelar al sentimiento. El Gobierno de Carles Puigdemont quiso que Cataluña alcanzara su punto de ebullición patriótica en octubre. La tentación simbólica era poderosa. En octubre de 1934 Lluís Companys traicionó a la República y proclamó el Estado catalán; y en octubre de 1940 fue fusilado después de un consejo militar franquista. La forja de símbolos es una tarea bastante sencilla. Sólo hace falta un poco de voluntad y algo de desvergüenza, y de ambas hay de sobra en la factoría discursiva del nacionalismo. 

Hay locos que se creen Napoleón y los hay con delirios más modestos. Puigdemont se parece tanto a Companys como la España de hoy se parece a aquella de la que Cataluña se separó durante horas. La Historia jamás se repite, ni como farsa ni como tragedia, aunque puedan existir algunas semejanzas.

Hoy como ayer, burgueses y agitadores se confunden en la extravagante bacanal del bloque secesionista, que -hoy como ayer- divide sus esfuerzos entre la lucha anarcosindicalista y la patriótica. Hoy como ayer, una parte de la izquierda transige con las aspiraciones de los sediciosos por puro odio a las derechas, la CEDA de ayer y el PP de hoy. Hoy como ayer los nacionalistas traicionan el pacto constitucional al que se habían sumado a cambio de que se le concediera a Cataluña un autogobierno reconocido en un estatuto de autonomía. Y hoy como ayer la coartada del nacionalismo para atizar el fuego de la discordia es un recurso de inconstitucionalidad contra una de sus leyes.

A todos estos ecos de la Historia se le pueden oponer mil matices porque los paralelismos históricos siempre son tramposos. Pero se puede extraer alguna lección. Si en algo se parecen los actuales promotores de la secesión a Companys es en su capacidad para convertir un conflicto de competencias en una afrenta histórica de una gravedad tal que obliga a la separación. En 1934, el agravio fue la declaración de inconstitucionalidad por parte del Tribunal de Garantías de la Ley de Contratos de Cultivo. Sólo cuatro días después de que se dictase la sentencia de anulación, el Parlamento catalán desafiaba a la República con la aprobación de una nueva ley exactamente igual que la anterior en una sesión cargada de violencia y de intimidaciones a la oposición. Le sucedieron meses de tensión y, tras una huelga revolucionaria, el 6 de octubre Companys proclamó desde el balcón de la Generalitat «el Estado catalán de la República Federal Española». El golpe de Estado fue sofocado en tan sólo 10 horas por el general Domingo Batet al mando de unos centenares de hombres. Companys se sorprendió de que la muchedumbre que festejó la independencia con tanto entusiasmo se esfumara en cuanto llegó el momento de defenderla. 

Puigdemont ya tiene la tensión y la huelga. Sólo falta por saber si también tiene el coraje -o la inconsciencia- para enfrentarse a una condena por rebelión. Con la muchedumbre mejor que no cuente. Cuando el presidente de la Generalitat consiguió entrar en el centro de votación que, en la lógica teatral de este referéndum, le correspondía hizo una declaración muy reveladora ante los medios. Desplazó el foco. El argumentario ya no empleaba la fingida retórica electoral. Es difícil mantener la farsa cuando es el propio presidente el que tiene que cambiar de colegio electoral sobre la marcha. No habló de resultados o de participación sino de la represión violenta del Estado. El procés no termina aquí, sólo entra en una nueva fase y todo indica que, tras la huelga, Puigdemont jugará exactamente la misma carta que jugó Companys en 1934: el Govern ya no puede contener el ímpetu revolucionario del pueblo catalán y se impone una solución, es decir, una declaración unilateral de independencia.

Hay otra semejanza entre Puigdemont y el mártir del nacionalismo catalán. Un hilo histórico que une ambas épocas, tan lejanas. En marzo de 1936, Manuel Chaves Nogales viajó a Barcelona, recién restablecida la Generalitat e indultado Lluís Companys. El periodista sevillano, como tantos otros por entonces, lo consideraba un político insignificante. La figura de Companys fue exageradamente reivindicada por Vázquez Montalbán a principios de los 80 y definitivamente engrandecida por el martirologio nacionalista. Pero mientras vivió, muchos veían en él a un puigdemont, un presidente circunstancial y abrumado. Al terminar una de tantas manifestaciones desbordantes, Chaves Nogales anotó la opinión de un barcelonés: «A nuestro pueblo le entusiasman esas grandes paradas de la ciudadanía. Pero acaso entre una y otra, aunque sólo mediasen tres o cuatro meses, alguien tendría que preocuparse de rellenar el tiempo con una tarea que quizás no sea del todo superflua: la de gobernar, la de administrar, la de hacer por el pueblo algo más que ofrecerle ocasión y pretexto para estos deslumbrantes espectáculos». 

La opinión del propio Chaves Nogales la recoge Xavier Pericay en Cuatro historias de la República. «Reconozcamos que Cataluña tiene esa virtud imponderable: la de convertir a sus revolucionarios en puros símbolos, ya que no puede hacer de ellos perfectos estadistas». Hoy como ayer.
RAFA LATORRE
El Mundo, 2/10/2017

sábado, 30 de septiembre de 2017

ACUDAMOS A LOS CLÁSICOS


HINCHAR UN PERRO

La anécdota es bien conocida, al menos para aquellos que conservan el hábito de leer libros y lo han ejercitado con el más sustancioso de los escritos en castellano. La cuenta Cervantes en el prólogo a la segunda parte del Quijote, atribuyéndola a un loco que había en Sevilla, y que tuvo la ocurrencia de aplicarle a cuanto perro sorprendía desprevenido un canuto "en la parte en que soplándole, le ponía redondo como una pelota". Cuando lo tenía de esa manera, le daba dos palmaditas en la barriga y lo soltaba, diciendo a quienes le observaban: "¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?".

Crear un Estado, con todo lo que conlleva, desde el pacto entre quienes han de habitarlo (preferiblemente sin aborrecerse ni arrojarse a diario los trastos a la cabeza) hasta las reglas que ordenan en todos los aspectos la convivencia y las instituciones necesarias para hacerlas medianamente efectivas y aceptables, es una tarea para no tomarla a la ligera. Cuando se somete a escrutinio algún Estado de los que ya existen, resulta fácil subrayar sus defectos, señalar sus carencias y, a nada que quien lo enjuicia ande provisto de autoestima, creerse capaz de hacerlo mucho mejor que los que perpetraron la obra en cuestión.

La realidad, en cambio, es bien diferente. Para eso está la Historia, que nos atestigua las dificultades, ímprobas e incluso sangrientas, que comportaron el surgimiento y la consolidación de los no demasiados Estados soberanos (y reconocidos por el resto) que en el mundo son. Apenas un par de centenares, en un planeta en el que a esta fecha viven varios miles de millones de seres humanos que se comunican en varios miles de lenguas. En muchos casos, que el Estado haya llegado a existir es fruto del esfuerzo sostenido de muchas generaciones, con el impulso y la inspiración de una gavilla de hombres y mujeres rigurosamente excepcionales, que supieron elaborar, defender y cuajar una idea cuyo arraigo las circunstancias no suelen favorecer.

No, no es poco trabajo hinchar un perro, pero hay quien al ver uno, mirando por encima del hombro a quien lo hizo, se cree capaz de hacer otro sin despeinarse, incluso sin tener dotes para ello y sin tomarse la molestia de buscarse el canuto adecuado al objetivo que se está echando a la espalda. En estos días vemos empeñado en una proeza semejante a un abigarrado grupo de presuntos líderes, de aptitudes y liderazgo confusos y dudosos: en la televisión sale uno todo el tiempo como si fuera el primus inter pares, pero a las reuniones espinosas acude otro al que no le dejaron ocupar esa oficina, luego hay otros dos que mueven las masas, otras dos que las agitan y enardecen, y aun un sexto que se ocupa de la fontanería crucial del movimiento. 

Todos ellos juntos, y cada uno desde su apostadero, aspiran a hinchar el perro de un nuevo Estado de Europa por el camino más corto, a través de un pretendido referéndum, impracticable e increíble, en el que cada día que pasa serán necesarios menos participantes, en persona o por incomprobable comparecencia electrónica. Junten lo que junten, dada la excepcionalidad de su sagrado e irrenunciable proyecto, procederán y, alehop, mostrarán al mundo el perro felizmente convertido en globo.

Para la ratificación de su alarde parecen contar, sobre todo, con que haya en las calles muchedumbres incontrolables, que a voces o con pancartas o con lo que sea lancen la buena nueva. Y con que la principal fuerza que se les opone, ese Estado que ya existe y que tiene como deber amparar a todos los que en su misma tierra no piensan como ellos, ni se sienten convocados ni respetados por su forma de proceder, cometa en la respuesta el error que les permita exponerlo como ejemplo de tiranía.

Es un envite endiablado, porque no es poco trabajo hinchar un perro, pero cualquiera puede, si se pone, sacarle el aire.
El Mundo, 30/09/2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

CONTRA EL NACIONALISMO



Permítanme recordarles algunas frases de voces plenamente autorizadas que insertábamos hace casi tres años en "El Mito de La Taberna". Servían entonces y sirven ahora. Servirán siempre. Sobre todo ahora y aquí, donde va a producirse, si los dioses no lo remedian, el mayor despropósito de la democracia española.


El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad. 

Los nacionalistas no sólo no desaprueban los hechos atroces realizados por su bando, incluso tienen una capacidad increíble para ni siquiera oír hablar de ellos.

Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea.

El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que naciste ahí. 

La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.

Amo demasiado a mi país para ser nacionalista. 

Nuestra verdadera nacionalidad es la del género humano.

Daría la mitad de mi vida para que los nacionalistas pudieran defender sus tesis, pero la otra mitad la necesito para batallar para que los nacionalistas no consigan lo que pretenden.

domingo, 20 de agosto de 2017

SANGRE DERRAMADA


El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos. Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por "la causa", había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.

No es el caso, ciertamente, de quienes, como acaba de ocurrir en Cambrils y en las Ramblas de Barcelona, embisten en el volante de una camioneta contra indefensos transeúntes –niños, ancianos, mendigos, jóvenes, turistas, vecinos- tratando de arrollar, herir y mutilar al mayor número de personas. ¿Qué quieren conseguir, demostrar, con semejantes operaciones de salvajismo puro, de inaudita crueldad, como hacer estallar una bomba en un concierto, un café o una sala de baile? Las víctimas suelen ser, en la mayoría de los casos, gentes del común, muchas de ellas con afanes económicos, problemas familiares, tragedias, o jóvenes desocupados, angustiados por un porvenir incierto en este mundo en que conseguir un puesto de trabajo se ha convertido en un privilegio. ¿Se trata de demostrar el desprecio que les merece una cultura que, desde su punto de vista, está moralmente envilecida porque es obscena, sensual y corrompe a las mujeres otorgándoles los mismos derechos que a los hombres? Pero esto no tiene sentido, porque la verdad es que el podrido Occidente atrae como la miel a las moscas a millones de musulmanes que están dispuestos a morir ahogados con tal de introducirse en este supuesto infierno.

Tampoco parece muy convincente que los terroristas del Estado islámico o Al-Qaeda sean hombres desesperados por la marginación y la discriminación que padecen en las ciudades europeas. Lo cierto es que buen número de los terroristas han nacido en ellas y recibido allí su educación, y se han integrado más o menos en las sociedades en las que sus padres o abuelos eligieron vivir. Su frustración no puede ser peor que la de los millones de hombres y mujeres que todavía viven en la pobreza (algunos en la miseria) y no se dedican por ello a despanzurrar a sus prójimos.

La explicación está pura y simplemente en el fanatismo, aquella forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la historia. Es verdad que ninguna religión ni ideología extremista se ha librado de esa forma extrema de obcecación que hace creer a ciertas personas que tienen derecho a matar a sus semejantes para imponerles sus propias costumbres, creencias y convicciones.

El terrorismo islamista es hoy día el peor enemigo de la civilización. Está detrás de los peores crímenes de los últimos años en Europa, esos que se cometen a ciegas, sin blancos específicos, a bulto, en los que se trata de herir y matar no a personas concretas sino al mayor número de gentes anónimas, pues, para aquella obnubilada y perversa mentalidad, todos los que no son los míos –esa pequeña tribu en la que me siento seguro y solidario- son culpables y deben ser aniquilados.

Nunca van a ganar la guerra que han declarado, por supuesto. La misma ceguera mental que delatan en sus actos los condena a ser una minoría que poco a poco –como todos los terrorismos de la historia- irá siendo derrotada por la civilización con la que quieren acabar. Pero desde luego que pueden hacer mucho daño todavía y que seguirán muriendo inocentes en toda Europa como los catorce cadáveres (y los ciento veinte heridos) de las Ramblas de Barcelona y sembrando el horror y la desesperación en incontables familias.

Acaso el peligro mayor de esos crímenes monstruosos sea que lo mejor que tiene Occidente –su democracia, su libertad, su legalidad, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, su respeto por las minorías religiosas, políticas y sexuales- se vea de pronto empobrecido en el combate contra este enemigo sinuoso e innoble, que no da la cara, que está enquistado en la sociedad y, por supuesto, alimenta los prejuicios sociales, religiosos y raciales de todos, y lleva a los gobiernos democráticos, empujados por el miedo y la cólera que los presiona, a hacer concesiones cada vez más amplias en los derechos humanos en busca de la eficacia. En América Latina ha ocurrido; la fiebre revolucionaria de los años sesenta y setenta fortaleció (y a veces creó) a las dictaduras militares, y, en vez de traer el paraíso a la tierra, parió al comandante Chávez y al socialismo del siglo XXI en la Venezuela de la muerte lenta de nuestros días.

Para mí, las Ramblas de Barcelona son un lugar mítico. En los cinco años que viví en esa querida ciudad, dos o tres veces por semana íbamos a pasear por ellas, a comprar Le Monde y libros prohibidos en sus quioscos abiertos hasta después de la medianoche, y, por ejemplo, los hermanos Goytisolo conocían mejor que nadie los secretos escabrosos del barrio chino, que estaba a sus orillas, y Jaime Gil de Biedma, luego de cenar en el Amaya, siempre conseguía escabullirse y desaparecer en alguno de esos callejones sombríos. Pero, acaso, el mejor conocedor del mundo de las Ramblas barcelonesas era un madrileño que caía por esa ciudad con puntualidad astral: Juan García Hortelano, una de las personas más buenas que he conocido. Él me llevó una noche a ver en una vitrina que sólo se encendía al oscurecer una truculenta colección de preservativos con crestas de gallo, birretes académicos y tiaras pontificias. El más pintoresco de todos era Carlos Barral, editor, poeta y estilista, que, revolando su capa negra, su bastón medieval y con su eterno cigarrillo en los labios, recitaba a gritos, después de unos gins, al poeta Bocángel. Esos años eran los de las últimas boqueadas de la dictadura franquista. Barcelona comenzó a liberarse de la censura y del régimen antes que el resto de España. Esa era la sensación que teníamos paseando por las Ramblas, que ya eso era Europa, porque allí reinaba la libertad de palabra, y también de obra, pues todos los amigos que estaban allí actuaban, hablaban y escribían como si ya España fuera un país libre y abierto, donde todas las lenguas y culturas estaban representadas en la disímil fauna que poblaba ese paseo por el que, a medida que uno bajaba, se olía (y a veces hasta se oía) la presencia del mar. Allí soñábamos: la liberación era inminente y la cultura sería la gran protagonista de la España nueva que estaba ya asomando en Barcelona.

¿Era precisamente ese símbolo el que los terroristas islámicos querían destruir derramando la sangre de esas decenas de inocentes al que aquella furgoneta apocalíptica –la nueva moda- fue dejando regados en las Ramblas? ¿Ese rincón de modernidad y libertad, de fraterna coexistencia de todas las razas, idiomas, creencias y costumbres, ese espacio donde nadie es extranjero porque todos lo son y donde los quioscos, cafés, tiendas, mercados y antros diversos tienen las mercancías y servicios para todos los gustos del mundo? Por supuesto que no lo conseguirán. La matanza de los inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán imantando a la misma variopinta humanidad, como antaño y como hoy, cuando el aquelarre terrorista sea apenas una borrosa memoria de los viejos y las nuevas generaciones se pregunten de qué hablan, qué y cómo fue aquello.
MARIO VARGAS LLOSA
El País, 20/08/2017

miércoles, 2 de agosto de 2017

COMULGAR CON RUEDAS DE MOLINO

Alberto Garzón, Coordinador de IU (Izquierda Unida), en un twit de esos, refiriéndose al simulacro de elecciones para la Asamblea Constituyente de Venezuela, el penúltimo acto de Nicolás Maduro para cargarse la democracia en su país, y de paso a sus paisanos:

A pesar de la violencia de la oposición, ocho millones de personas han votado paz y futuro para Venezuela.

Señor Garzón, ¿en que mundo vive usted? Pero si hace décadas que estamos en la "aldea global", y lo que ocurre hoy aquí se sabe -no digo mañana, sino al segundo, y se puede contrastar en tiempo real- en la parte más alejada del mundo. 
Ahora es más difícil seguir comiendo el coco a la gente, ¿verdad? ¡Ay, que contrariedad! Claro que también es verdad que tenemos a nuestra disposición para lo que usted quiera un nuevo invento de esta estúpida sociedad que sirve lo mismo para un roto que para un descosido: la "posverdad", loados sean los dioses. Le explico, apoyándome en la Wiki:

Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas -los hechos- son ignoradas.

¿Violencia de la oposición, señor Garzón?: alrededor de 120 muertos de abril a julio de 2017 por las protestas contra la política de Maduro; al menos 14 muertos durante las "elecciones" para la Constituyente. Realmente, no creo que la oposición se haya dedicado a matarse a sí misma.

"Ocho millones han votado paz" ¿Qué paz? ¿La de los muertos? ¿La de las cárceles?

Señor Garzón, como siga usted con esa visión paranoica y falsa de la realidad, les auguro a usted y a sus socios de Podemos (perdón, a sus patronos) una larga y penosa travesía del desierto... hacia ninguna parte. La gente ya no traga.

A Nicolás Maduro no le auguro nada, porque no hace falta ser augur para saber cómo acabará. Esa canción la hemos cantado muchas veces a lo largo de la historia.


Actualización (03/08/2017):

Nueva actualización (09/08/2017):