Chuck Berry - The Legend

Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de marzo de 2018

UNA MENTE PRODIGIOSA. O CÓMO MIRAR LAS ESTRELLAS EN LUGAR DE TUS PROPIOS PIES


El programa de la BBC Discos de la isla desierta comenzó en 1942. A lo largo de los años desfilaron por dicho programa todo tipo de personajes: escritores, actores, músicos, directores cinematográficos, chefs, jardineros, profesores, bailarines, políticos, miembros de la realeza, caricaturistas, científicos... y Stephen Hawking. Los invitados, a quienes se les llama naúfragos, han de elegir ocho discos que optarían por llevar consigo a una isla desierta: también se les pide que mencionen un objeto de lujo y un libro como compañía (se supone que en la isla ya hay un texto religioso apropiado -la Biblia, el Corán o un volumen equivalente- y las obras de Shakespeare). El programa es semanal y a lo largo de la entrevista, que suele durar unos cuarenta minutos, se escuchan los fragmentos elegidos por el invitado. Pero esta entrevista con Stephen Hawking, radiada el día de Navidad de 1992, constituyó una excepción y se prolongó más tiempo.
La entrevistadora es Sue Lawley.

Discos de la isla desierta
Una entrevista (fragmentos)

SUE: Desde luego y en muchos aspectos, Stephen, usted se encuentra ya familiarizado con la soledad de una isla desierta, marginado de la vida física normal y privado de cualquier medio natural de comunicación. ¿En qué medida conoce tal aislamiento?
STEPHEN: No me considero marginado de la vida normal y no creo que la gente que me rodea vaya a decir que lo estuve. No me siento incapacitado; creo que simplemente soy alguien cuyas neuronas motrices no funcionan bien, como quien no distingue los colores. Supongo que no cabe describir mi vida como corriente, pero la considero normal en espíritu.
SUE: Sin embrago, y a diferencia de la mayoría de los naúfragos de Discos de la isla desierta, usted ya se ha demostrado a sí mismo que mental e intelectualmente se basta y que cuenta con teorías e inspiración suficientes para mantenerse ocupado.
STEPHEN: Imagino que soy por naturaleza un tanto introvertido y las dificultades de comunicación me han obligado a basarme en mí mismo. Pero de chico era muy hablador. Necesitaba como estímulo la discusión con otras personas. Representa una gran ayuda en mi trabajo exponer mis ideas a otros. Aunque no me brinden sugerencias, el simple hecho de tener que ordenar mis pensamientos para poder explicarlos me ofrece, a menudo, una nueva vía de progreso.
SUE: ¿Pero qué me dice, Stephen, de su satisfacción emocional? Hasta un físico brillante tiene que necesitar a otras personas con ese fin.
STEPHEN: La física está muy bien pero resulta del todo fría. No hubiera podido vivir sólo de eso. Como todo el mundo, necesito cariño, amor y afecto. También en esto he tenido suerte, más que muchas personas con mis minusvalías, a la hora de conseguir con creces amor y afecto. Además, la música posee una gran importancia para mí.
SUE: ¿Qué le proporciona mayor placer, la física o la música?
STEPHEN: Confieso que el placer que me otorga la física cuando las cosas van bien es muy superior al de la música. Pero eso sólo ocurre muy pocas veces en una carrera profesional, mientras que uno puede poner un disco cuando se le antoje.
SUE: ¿Y cuál sería el primer disco que pondría usted en su isla desierta?
STEPHEN:  Gloria, de Poulenc. Lo oí por primera vez el verano pasado en Aspen, Colorado. Aspen es fundamentalmente una estación invernal, pero en el estío se desarrollan allí reuniones de físicos. Al lado del centro en donde tienen lugar hay una enorme carpa en la que celebran un festival de música. Mientras uno delibera sobre lo que sucede cuando se esfuman los agujeros negros, puede escuchar los ensayos. Es ideal: combina mis dos grandes placeres, la física y la música. Si pudiera contar con ambas en mi isla desierta no desearía que me rescatasen. Bueno, hasta que hubiera descubierto en física teórica algo sobre lo que desease informar a todo el mundo. Supongo que violaría las reglas una antena parabólica que me permitiese recibir trabajos de física por correo electrónico.
SUE: La radio puede ocultar defectos físicos, pero en esta ocasión disfraza algo más. Hace siete años, Stephen, usted perdió literalmente la voz. ¿Puede decirnos qué sucedió?
STEPHEN: En el verano de 1985 acudí a Ginebra, al gran acelerador de partículas del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear. Pensaba ir a Alemania y asistir en Bayreuth a las representaciones de la tetralogía del Anillo wagneriano. Pero contraje una neumonía y me internaron precipitadamente en un hospital. Allí le dijeron a mi mujer que no valía la pena que siguiera funcionando el aparato que me mantenía con vida. Pero ella no se resignó. Fui trasladado por vía aérea al hospital Addenbrookes de Cambridge, y allí un cirujano llamado Roger Grey me hizo una traqueotomía. Aquella operación salvó mi vida pero me privó de la voz.
SUE: Pero por entonces su dicción era ya muy defectuosa y difícil de entender, ¿no es cierto? Así que cabe suponer que de cualquier modo hubiera acabado por quedarse sin habla.
STEPHEN: Aunque mi dicción fuese defectuosa y difícil de entender, todavía podían comprenderme quienes me rodeaban. Era capaz de dar seminarios a través de un intérprete y podía dictar trabajos científicos. Pero durante el período inmediatamente posterior a la operación me sentí anonadado. Consideré que no merecía la pena seguir si no recobraba la voz.
SUE: Y entonces un especialista californiano leyó algo sobre su situación y le proporcionó una voz. ¿Cómo funciona?
STEPHEN: Se llama Walt Woltosz. Su suegra se había encontrado en el mismo estado que yo, así que Woltosz elaboró un programa informático para ayudarla a comunicarse. Por la pantalla se desplaza un cursor. Cuando llega a la opción que uno desea, basta con accionar un interruptor con la cabeza o con un movimiento ocular o, en mi caso, con la mano. De esta manera, soy capaz de seleccionar unas palabras para que aparezcan en la parte inferior de la pantalla, Una vez determinado lo que pretendo decir, puedo enviarlo al sintetizador fónico o grabarlo en disco.
SUE: Pero se trata de una operación lenta.
STEPHEN: Cierto, la velocidad de expresión es aproximadamente una décima de lo normal. Mas con el sintetizador me expreso con una claridad muy superior a la de antes. Los británicos dicen que el acento es norteamericano, pero en Estados Unidos lo juzgan escandinavo o irlandés. Sea como fuere, cualquiera puede entenderme. Mis hijos mayores se acostumbraron a mi voz natural al empeorar, pero el pequeño, que tenía seis años cuando mi traqueotomía, no me comprendía entonces. Ahora no tiene dificultad. Eso significa mucho para mí.
[...]
SUE: Fue a Oxford, al University College, a estudiar matemáticas y física y allí, según sus propios cálculos, trabajaba un promedio de una hora diaria. Aunque también se ha dicho que remaba, bebía cerveza y se complacía en burlarse de algunos, según lo que he leído. ¿En qué radicaba el problema? ¿Por qué no se molestaba en trabajar?
STEPHEN: Era el final de la década de los cincuenta y la mayoría de los jóvenes se sentían desilusionados con lo que se llamaba el establishment. No existía otra perspectiva que no fuera ganar cada vez más dinero. Los conservadores acababan de obtener su tercera victoria electoral bajo el eslogan "Nunca estuviste mejor". Como a muchos de mis contemporáneos, me aburría aquella vida.
SUE: A pesar de todo, conseguía resolver en pocas horas problemas que sus condiscípulos no hacían en semanas enteras. Ellos eran, por supuesto, conscientes, a juzgar por lo que dijeron después, de que usted poseía un talento excepcional. ¿También usted lo pensaba?
STEPHEN: El curso de física en Oxford resultaba entonces ridículamente fácil. Se podía aprobar sin ir a clase. Bastaba con hacer una o dos prácticas semanales. No era preciso recordar muchos hechos, sobraba con unas cuantas ecuaciones.
SUE: Pero fue en Oxford en donde advirtió por vez primera que sus manos y sus pies no hacían lo que usted quería. ¿Cómo se lo explicó entonces?
STEPHEN: En realidad, lo primero que noté fue que no conseguía bogar bien copn la pala. Luego sufrí una caída aparatosa en la escalera del comedor universitario. Acudí al médico del colegio, porque me inquietaba la posibilidad de alguna lesión cerebral. Pero dijo que no me ocurría nada y que bebiera menos cerveza. Después de mis exámenes finales en Oxford, pasé el verano en Irán. Cuando volví, me sentía desde luego peor, pero lo atribuí a unos trastornos gástricos que había sufrido allí,.
SUE: ¿En qué momento reconoció que algo iba decididamente mal y que tenía que ponerse en manos de los médicos?
STEPHEN: Estaba por entonces en Cambridge y fui a pasar las Navidades a casa. Aquel invierno de 1962 a 1963 fue muy frío. Mi madre me indujo a que acudiera a patinar en el lago de Saint Albans, aunque yo sabía que no era realmente para eso. Me caí y me costó mucho ponerme en pie. Mi madre comprendió que ocurría algo y me llevó a nuestro médico de cabecera.
SUE: Y luego, al cabo de tres semanas en el hospital, le dijeron lo peor.
STEPHEN: Fue en el Barts Hospital de Londres., porque mi padre pertenecía a Barts. Me sometieron a reconocimientos durante dos semanas, pero no me dijeron lo que tenía, escepto que no era esclerosis múltiple y que no constituía un caso típico. Tampoco me informaron de las perspectivas, pero deduje que eran bastante malas, así que no quise preguntar.
[...]
SUE: Al leer sobre usted, Stephen, parece como si la sentencia de muerte, que significó decirle que sólo le quedaban unos dos años de vida, le hubiera empujado a esforzarse por vivir.
STEPHEN: Su primer efecto fue deprimirme. Creí empeorar con rapidez. No parecía tener sentido alguno hacer nada o preparar mi doctorado, porque no sabía si dispondría de tiempo suficiente para concluir el curso. Pero luego las cosas empezaron a mejorar. Mi enfermedad cobró un desarrollo más lento y comencé a hacer progresos en mi trabajo, sobre todo en la tarea de mostrar que el universo tuvo que empezar en un Big Bang
SUE: Llegó incluso a decir en una entrevista que se consideraba más feliz que antes de caer enfermo.
STEPHEN:  Soy desde luego más feliz ahora. Antes de contraer la enfermedad de las neuronas motrices, me sentía aburrido de la vida. Pero la perspectiva de una muerte temprana me empujó a comprender que vale la pena vivir. Es tanto lo que uno puede hacer, tanto de lo que cualquiera es capaz... Tengo la auténtica sensación de haber realizado, pese a mi condición, una contribución modesta pero significativa al conocimiento humano. Claro está que he sido muy afortunado, pero todo el mundo puede conseguir algo si se esfuerza lo suficiente.
[...]
SUE:  Su otra inspiración, mientras intentaba aceptar la enfermedad, fue una muchacha llamada Jane Wilde, a la que conoció en una fiesta, de la que se enamoró y con quien se casó. ¿En qué medida cree deber el éxito a Jane?
STEPHEN: Ciertamente no hubiera podido salir adelante sin ella. El compromiso matrimonial me arrancó del cenagal de desesperación en que estaba. Si íbamos a casarnos, tenía que conseguir un empleo y acabar mi doctorado. Comencé a trabajar de firme y descubrí que me gustaba. Cuando mi estado empeoró, Jane fue la única que me cuidó. Nadie entonces nos brindaba ayuda y, desde luego, no hubiéramos podido pagar los servicios a alguien.
[...]
SUE: Escuchemos más música.
STEPHEN: Los Beatles, Please, please me. Necesitaba un cierto alivio tras mis cuatro primeras menciones de la música seria. Al igual que muchos otros, acogí a los Beatles como un soplo de aire fresco en la escena más bien rancia y enfermiza de la música popular. Solía escuchar los cuarenta principales de Radio Luxemburgo los domingos por la noche.
SUE: Pese a todos los honores que le han sido conferidos, y he de mencionar específicamente que es profesor lucasiano de física en Cambridge, la cátedra Isaac Newton, Stephen Hawking decidió escribir un libro de divulgación sobre su trabajo por, supongo, una razón muy simple. Necesitaba el dinero.
STEPHEN: Aunque pensaba ganar una modesta cantidad con un libro de divulgación, la razón principal por la que escribí Historia del tiempo fue que me gustaba. Me atraían los descubrimientos logrados en los últimos veinticinco años y quise explicarlos al público. Jamás esperé que el resultado fuera tan espléndido.
[...]
SUE: ¿Qué le sucedería de caer en un agujero negro?
STEPHEN: Todo lector de ciencia ficción sabe lo que pasa cuando uno cae en un agujero negro. Se convierte en espagueti. Pero lo que resulta mucho más interesante es que los agujeros negros no son negros del todo. Emiten partículas y radiación a un ritmo constante. Eso determina que el agujero negro se esfume poco a poco, mas se ignora lo que con el tiempo sucede con el agujero negro y su contenido. Es un área de investigación muy interesante que aún no ha atraído a los autores de ciencia ficción.
SUE: Y a la radiación que ha mencionado se le llama desde luego "radiación Hawking". No fue usted quien descubrió los agujeros negros aunque haya conseguido demostrar que no son negros. Sin embargo, fue su descubrimiento lo que le impulsó a reflexionar más atentamente acerca de los orígenes del universo, ¿no es cierto?
STEPHEN: El colapso de una estrella para constituir un agujero negro es en muchos aspectos como la inversión del tiempo en la expansión del universo. Una estrella pasa de un estado de densidad bastante baja a otro de densidad muy elevada. Y el universo se expande desde un estado de densidad muy alta a densidades inferiores. Existe una diferencia importante. Estamos fuera del agujero negro, pero nos hallamos dentro del universo. Mas ambos se caracterizan por la radiación térmica.
SUE: Usted dice que no se sabe lo que con el tiempo le sucede a un agujero negro y a su contenido. Pero creo que la teoría era que, fuera cual fuese lo sucedido, lo que desapareciera en un agujero negro, incluyendo un astronauta, acabaría por reciclarse como radiación Hawking.
STEPHEN: La energía de la masa del astronauta se reciclará como una radiación emitida por el agujero negro. Pero el propio astronauta o siquiera las partículas que le constituyeron no saldrán del agujero negro. Así que la pregunta es: ¿qué les pasa? ¿Resulta destruídos o se trasladan a otro universo? Eso es algo que ansiaría saber y no es que piense en saltar a un agujero negro.
SUE: ¿Opera usted, Stephen, sobre una intuición, es decir, llega a una teoría que le atrae y se esfuerza por demostrarla? ¿O como científico progresa siempre lógicamente hacia una conclusión, sin atreverse a hacer suposiciones de antemano?
STEPHEN: Me baso bastante en la intuición. Trato de suponer un resultado, pero luego he de demostrarlo. Y en esta etapa descubro muchas veces que lo que había pensado no era cierto o que existía algo más que no se me había ocurrido. Así fue como averigüé que los agujeros negros no son completamente negros. Trataba de demostrar otra cosa.
[...]
SUE:  Simplificando hasta el máximo sus teorías, y confío, Stephen, que sabrá perdonarme, usted creyó antaño, según entiendo, que existió una creación, un Big Bang, pero ya no piensa que sucedió así. Considera que no hubo comienzo ni habrá final, que el universo existe por sí mismo. ¿Significa eso que no hubo una creación y que por eso no hay lugar para Dios?
STEPHEN:  Sí, ha simplificado en exceso. Todavía creo que el universo tuvo un comienzo en tiempo real, en un Big Bang. Pero hay otra clase de tiempo, el imaginario, perpendicular al tiempo real, donde el universo no tiene principio ni fin. Esto significaría que el modo en que el universo comenzó estuvo determinado por las leyes de la física. No habría que declarar que Dios optó por poner en marcha el universo de un modo arbitrario que no podemos comprender. Nada se dice sobre si Dios existe o no existe, simplemente que Él no es arbitrario.
SUE:  ¿Pero cómo explica usted, de haber una posibilidad de que Dios no exista, todas esas cosas que están más allá de la ciencia, el amor y la fe que la gente ha tenido y tiene en usted y desde luego en su propia inspiración?
STEPHEN: Amor, fe y moral corresponden a una categoría al margen de la física. Nadie puede determinar cómo debe comportarse a partir de las leyes de la física. Pero cabría esperar que el pensamiento lógico que supone la física y las matemáticas guiase también a uno en su conducta moral.
[...]
SUE: Hasta ahora, Stephen, ha vivido treinta años más de lo que le anunciaron. Ha siso padre de varios hijos mientras que le dijeron que nunca los tendría. Ha escrito best-seller y ha revolucionado ideas antiquísimas acerca del espacio y el tiempo. ¿Qué más proyecta hacer antes de abandonar este planeta?
STEPHEN: Todo eso fue posible sólo porque tuve la fortuna de recibir una ayuda considerable. Me complace lo que he conseguido, pero es mucho más lo que me gustaría hacer antes de irme. No me refiero a mi vida privada, sino en terminos científicos. Me agradaría saber cómo unificar la gravedad, la mecánica cuántica y las otras fuerzas de la naturaleza. Deseo especialmente saber qué es de un agujero negro cuando se esfuma.
[...]
SUE: Y si sólo pudiera contar con uno de esos ocho discos, ¿cuál eligiría?
STEPHEN: Tendría que ser el Réquiem de Mozart. Sería capaz de escucharlo hasta que se agotaran las pilas de mi minicasete.
SUE: ¿Y su libro? Claro está que en la isla le aguardan además las obras completas de Shakespeare y la Biblia.
STEPHEN: Creo que me llevaría Middlemarch, de George Eliot. Me parece que alguien, quizá Virginia Woolf, dijo que era un libro para adultos. Estoy seguro de que aún no he madurado, pero lo intentaré.
SUE: ¿Y su objeto de lujo?
STEPHEN: Pediré una gran provisión de crema tostada. Para mí es el colmo del lujo.
SUE: Nada pues de trufas de chocolate y en cambio abundante crema tostada. Doctor Stephen Hawking, gracias por habernos permitido escuchar sus Discos de la isla desierta, y feliz Navidad.
STEPHEN: Gracias a usted por elegirme. Desde mi isla desierta deseo a todos una feliz Navidad. Estoy seguro de que tendré mejor tiempo que ustedes.

Las músicas preferidas de Stephen Hawking
1 - Gloria - Francis Poulenc
2 - Concierto para violín en Re mayor op. 77 - Johannes Brahms
3 - Cuarteto de cuerda op. 132 - Ludwig van Beethoven
4 - La Walkyria, primer acto - Richard Wagner
5 - Please, please me - The Beatles
6 - Introito del Requiem - Wolfgang Amadeus Mozart
7 - Nessun dorma, de Turandot - Giacomo Puccini
8 - Je ne regrette rien - Edith Piaf

jueves, 23 de noviembre de 2017

RETRATO DE CARLES PUIGDEMONT "AVANT LA LETTRE"


El catalán es un fugitivo. A veces huye de sí mismo y otras, cuando sigue dentro de sí, se refugia en otras culturas, se extranjeriza, se destruye; escapa intelectual y moralmente. A veces parece un cobarde y otras un ensimismado orgulloso. A veces parece sufrir de manía persecutoria y otras de engreimiento. Alterna constantemente la avidez con sentimientos de frustración enfermiza. Aspectos todos ellos característicos del hombre que huye, que escapa. A veces es derrochador hasta la indecencia y otras tan avaricioso como un demente; a veces es un lacayo y un insurrecto, a veces un conformista y otras un rebelde…
JOSEP PLA (1897-1981)
Recogido del diario ABC, 23/11/2017

sábado, 30 de septiembre de 2017

ACUDAMOS A LOS CLÁSICOS


HINCHAR UN PERRO

La anécdota es bien conocida, al menos para aquellos que conservan el hábito de leer libros y lo han ejercitado con el más sustancioso de los escritos en castellano. La cuenta Cervantes en el prólogo a la segunda parte del Quijote, atribuyéndola a un loco que había en Sevilla, y que tuvo la ocurrencia de aplicarle a cuanto perro sorprendía desprevenido un canuto "en la parte en que soplándole, le ponía redondo como una pelota". Cuando lo tenía de esa manera, le daba dos palmaditas en la barriga y lo soltaba, diciendo a quienes le observaban: "¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?".

Crear un Estado, con todo lo que conlleva, desde el pacto entre quienes han de habitarlo (preferiblemente sin aborrecerse ni arrojarse a diario los trastos a la cabeza) hasta las reglas que ordenan en todos los aspectos la convivencia y las instituciones necesarias para hacerlas medianamente efectivas y aceptables, es una tarea para no tomarla a la ligera. Cuando se somete a escrutinio algún Estado de los que ya existen, resulta fácil subrayar sus defectos, señalar sus carencias y, a nada que quien lo enjuicia ande provisto de autoestima, creerse capaz de hacerlo mucho mejor que los que perpetraron la obra en cuestión.

La realidad, en cambio, es bien diferente. Para eso está la Historia, que nos atestigua las dificultades, ímprobas e incluso sangrientas, que comportaron el surgimiento y la consolidación de los no demasiados Estados soberanos (y reconocidos por el resto) que en el mundo son. Apenas un par de centenares, en un planeta en el que a esta fecha viven varios miles de millones de seres humanos que se comunican en varios miles de lenguas. En muchos casos, que el Estado haya llegado a existir es fruto del esfuerzo sostenido de muchas generaciones, con el impulso y la inspiración de una gavilla de hombres y mujeres rigurosamente excepcionales, que supieron elaborar, defender y cuajar una idea cuyo arraigo las circunstancias no suelen favorecer.

No, no es poco trabajo hinchar un perro, pero hay quien al ver uno, mirando por encima del hombro a quien lo hizo, se cree capaz de hacer otro sin despeinarse, incluso sin tener dotes para ello y sin tomarse la molestia de buscarse el canuto adecuado al objetivo que se está echando a la espalda. En estos días vemos empeñado en una proeza semejante a un abigarrado grupo de presuntos líderes, de aptitudes y liderazgo confusos y dudosos: en la televisión sale uno todo el tiempo como si fuera el primus inter pares, pero a las reuniones espinosas acude otro al que no le dejaron ocupar esa oficina, luego hay otros dos que mueven las masas, otras dos que las agitan y enardecen, y aun un sexto que se ocupa de la fontanería crucial del movimiento. 

Todos ellos juntos, y cada uno desde su apostadero, aspiran a hinchar el perro de un nuevo Estado de Europa por el camino más corto, a través de un pretendido referéndum, impracticable e increíble, en el que cada día que pasa serán necesarios menos participantes, en persona o por incomprobable comparecencia electrónica. Junten lo que junten, dada la excepcionalidad de su sagrado e irrenunciable proyecto, procederán y, alehop, mostrarán al mundo el perro felizmente convertido en globo.

Para la ratificación de su alarde parecen contar, sobre todo, con que haya en las calles muchedumbres incontrolables, que a voces o con pancartas o con lo que sea lancen la buena nueva. Y con que la principal fuerza que se les opone, ese Estado que ya existe y que tiene como deber amparar a todos los que en su misma tierra no piensan como ellos, ni se sienten convocados ni respetados por su forma de proceder, cometa en la respuesta el error que les permita exponerlo como ejemplo de tiranía.

Es un envite endiablado, porque no es poco trabajo hinchar un perro, pero cualquiera puede, si se pone, sacarle el aire.
El Mundo, 30/09/2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

CONTRA EL NACIONALISMO



Permítanme recordarles algunas frases de voces plenamente autorizadas que insertábamos hace casi tres años en "El Mito de La Taberna". Servían entonces y sirven ahora. Servirán siempre. Sobre todo ahora y aquí, donde va a producirse, si los dioses no lo remedian, el mayor despropósito de la democracia española.


El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad. 

Los nacionalistas no sólo no desaprueban los hechos atroces realizados por su bando, incluso tienen una capacidad increíble para ni siquiera oír hablar de ellos.

Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea.

El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que naciste ahí. 

La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.

Amo demasiado a mi país para ser nacionalista. 

Nuestra verdadera nacionalidad es la del género humano.

Daría la mitad de mi vida para que los nacionalistas pudieran defender sus tesis, pero la otra mitad la necesito para batallar para que los nacionalistas no consigan lo que pretenden.

domingo, 20 de agosto de 2017

SANGRE DERRAMADA


El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos. Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por "la causa", había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.

No es el caso, ciertamente, de quienes, como acaba de ocurrir en Cambrils y en las Ramblas de Barcelona, embisten en el volante de una camioneta contra indefensos transeúntes –niños, ancianos, mendigos, jóvenes, turistas, vecinos- tratando de arrollar, herir y mutilar al mayor número de personas. ¿Qué quieren conseguir, demostrar, con semejantes operaciones de salvajismo puro, de inaudita crueldad, como hacer estallar una bomba en un concierto, un café o una sala de baile? Las víctimas suelen ser, en la mayoría de los casos, gentes del común, muchas de ellas con afanes económicos, problemas familiares, tragedias, o jóvenes desocupados, angustiados por un porvenir incierto en este mundo en que conseguir un puesto de trabajo se ha convertido en un privilegio. ¿Se trata de demostrar el desprecio que les merece una cultura que, desde su punto de vista, está moralmente envilecida porque es obscena, sensual y corrompe a las mujeres otorgándoles los mismos derechos que a los hombres? Pero esto no tiene sentido, porque la verdad es que el podrido Occidente atrae como la miel a las moscas a millones de musulmanes que están dispuestos a morir ahogados con tal de introducirse en este supuesto infierno.

Tampoco parece muy convincente que los terroristas del Estado islámico o Al-Qaeda sean hombres desesperados por la marginación y la discriminación que padecen en las ciudades europeas. Lo cierto es que buen número de los terroristas han nacido en ellas y recibido allí su educación, y se han integrado más o menos en las sociedades en las que sus padres o abuelos eligieron vivir. Su frustración no puede ser peor que la de los millones de hombres y mujeres que todavía viven en la pobreza (algunos en la miseria) y no se dedican por ello a despanzurrar a sus prójimos.

La explicación está pura y simplemente en el fanatismo, aquella forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la historia. Es verdad que ninguna religión ni ideología extremista se ha librado de esa forma extrema de obcecación que hace creer a ciertas personas que tienen derecho a matar a sus semejantes para imponerles sus propias costumbres, creencias y convicciones.

El terrorismo islamista es hoy día el peor enemigo de la civilización. Está detrás de los peores crímenes de los últimos años en Europa, esos que se cometen a ciegas, sin blancos específicos, a bulto, en los que se trata de herir y matar no a personas concretas sino al mayor número de gentes anónimas, pues, para aquella obnubilada y perversa mentalidad, todos los que no son los míos –esa pequeña tribu en la que me siento seguro y solidario- son culpables y deben ser aniquilados.

Nunca van a ganar la guerra que han declarado, por supuesto. La misma ceguera mental que delatan en sus actos los condena a ser una minoría que poco a poco –como todos los terrorismos de la historia- irá siendo derrotada por la civilización con la que quieren acabar. Pero desde luego que pueden hacer mucho daño todavía y que seguirán muriendo inocentes en toda Europa como los catorce cadáveres (y los ciento veinte heridos) de las Ramblas de Barcelona y sembrando el horror y la desesperación en incontables familias.

Acaso el peligro mayor de esos crímenes monstruosos sea que lo mejor que tiene Occidente –su democracia, su libertad, su legalidad, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, su respeto por las minorías religiosas, políticas y sexuales- se vea de pronto empobrecido en el combate contra este enemigo sinuoso e innoble, que no da la cara, que está enquistado en la sociedad y, por supuesto, alimenta los prejuicios sociales, religiosos y raciales de todos, y lleva a los gobiernos democráticos, empujados por el miedo y la cólera que los presiona, a hacer concesiones cada vez más amplias en los derechos humanos en busca de la eficacia. En América Latina ha ocurrido; la fiebre revolucionaria de los años sesenta y setenta fortaleció (y a veces creó) a las dictaduras militares, y, en vez de traer el paraíso a la tierra, parió al comandante Chávez y al socialismo del siglo XXI en la Venezuela de la muerte lenta de nuestros días.

Para mí, las Ramblas de Barcelona son un lugar mítico. En los cinco años que viví en esa querida ciudad, dos o tres veces por semana íbamos a pasear por ellas, a comprar Le Monde y libros prohibidos en sus quioscos abiertos hasta después de la medianoche, y, por ejemplo, los hermanos Goytisolo conocían mejor que nadie los secretos escabrosos del barrio chino, que estaba a sus orillas, y Jaime Gil de Biedma, luego de cenar en el Amaya, siempre conseguía escabullirse y desaparecer en alguno de esos callejones sombríos. Pero, acaso, el mejor conocedor del mundo de las Ramblas barcelonesas era un madrileño que caía por esa ciudad con puntualidad astral: Juan García Hortelano, una de las personas más buenas que he conocido. Él me llevó una noche a ver en una vitrina que sólo se encendía al oscurecer una truculenta colección de preservativos con crestas de gallo, birretes académicos y tiaras pontificias. El más pintoresco de todos era Carlos Barral, editor, poeta y estilista, que, revolando su capa negra, su bastón medieval y con su eterno cigarrillo en los labios, recitaba a gritos, después de unos gins, al poeta Bocángel. Esos años eran los de las últimas boqueadas de la dictadura franquista. Barcelona comenzó a liberarse de la censura y del régimen antes que el resto de España. Esa era la sensación que teníamos paseando por las Ramblas, que ya eso era Europa, porque allí reinaba la libertad de palabra, y también de obra, pues todos los amigos que estaban allí actuaban, hablaban y escribían como si ya España fuera un país libre y abierto, donde todas las lenguas y culturas estaban representadas en la disímil fauna que poblaba ese paseo por el que, a medida que uno bajaba, se olía (y a veces hasta se oía) la presencia del mar. Allí soñábamos: la liberación era inminente y la cultura sería la gran protagonista de la España nueva que estaba ya asomando en Barcelona.

¿Era precisamente ese símbolo el que los terroristas islámicos querían destruir derramando la sangre de esas decenas de inocentes al que aquella furgoneta apocalíptica –la nueva moda- fue dejando regados en las Ramblas? ¿Ese rincón de modernidad y libertad, de fraterna coexistencia de todas las razas, idiomas, creencias y costumbres, ese espacio donde nadie es extranjero porque todos lo son y donde los quioscos, cafés, tiendas, mercados y antros diversos tienen las mercancías y servicios para todos los gustos del mundo? Por supuesto que no lo conseguirán. La matanza de los inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán imantando a la misma variopinta humanidad, como antaño y como hoy, cuando el aquelarre terrorista sea apenas una borrosa memoria de los viejos y las nuevas generaciones se pregunten de qué hablan, qué y cómo fue aquello.
MARIO VARGAS LLOSA
El País, 20/08/2017

domingo, 19 de febrero de 2017

EL POPULISMO: MANUAL PARA USUARIOS


El populismo no es una ideología. Es una estrategia para obtener y retener el poder. Siempre ha existido, pero en los últimos tiempos ha reaparecido con fuerza, potenciada por Internet y por las frustraciones de sociedades abrumadas por el cambio, la precariedad económica y una amenazante inseguridad ante lo que deparará el futuro.

Una de las sorpresas del populismo es cuán comunes son sus ingredientes, a pesar de que los líderes que lo ejercen y los países donde lo imponen son muy diferentes. El populismo hoy reina en la Rusia de Vladímir Putin y en la América de Donald Trump, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y la Hungría de Viktor Orbán, entre muchos otros. En todos vemos cuatro tácticas principales:

Divide y vencerás. El líder y su gobierno se presentan como los defensores del noble pueblo -el populus- maltratado y atropellado. Los populistas se nutren del "nosotros contra ellos": el pueblo contra la casta, la élite, la oligarquía, el 1% o, en Europa, contra "Bruselas" y en Estados Unidos contra "Washington".

Los populistas más exitosos son virtuosos del arte de exacerbar las divisiones y el conflicto social: entre clases, razas, religiones, regiones, nacionalidades y cualquier otra brecha que pueda ser ensanchada y convertida en indignación y furia política. Los populistas no temen jugar con fuego y avivar el conflicto social; por el contrario, lo necesitan.

Deslegitimar y criminalizar a la oposición. Exagerar la mala situación del país y magnificar los problemas es indispensable. El mensaje central del populista es que todo lo que hicieron los gobiernos anteriores es malo, corrupto e inaceptable. El país necesita urgentemente cambios drásticos y el líder populista promete hacerlos. Y quienes se oponen a sus cambios no son tratados como compatriotas con ideas diferentes, sino como apátridas a quienes hay que borrar del mapa político.

La criminalización de los rivales es una táctica común de populistas y autócratas. Uno de los lemas más populares en los mítines de la campaña de Donald Trump fue "enciérrenla", refiriéndose a la amenaza de encarcelar a Hillary Clinton. En Rusia, Turquía, Egipto o Venezuela estas amenazas contra líderes de la oposición no se quedan en eslóganes.

Denunciar la conspiración internacional. El populismo requiere de enemigos externos. Este es un viejo truco que, tristemente, suele dar dividendos políticos a corto plazo aunque luego acabe en tragedias. El enemigo externo puede ser un país -para el presidente Trump son China o México, por ejemplo- o un grupo. Víktor Orbán, el primer ministro húngaro, ha dicho que "los inmigrantes son violadores, ladrones de empleos y un veneno para la nación" y construyó un muro para mantenerlos fuera. Para Vladímir Putin, Estados Unidos estuvo detrás de las "revoluciones coloradas" que sacudieron a Europa oriental y llegaron a las calles de Moscú en 2011. Putin también denuncia regularmente a la OTAN.

Con frecuencia estos enemigos extranjeros suelen ser presentados como aliados de la oposición doméstica. Por ejemplo, el presidente de Turquía ha explicado que el fallido golpe de Estado en su contra el año pasado fue una conspiración orquestada por Fetulá Gülen, un clérigo musulmán radicado en Estados Unidos que tiene una amplia base de seguidores en Turquía. Según Erdogan, el golpe también contó con el apoyo de militares estadounidenses. Cuando a los populistas las cosas en casa les comienzan a ir mal suelen provocar conflictos internacionales que sirvan de distracción. Este es el gran peligro que significa tener a Donald Trump como jefe supremo de las fuerzas armadas más poderosas que ha conocido la humanidad.

Desprestigiar a periodistas y expertos. "¡Este país está harto de expertos!". Así reaccionó Michael Gove, uno de los líderes del Brexit, ante un informe de varios economistas que documentaron los costos que tendría para Reino Unido la salida de la Unión Europea. Para Donald Trump no importa que el calentamiento global haya sido confirmado por miles de científicos. Él sostiene que es una conspiración de China. El presidente de EE UU también piensa que el autismo es causado por las vacunas y no le importa que esa sea una teoría completamente falsa.

Pero el desdén que tienen los populistas por la ciencia, los datos y los expertos no es nada comparado con el desprecio que sienten por los periodistas. Desprecio que en algunos países conduce a la cárcel, a las palizas y, en ciertos casos, al asesinato. El hecho es que tanto los científicos como los periodistas obtienen datos y documentan situaciones que suelen chocar con la narrativa que les conviene a los populistas. Y cuando eso pasa, nada es mejor que descalificar -o eliminar- al mensajero.

Ninguna de estas tácticas es nueva. Lo sorprendente es su actual renacimiento en un mundo donde se esperaba que la democracia, la educación, la tecnología, las comunicaciones y el progreso social hicieran más difícil su éxito.
MOISÉS NAÍM
El País, 05/02/2017

sábado, 4 de febrero de 2017

DEL PODER JUDICIAL EN LOS ESTADOS UNIDOS (LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA)


"El mundo está en problemas -dice el flamante presidente de los Estados Unidos-, pero lo arreglaré". No, no se moleste, no haga nada, por favor, córtese. El mundo lleva "en problemas" toda su historia, Mr. Trump, pero desde que está usted, el mundo además se ha puesto de los nervios y empieza a estar desquiciado. Claro, usted no conoce la historia (¿qué conoce usted?), y estoy seguro que ni siquiera sabe cómo funciona su país, pero si le queda alguna neurona sana en su menguado cerebro estará empezando a darse cuenta de que esto no es el salvaje Oeste. 
No sé si se ha enterado que un juez federal del Estado de Washington le ha bloqueado (temporalmente, eso sí) el decreto que impide la entrada de refugiados e inmigrantes de siete países musulmanes. Sí, sí se ha enterado, porque, con esa inteligencia que le caracteriza, ha calificado la sentencia como ridícula y dice que se impondrá a la justicia. Lo tiene claro. Si sabe usted leer otra cosa que no sean comics infantiles o playboys, le recomiendo que eche un vistazo a lo que escribía Alexis de Tocqueville hace casi doscientos años. Ha pasado mucho tiempo y el mundo ha cambiado mucho, pero creo que todavía sirve.

6. Del poder judicial en los Estados Unidos 
y de su acción sobre la sociedad política

[...] Lo que más trabajo le cuesta comprender a un extranjero en los Estados Unidos es la organización judicial. No hay, por así decirlo, acontecimiento político en la que no oiga invocar la autoridad del juez, deduciendo de ello, naturalmente, que en los Estados Unidos el juez es una de la primeras fuerzas políticas. Cuando pasa luego a examinar la constitución de los tribunales, no descubre en ellos, a primera vista, más que atribuciones y formas judiciales. A sus ojos sólo de forma casual el magistrado parece intervenir en los asuntos públicos; pero esta misma casualidad se repite a diario. [...]

La primera característica del poder judicial en todos los pueblos es su función de árbitro. Para que tenga lugar una acción por parte de los tribunales, es preciso que se produzca una protesta. [...] En tanto que una ley no origine oposición, el poder judicial no se ocupa de ella. Existe, pero no la contempla. [...]

La segunda característica del poder judicial es la de pronunciarse sobre casos particulares, y no sobre principios generales. [...]

La tercera característica del poder judicial es la de no poder actuar más que cuando es requerido o, según la expresión legal, cuando se apela a él. [...] Por naturaleza, el poder judicial carece de movimiento propio; hay que impulsarlo para que se mueva. [...] El poder judicial violaría en cierto modo su naturaleza pasiva si tomara por sí mismo la iniciativa y se convirtiera en censor de las leyes.

Los norteamericanos han conservado estos tres rasgos distintivos del poder judicial. El juez norteamericano sólo puede pronunciar sentencia cuando hay litigio; no interviene sino en casos particulares, y para actuar debe siempre esperar a que se le someta una causa.
El juez americano se parece en todo, pues, a los magistrados de otras naciones. Pero está revestido de un inmenso poder político.
¿Cuál es la razón? El juez se mueve en el mismo círculo y se vale de los mismos medios que los otros jueces. ¿Por qué, pues, posee un poder de que éstos carecen?
Este solo hecho es la caussa: los americanos han reconocido a los jueces el derecho de fundamentar sus decisiones en la Constitución más que en las leyes. En otros términos, se les permite la no aplicación de las leyes que les parezcan inconstitucionales. [...]

Una Constitución americana no se considera inmutable, como en Francia [...] Conforma una obra aparte que, representando la voluntad de todo el pueblo, obliga lo mismo a los legisladores que a los simples ciudadanos, pero que puede ser alterada por voluntad del pueblo, según las formas ya establecidas y en los casos previstos.
Así pues, en América la Constitución puede variar, pero es el origen de todos los poderes tal como existe. La fuerza predominante sólo en ella radica. [...]

En los Estados Unidos la Constitución está por encima tanto de los legisladores como de los simples ciudadanos. Es, pues, la primera de las leyes, por lo que ninguna ley puede modificarla. [...]

Cuando ante los tribunales de los Estados Unidos se invoca una ley que el juez estima contraria a la Constitución, puede, por tanto, negarse a aplicarla. Éste es el único poder privativo del magistrado norteamericano, pero de él dimana una gran influencia política.
En efecto, existen pocas leyes de naturaleza tal que escapen largo tiempo al análisis judicial, ya que son escasísimas las que no lesionan algún interés particular que los litigantes no puedan o no deban invocar ante los tribunales.
Ahora bien, en el momento en que el juez rehúse aplicar una ley en un proceso, esta ley pierde automáticamente parte de su fuerza moral. Aquellos a quienes ha lesionado quedan advertidos de que existe un medio de sustraerse a la obligación de acatarla: los procesos se multiplican y la ley cae en desuso.. Sucede entonces una de estas dos cosas: o el pueblo cambia su Constitución, o la legislatura anula su ley.
Los americanos han conferido, pues, a sus tribunales un inmenso poder político, pero al obligarles a no atacar a las leyes sino por medios judiciales han reducido grandemente los peligros de ese poder. [...]

Además, se comprende sin dificultad que al hacer que sea el interés particular el que provoque la censura de las leyes uniendo íntimamente el proceso hecho a la ley con el proceso hecho a un hombre, se garantiza que la legislación no será atacada a la ligera. Con este sistema no queda expuesta a las continuas agresiones de los partidos. Al señalar las faltas del legislador, se responde a una necesidad real; se parte de un hecho positivo y tangible, ya que sirve de base a un proceso.
Pienso si esta manera de obrar de los tribunales norteamericanos, a la vez que la más favorable para el orden público, no será también la más favorable para la libertad. [...]

Pero el juez americano ha sido arrastrado a la fuerza al terreno político. No juzga la ley más que por estar obligado a juzgar un proceso, y no puede abstenerse de enjuiciar en el proceso. La cuestión política que debe resolver está ligada al interés de los litigantes, y no podría negarse a zanjarla sin cometer una injusticia. [...]

Encerrado en sus límites, el poder concedido a los tribunales americanos para pronunciarse sobre la inconstitucionalidad de las leyes constituye todavía una de las más poderosas barreras jamás levantadas contra la tiranía de las asambleas políticas.
Traducción de Dolores Sánchez de Aleu
ALEXIS DE TOCQUEVILLE
('La democracia en América', 1835-1840)

sábado, 28 de mayo de 2016

EL GRAN MISTERIO DE LAS MATEMÁTICAS. EL LENGUAJE DEL UNIVERSO

lunes, 23 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ y 6

El Poder de los Milagros

viernes, 20 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ 5


¿Por qué existe el mal?

martes, 17 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ 4


La Creación

sábado, 14 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ 3


¿Quién es Dios?

miércoles, 11 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ 2


El Apocalipsis

domingo, 8 de mayo de 2016

LA HISTORIA DE DIOS/ 1

Las preguntas de siempre. Los temores y las esperanzas de siempre. Aparentemente irresolubles, aunque la Ciencia siempre tiene algo de decir.

Con el gran Morgan Freeman como maestro de ceremonias.

Más allá de la muerte

martes, 26 de abril de 2016

A VER SI NOS VAMOS ENTERANDO

El narcisismo de Podemos
Para "entender Podemos" no hay que verlo como lo que dice ser, sino como lo que es. No es un núcleo de pensamiento crítico, sino un núcleo de narcisismo universitario (típicamente latinoamericano) como el que ha estudiado desde hace cuarenta años el mexicano Gabriel Zaid. En De los libros al poder escribe: la universidad otorga credenciales de saber para escalar en la pirámide del poder. A veces, ese asalto al poder ha sido pacífico, otras no. En América Latina, a partir de la construcción imaginaria de la universidad como nueva iglesia, varias generaciones de universitarios buscaron imponer a la realidad la maqueta ideal de la sociedad perfecta. La guerrilla latinoamericana (en Perú, Centroamérica) no fue campesina, ni obrera ni popular: la encabezaron profesores y estudiantes. Si la realidad no se ajustaba a sus teorías, peor para la realidad. Para nuestros países, el costo histórico de la guerrilla universitaria ha sido inmenso.

Podemos es la versión española de la caracterización de Zaid. La confirmación está en el texto Entender Podemos, publicado por Pablo Iglesias en la revista inglesa New Left Review (julio/agosto de 2015). Se trata de una vaporosa teoría de la historia universal que desemboca en… Podemos. Ante la "derrota de la izquierda en el siglo XX (informaba Iglesias), el pensamiento crítico quedó reducido al trabajo de universitarios". Solo en el claustro universitario podía surgir la "producción teórica" que hiciera posible una "izquierda realista". Al sobrevenir la crisis financiera global, el "vaciamiento" de las soberanías estatales europeas y la indignación social por los casos de corrupción en las élites políticas, España tuvo la fortuna de contar con "el conocido grupo de docentes e investigadores de la Universidad Complutense de Madrid", que integraría Podemos.

El objetivo de ese "núcleo" de "pensamiento crítico" era "agregar" las nuevas demandas derivadas de la crisis en torno a un "liderazgo mediático" capaz de "dicotomizar" el espacio público. ¿Cómo lograrlo? Volteando a "las experiencias acontecidas en América Latina", ricas en "instrumentos teóricos para interpretar la realidad española". De hecho —imaginaba Iglesias—, Europa toda se hallaba en un "proceso de latinoamericanización, entendido como la apertura de una estructura política". Por un lado, había que absorber la obra del filósofo Ernesto Laclau (principal teórico del populismo en Latinoamérica). Por otro, había que "pensar políticamente en clave televisiva", objetivo que se logró con los programas La Tuerka y Fort Apache, nuevos "partidos" que trasladaron la política del Parlamento a la televisión. Esos programas —revelaba Iglesias— fueron la escuela que "nos formó para el asesoramiento en comunicación política que desarrollamos paralelamente en España y América Latina". Pero, para superar "ciertos estilos" (que Iglesias, enemigo del castellano pero amigo del oxímoron, llamaba "movimientistas paralizantes"), se requería algo más: "Usar mi protagonismo mediático". Era necesario "identificar al pueblo de la televisión con un nosotros nuevo". Así fue como la "representación de las víctimas de la crisis" encarnó en su propia persona: "El fenómeno televisivo", el "tertuliano-referente", "el significante", "Pablo Iglesias/el profesor de la coleta".

Para los huérfanos de "pensamiento crítico", estas ideas seminales no son fácilmente comprensibles. Por eso, en beneficio de los legos, a mediados de 2014 el tertuliano/referente y significante concedió en Venezuela una entrevista para un programa de televisión donde se le ve escuchando a Hugo Chávez: "La revolución avanza, la patria avanza (decía el Comandante en 2012). Esto solo es posible en socialismo, solo es posible con un Gobierno que coloque en primer lugar al hombre, al humano, a la mujer, a la niña, al niño". Visiblemente conmovido, Iglesias reacciona en "clave televisiva": "…Cuántas verdades nos ha dicho este hombre... Lo que está ocurriendo aquí es una demostración de que sí hay alternativa, de que la única manera de gobernar no es gobernar para una minoría de privilegiados y contra las mayorías sociales. Ese es el ejemplo de América Latina… una alternativa para los ciudadanos europeos".

El mensaje era el mismo para el lector de la New Left Review y el "pueblo de la televisión": el futuro de España y de Europa era y debía ser (historia y norma, poder y deber, hermanados) la Revolución Bolivariana encabezada por su respectivo caudillo mediático.

Para refutar a Iglesias, alguien señaló lo mucho que Laclau debe a Carl Schmitt, teórico del nazismo, experto en la "dicotomización", que veía la historia como el escenario de dos fuerzas: "Amigo" y "enemigo". (Traducción para España: por un lado "el pueblo", representado por Podemos, representado por Iglesias; por otro el "no pueblo", representado por todas las otras formaciones políticas). Pero a estas alturas esos reparos intelectuales son lo de menos. Ahora, la mejor refutación de la teoría de Podemos está en la espantosa realidad en la que viven "el hombre, el humano, la mujer, la niña, el niño" en la Venezuela creada por el chavismo, una devastación sin precedente en América Latina, comparable a la provocada en Zimbabue por Robert Mugabe.

El profesor Iglesias, por supuesto, no admitirá nunca esa realidad. Y se entiende: Podemos tiene intereses creados en creer lo que cree o dice creer. Esos siete millones de euros no se cobraron en vano. Lo que no está claro es el sentido de esa operación de "asesoramiento en comunicación pública". ¿Cobraron por un servicio prestado al chavismo o cobraron por el honor de ser asesorados por Hugo Chávez, el mayor experto mundial en "dicotomizar" a la sociedad, "pensar políticamente en clave televisiva" y construir un "liderazgo mediático"?

Sobre el peso relativo de la teoría y la práctica en su doble rol de Secretario General y Politólogo, Iglesias confiesa: "Sin el segundo, el primero no habría sido posible". Lo cual supone que la universidad prepara a las personas para la vida. ¿Es así? Zaid llegó a la conclusión de que la mitología universitaria es responsable de ese y otros equívocos, que impiden un progreso que sirva a la vida. Cualquier profesionista responsable sabe que la experiencia práctica, con sus errores inevitables, es la verdadera maestra. No obstante, en una extraña vuelta al platonismo, hay quien piensa que la teoría prepara para la práctica y en cierta medida la supera. Y que para ser político nada mejor que ser politólogo.

Los líderes de Podemos han escalado el poder con credenciales del saber. Son capitalistas curriculares. Son guerrilleros de salón. Desde los peligrosos cañaverales de la Complutense, construyeron teorías contra el poder democrático financiados por el poder revolucionario. Del ciudadano español depende desenmascarar su inanidad teórica, su inexperiencia práctica, su vasta mentira, su mala fe.
ENRIQUE KRAUZE, escritor y director de la revista Letras Libres.
El País, 25/04/2016

lunes, 11 de abril de 2016

PIJERÍAS


Como no soy Javier Cercas, van ustedes que arden (y salen ganando) con lo que sigue, que suscribo al cien por cien y sin quitar ni poner una coma, sólo algún que otro subrayado:

La izquierda pija

¿Y qué es la izquierda pija? Podría contestarse a esa pregunta con la respuesta que San Agustín se da a sí mismo cuando se pregunta qué es el tiempo: "Si nadie me lo pregunta, lo sé; en cambio, si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé". Pero en las Confesiones esa frase no es más que una captatio benevolentiae (o una coquetería): la prueba es que a continuación San Agustín se lanza a deslumbrantes reflexiones sobre la naturaleza del tiempo; me encantaría hacer lo mismo con la de la izquierda pija, pero, como no soy San Agustín, van ustedes que arden con lo que sigue.

El verdadero ideólogo de la izquierda pija no es Marx, sino Maquiavelo. El verdadero lema de la izquierda pija no es de Maquiavelo, aunque podría serlo; dice así: "El poder se coge con la izquierda, pero se maneja con la derecha". Esto significa que la izquierda pija llega al poder empujada por el maremoto de la crisis, la miseria, las injusticias flagrantes y la prepotencia innoble de los poderosos, pero en cuanto llega al poder se olvida de la miseria y las injusticias y la crisis y, alardeando con su retórica y su gestualidad antisistema de plantar cara a los poderosos, dobla el espinazo ante ellos, que antes de que la izquierda pija llegase al poder se espantaban con su maximalismo revolucionario, pero que en cuanto llega al poder están encantados con ella, porque les hace el trabajo mejor que la derecha. Antes de llegar al poder, en suma, la izquierda pija es revolucionaria y maximalista, mientras que al llegar al poder se vuelve minimalista e involucionista. La izquierda pija no intenta resolver los problemas de todos, sino que, como dice Víctor Lapuente del nuevo político, "concentra sus esfuerzos en los temas que fracturan a la sociedad en dos bandos para dejar claro que él es el líder de uno". La izquierda pija dice practicar la nueva política, pero su política y hasta su lenguaje son tan viejos como los de la vieja política (propongo fusilar sin fórmula de juicio al próximo político que use la expresión "líneas rojas" o la expresión "hoja de ruta"). La izquierda pija ha inventado una forma de chantaje que la blinda contra la crítica de los pusilánimes (sobre todo los pusilánimes de izquierda), según la cual todo el que la critica es un reaccionario. La izquierda pija protesta con razón contra los recortes a la libertad que se producen en nuestras democracias, pero aplaude sin razón a las tiranías de Latinoamérica o de Oriente Próximo, con lo que incurre en una forma perversa de racismo y supremacismo. La izquierda pija se pirra tanto por salir en la tele como Belén Esteban. Por momentos, la izquierda pija se parece más a Donald Trump que a cualquier otra cosa. Manuela Carmena no pertenece a la izquierda pija, pero sí quien colocó en la fachada del Ayuntamiento de Madrid ese mensaje de bienvenida a los refugiados que, como notó un editorial de este periódico, tiene más letras que los refugiados que nuestro egoísmo ha sido capaz de acoger. Sobra decir que la izquierda pija intenta echar a los militares de las ferias educativas: como si no fuera educativo saber que las guerras existen; como si no fuera educativo saber que, aunque todas sean espantosas, algunas no hay más remedio que hacerlas (nuestra Guerra Civil, sin ir más lejos); como si no fuera educativo saber que quien más odia la guerra es un militar de verdad y que ahora mismo nuestros militares no se dedican a matar, sino a evitar que la gente se mate. Y hablando de guerras: la izquierda pija habla mucho de la nuestra, pero su visión es a menudo acrítica, de parvulario, una visión huérfana de la complejidad ética de lo que Primo Levi llamó "zonas grises", esos espantosos lugares de vértigo donde las víctimas se convierten en verdugos y los verdugos en víctimas. La izquierda pija tiende al sentimentalismo y al moralismo, que son prostituciones del sentimiento y la moral. La izquierda pija es decorativa.

No queremos esa izquierda. No queremos una izquierda cínica, gestera, telegénica y ornamental. Queremos una izquierda humilde y decente, que se parta la cara por resolver los problemas de todos, empezando por los de los que más problemas tienen. No queremos una izquierda pija. Queremos una izquierda de verdad. La izquierda pija es el peor enemigo de la izquierda.
JAVIER CERCAS
El País Semanal, 08/04/2016

domingo, 3 de abril de 2016

CÓMO SER POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Hay muchas maneras. Una de ellas es ser un gran escritor y poeta, llamarse Félix de Azúa, e ir por la vida sin complejos ideológicos.

Azúa, flamante académico de la RAE, en una entrevista concedida a la revista Tiempo:

Sobre Ada Colau, alcaldesa de Barcelona por Barcelona en Comú [Equo, Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), Podemos, Procés Constituent]:

Una ciudad civilizada y europea como Barcelona tiene como alcaldesa a Colau, una cosa de risa. Una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado. No tiene ni idea de cómo se lleva una ciudad ni le importa, lo único que le importa es cambiar los nombres de las calles. 

Naturalmente, la alcaldesa de Barcelona no ha tardado en responder al escritor en su cuenta de Twiter:

En las futuras definiciones de machismo y clasismo de la RAE, el señor Azúa podrá citarse a sí mismo.

Tal vez, tal vez, señora Colau, pero antes de contestar a Azúa yo le aconsejaría que intente ponerse a su nivel. Ya sé que en su caso esto es totalmente imposible, pero, no sé, podría empezar por leer alguno de sus magníficos ensayos o alguno de sus poemas, y si esto le resulta demasiado arduo, entrar en su página web. Quizá aprenda algo con un poco de esfuerzo.

Félix de Azúa ha dicho más cosas, muchas más:

Sobre Podemos, ha recordado que sus dirigentes han aceptado dinero de los gorilas venezolanos y los verdugos iraníes. Yo no entiendo cómo alguien les sigue haciendo caso. La gente no sabe lo que es Irán, que cuelgan a los homosexuales de grúas y lapidan a las adúlteras, o lo que hace el castrismo venezolano. A esta gente de Podemos nadie se lo dice cuando reprochan al resto ser casta.

También ha criticado el apoyo que reciben en las urnas partidos como PP o PSOE, además de plantearse su voto en futuras elecciones para Ciudadanos, partido del que fue cofundador hace 10 años. Sobre el voto a Podemos, lo tiene claro: la gente debe de votar borracha, yo me siento ajeno.

Respecto al independentismo catalán, Azúa ha comparado la presión social en Cataluña con la Checoslovaquia de los tanques rusos o la época de ETA en el País Vasco. Es una presión constante, todos los días y a todas horas. Pero sonriente. Es fascismo sonriente, fascismo simpático, de feria, del poble. [...] En Cataluña ya solo importan los sentimientos, no la razón. Es maravilloso que a Cataluña le represente en España alguien como Gabriel Rufián [portavoz de ERC en el Congreso]. No engaña. Eso es Cataluña. Eso es lo que quiere exportar.

Además, ha calificado la enseñanza de humanidades en España de grotesca y catastrófica. Fíjese lo que ha salido de la Facultad de Políticas de la Complutense... Es lo más ignorante del país, pero consiguen llevar a la gente gregaria como corderitos. Y eso que Pablo Iglesias cada vez que cita un libro lo hace mal.

Al final, curándose en salud y viéndolas venir, cansado de pelear todas las batallas, Azúa ha asegurado que después del verano no hablará de estos temas. Sí, me canso. Es más, a la vuelta del verano, me retiro. Tengo cosas que hacer. Me voy a dedicar a regar mi jardín. Se acabó. Sí señor, tal como aconsejaba Voltaire.

Para acabar de animar el cotarro, acaba de publicarse estos días un libro titulado Perles catalanes: un engendro perpetrado por Salvador Avià, Jordi Avià y Joan-Marc Passada, que habla de una serie de personajes que, según sus autores, tienen en común apoyar a los opresores de nuestro pueblo y de paso oprimir a otras naciones.
El infumable bodrio tiene por subtítulo Tres siglos de colaboracionistas y en su portada ya avisa de lo que te puedes encontrar dentro, porque aparecen lemas como especulador, franquista, colonialista, negrero y explotador...

Mezclando churras con merinas, semejantes calificativos, y otros igual de sangrantes, los escupen estos iluminados contra 70 personalidades catalanas y baleares de todo pelo: desde el capitán negrero Joan Maristany, que esclavizó o asesinó a toda la isla de Pascua, hasta los "principales enemigos del independentismo catalán", según estos lumbreras: Josep Pla, Juan Antonio Samaranch, Cambó y Porcioles, Albert Boadella, Félix de Azúa, Rosa Regàs, Carme Chacón, Miquel Roca o Duran Lleida.

Jordi Avià, uno de los autores del libro, asegura que no se trata de una lista negra de malos catalanes. Podría parecer una lista inquisitorial, pero a diferencia de la inquisición también recogemos los aspectos positivos de un Cambó o un D’Ors; lo que hacemos es hablar no sólo de la parte buena sino de la parte negativa de la que no se habla. Vale, chaval, no cuela, no te esfuerces.

Los 11 personajes que cierran el libro comparten según sus autores al menos dos fobias: Cataluña y el derecho a votar, es decir, la democracia. Lo de siempre, qué aburrimiento. Dichos personajes son, por orden alfabético:

• Félix de Azúa: acorazado del nacionalismo y la seudoizquierda española.
• Albert Boadella: bufón que prefirió ponerse una correa en el cuello y pasar a ser el perrito del mandarín. (¿?)
• Josep Borrell: a quien Cataluña le importa un rábano.
• Josep Ramon Bosch: miembro de Societat Civil Catalana, asociación política contraria al independentismo catalán y favorable a mejorar las relaciones políticas con el resto de España y la Unión Europea
• Francesc de Carreras: uno de los promotores del partido colonialista Ciutadans.
• Josep Antoni Duran i Lleida: pocos seres han actuado con tanta dedicación, influencia y durante tanto tiempo como él para poner palos en las ruedas a los intentos de emancipación del pueblo catalán.
• Arcadi Espada, escritor y periodista.
• Rosa Regàs: ejemplo del nativo agradecido al poder colonial.
• Miquel Roca.
• Alejo Vidal-Quadras.
• Carme Chacón.
Parte de lo mejor de Cataluña, oiga.

Eso sí, los autores "reconocen" que aunque todos son moralmente responsables de actos aberrantes, el nivel de culpabilidad es diferente. ¿Y cómo van a hacerles pagar la culpa? ¿Tienen preparado ya el Gulag?

Esto, amigos, es lo políticamente correcto en Cataluña hoy en día.

Pues, ¿saben qué les digo? Que me estoy aficionando a este asunto de la incorreción política. Le estoy pillando el punto, hombre.