Chuck Berry - The Legend

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lunes, 19 de marzo de 2018

UNA MENTE PRODIGIOSA. O CÓMO MIRAR LAS ESTRELLAS EN LUGAR DE TUS PROPIOS PIES


El programa de la BBC Discos de la isla desierta comenzó en 1942. A lo largo de los años desfilaron por dicho programa todo tipo de personajes: escritores, actores, músicos, directores cinematográficos, chefs, jardineros, profesores, bailarines, políticos, miembros de la realeza, caricaturistas, científicos... y Stephen Hawking. Los invitados, a quienes se les llama naúfragos, han de elegir ocho discos que optarían por llevar consigo a una isla desierta: también se les pide que mencionen un objeto de lujo y un libro como compañía (se supone que en la isla ya hay un texto religioso apropiado -la Biblia, el Corán o un volumen equivalente- y las obras de Shakespeare). El programa es semanal y a lo largo de la entrevista, que suele durar unos cuarenta minutos, se escuchan los fragmentos elegidos por el invitado. Pero esta entrevista con Stephen Hawking, radiada el día de Navidad de 1992, constituyó una excepción y se prolongó más tiempo.
La entrevistadora es Sue Lawley.

Discos de la isla desierta
Una entrevista (fragmentos)

SUE: Desde luego y en muchos aspectos, Stephen, usted se encuentra ya familiarizado con la soledad de una isla desierta, marginado de la vida física normal y privado de cualquier medio natural de comunicación. ¿En qué medida conoce tal aislamiento?
STEPHEN: No me considero marginado de la vida normal y no creo que la gente que me rodea vaya a decir que lo estuve. No me siento incapacitado; creo que simplemente soy alguien cuyas neuronas motrices no funcionan bien, como quien no distingue los colores. Supongo que no cabe describir mi vida como corriente, pero la considero normal en espíritu.
SUE: Sin embrago, y a diferencia de la mayoría de los naúfragos de Discos de la isla desierta, usted ya se ha demostrado a sí mismo que mental e intelectualmente se basta y que cuenta con teorías e inspiración suficientes para mantenerse ocupado.
STEPHEN: Imagino que soy por naturaleza un tanto introvertido y las dificultades de comunicación me han obligado a basarme en mí mismo. Pero de chico era muy hablador. Necesitaba como estímulo la discusión con otras personas. Representa una gran ayuda en mi trabajo exponer mis ideas a otros. Aunque no me brinden sugerencias, el simple hecho de tener que ordenar mis pensamientos para poder explicarlos me ofrece, a menudo, una nueva vía de progreso.
SUE: ¿Pero qué me dice, Stephen, de su satisfacción emocional? Hasta un físico brillante tiene que necesitar a otras personas con ese fin.
STEPHEN: La física está muy bien pero resulta del todo fría. No hubiera podido vivir sólo de eso. Como todo el mundo, necesito cariño, amor y afecto. También en esto he tenido suerte, más que muchas personas con mis minusvalías, a la hora de conseguir con creces amor y afecto. Además, la música posee una gran importancia para mí.
SUE: ¿Qué le proporciona mayor placer, la física o la música?
STEPHEN: Confieso que el placer que me otorga la física cuando las cosas van bien es muy superior al de la música. Pero eso sólo ocurre muy pocas veces en una carrera profesional, mientras que uno puede poner un disco cuando se le antoje.
SUE: ¿Y cuál sería el primer disco que pondría usted en su isla desierta?
STEPHEN:  Gloria, de Poulenc. Lo oí por primera vez el verano pasado en Aspen, Colorado. Aspen es fundamentalmente una estación invernal, pero en el estío se desarrollan allí reuniones de físicos. Al lado del centro en donde tienen lugar hay una enorme carpa en la que celebran un festival de música. Mientras uno delibera sobre lo que sucede cuando se esfuman los agujeros negros, puede escuchar los ensayos. Es ideal: combina mis dos grandes placeres, la física y la música. Si pudiera contar con ambas en mi isla desierta no desearía que me rescatasen. Bueno, hasta que hubiera descubierto en física teórica algo sobre lo que desease informar a todo el mundo. Supongo que violaría las reglas una antena parabólica que me permitiese recibir trabajos de física por correo electrónico.
SUE: La radio puede ocultar defectos físicos, pero en esta ocasión disfraza algo más. Hace siete años, Stephen, usted perdió literalmente la voz. ¿Puede decirnos qué sucedió?
STEPHEN: En el verano de 1985 acudí a Ginebra, al gran acelerador de partículas del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear. Pensaba ir a Alemania y asistir en Bayreuth a las representaciones de la tetralogía del Anillo wagneriano. Pero contraje una neumonía y me internaron precipitadamente en un hospital. Allí le dijeron a mi mujer que no valía la pena que siguiera funcionando el aparato que me mantenía con vida. Pero ella no se resignó. Fui trasladado por vía aérea al hospital Addenbrookes de Cambridge, y allí un cirujano llamado Roger Grey me hizo una traqueotomía. Aquella operación salvó mi vida pero me privó de la voz.
SUE: Pero por entonces su dicción era ya muy defectuosa y difícil de entender, ¿no es cierto? Así que cabe suponer que de cualquier modo hubiera acabado por quedarse sin habla.
STEPHEN: Aunque mi dicción fuese defectuosa y difícil de entender, todavía podían comprenderme quienes me rodeaban. Era capaz de dar seminarios a través de un intérprete y podía dictar trabajos científicos. Pero durante el período inmediatamente posterior a la operación me sentí anonadado. Consideré que no merecía la pena seguir si no recobraba la voz.
SUE: Y entonces un especialista californiano leyó algo sobre su situación y le proporcionó una voz. ¿Cómo funciona?
STEPHEN: Se llama Walt Woltosz. Su suegra se había encontrado en el mismo estado que yo, así que Woltosz elaboró un programa informático para ayudarla a comunicarse. Por la pantalla se desplaza un cursor. Cuando llega a la opción que uno desea, basta con accionar un interruptor con la cabeza o con un movimiento ocular o, en mi caso, con la mano. De esta manera, soy capaz de seleccionar unas palabras para que aparezcan en la parte inferior de la pantalla, Una vez determinado lo que pretendo decir, puedo enviarlo al sintetizador fónico o grabarlo en disco.
SUE: Pero se trata de una operación lenta.
STEPHEN: Cierto, la velocidad de expresión es aproximadamente una décima de lo normal. Mas con el sintetizador me expreso con una claridad muy superior a la de antes. Los británicos dicen que el acento es norteamericano, pero en Estados Unidos lo juzgan escandinavo o irlandés. Sea como fuere, cualquiera puede entenderme. Mis hijos mayores se acostumbraron a mi voz natural al empeorar, pero el pequeño, que tenía seis años cuando mi traqueotomía, no me comprendía entonces. Ahora no tiene dificultad. Eso significa mucho para mí.
[...]
SUE: Fue a Oxford, al University College, a estudiar matemáticas y física y allí, según sus propios cálculos, trabajaba un promedio de una hora diaria. Aunque también se ha dicho que remaba, bebía cerveza y se complacía en burlarse de algunos, según lo que he leído. ¿En qué radicaba el problema? ¿Por qué no se molestaba en trabajar?
STEPHEN: Era el final de la década de los cincuenta y la mayoría de los jóvenes se sentían desilusionados con lo que se llamaba el establishment. No existía otra perspectiva que no fuera ganar cada vez más dinero. Los conservadores acababan de obtener su tercera victoria electoral bajo el eslogan "Nunca estuviste mejor". Como a muchos de mis contemporáneos, me aburría aquella vida.
SUE: A pesar de todo, conseguía resolver en pocas horas problemas que sus condiscípulos no hacían en semanas enteras. Ellos eran, por supuesto, conscientes, a juzgar por lo que dijeron después, de que usted poseía un talento excepcional. ¿También usted lo pensaba?
STEPHEN: El curso de física en Oxford resultaba entonces ridículamente fácil. Se podía aprobar sin ir a clase. Bastaba con hacer una o dos prácticas semanales. No era preciso recordar muchos hechos, sobraba con unas cuantas ecuaciones.
SUE: Pero fue en Oxford en donde advirtió por vez primera que sus manos y sus pies no hacían lo que usted quería. ¿Cómo se lo explicó entonces?
STEPHEN: En realidad, lo primero que noté fue que no conseguía bogar bien copn la pala. Luego sufrí una caída aparatosa en la escalera del comedor universitario. Acudí al médico del colegio, porque me inquietaba la posibilidad de alguna lesión cerebral. Pero dijo que no me ocurría nada y que bebiera menos cerveza. Después de mis exámenes finales en Oxford, pasé el verano en Irán. Cuando volví, me sentía desde luego peor, pero lo atribuí a unos trastornos gástricos que había sufrido allí,.
SUE: ¿En qué momento reconoció que algo iba decididamente mal y que tenía que ponerse en manos de los médicos?
STEPHEN: Estaba por entonces en Cambridge y fui a pasar las Navidades a casa. Aquel invierno de 1962 a 1963 fue muy frío. Mi madre me indujo a que acudiera a patinar en el lago de Saint Albans, aunque yo sabía que no era realmente para eso. Me caí y me costó mucho ponerme en pie. Mi madre comprendió que ocurría algo y me llevó a nuestro médico de cabecera.
SUE: Y luego, al cabo de tres semanas en el hospital, le dijeron lo peor.
STEPHEN: Fue en el Barts Hospital de Londres., porque mi padre pertenecía a Barts. Me sometieron a reconocimientos durante dos semanas, pero no me dijeron lo que tenía, escepto que no era esclerosis múltiple y que no constituía un caso típico. Tampoco me informaron de las perspectivas, pero deduje que eran bastante malas, así que no quise preguntar.
[...]
SUE: Al leer sobre usted, Stephen, parece como si la sentencia de muerte, que significó decirle que sólo le quedaban unos dos años de vida, le hubiera empujado a esforzarse por vivir.
STEPHEN: Su primer efecto fue deprimirme. Creí empeorar con rapidez. No parecía tener sentido alguno hacer nada o preparar mi doctorado, porque no sabía si dispondría de tiempo suficiente para concluir el curso. Pero luego las cosas empezaron a mejorar. Mi enfermedad cobró un desarrollo más lento y comencé a hacer progresos en mi trabajo, sobre todo en la tarea de mostrar que el universo tuvo que empezar en un Big Bang
SUE: Llegó incluso a decir en una entrevista que se consideraba más feliz que antes de caer enfermo.
STEPHEN:  Soy desde luego más feliz ahora. Antes de contraer la enfermedad de las neuronas motrices, me sentía aburrido de la vida. Pero la perspectiva de una muerte temprana me empujó a comprender que vale la pena vivir. Es tanto lo que uno puede hacer, tanto de lo que cualquiera es capaz... Tengo la auténtica sensación de haber realizado, pese a mi condición, una contribución modesta pero significativa al conocimiento humano. Claro está que he sido muy afortunado, pero todo el mundo puede conseguir algo si se esfuerza lo suficiente.
[...]
SUE:  Su otra inspiración, mientras intentaba aceptar la enfermedad, fue una muchacha llamada Jane Wilde, a la que conoció en una fiesta, de la que se enamoró y con quien se casó. ¿En qué medida cree deber el éxito a Jane?
STEPHEN: Ciertamente no hubiera podido salir adelante sin ella. El compromiso matrimonial me arrancó del cenagal de desesperación en que estaba. Si íbamos a casarnos, tenía que conseguir un empleo y acabar mi doctorado. Comencé a trabajar de firme y descubrí que me gustaba. Cuando mi estado empeoró, Jane fue la única que me cuidó. Nadie entonces nos brindaba ayuda y, desde luego, no hubiéramos podido pagar los servicios a alguien.
[...]
SUE: Escuchemos más música.
STEPHEN: Los Beatles, Please, please me. Necesitaba un cierto alivio tras mis cuatro primeras menciones de la música seria. Al igual que muchos otros, acogí a los Beatles como un soplo de aire fresco en la escena más bien rancia y enfermiza de la música popular. Solía escuchar los cuarenta principales de Radio Luxemburgo los domingos por la noche.
SUE: Pese a todos los honores que le han sido conferidos, y he de mencionar específicamente que es profesor lucasiano de física en Cambridge, la cátedra Isaac Newton, Stephen Hawking decidió escribir un libro de divulgación sobre su trabajo por, supongo, una razón muy simple. Necesitaba el dinero.
STEPHEN: Aunque pensaba ganar una modesta cantidad con un libro de divulgación, la razón principal por la que escribí Historia del tiempo fue que me gustaba. Me atraían los descubrimientos logrados en los últimos veinticinco años y quise explicarlos al público. Jamás esperé que el resultado fuera tan espléndido.
[...]
SUE: ¿Qué le sucedería de caer en un agujero negro?
STEPHEN: Todo lector de ciencia ficción sabe lo que pasa cuando uno cae en un agujero negro. Se convierte en espagueti. Pero lo que resulta mucho más interesante es que los agujeros negros no son negros del todo. Emiten partículas y radiación a un ritmo constante. Eso determina que el agujero negro se esfume poco a poco, mas se ignora lo que con el tiempo sucede con el agujero negro y su contenido. Es un área de investigación muy interesante que aún no ha atraído a los autores de ciencia ficción.
SUE: Y a la radiación que ha mencionado se le llama desde luego "radiación Hawking". No fue usted quien descubrió los agujeros negros aunque haya conseguido demostrar que no son negros. Sin embargo, fue su descubrimiento lo que le impulsó a reflexionar más atentamente acerca de los orígenes del universo, ¿no es cierto?
STEPHEN: El colapso de una estrella para constituir un agujero negro es en muchos aspectos como la inversión del tiempo en la expansión del universo. Una estrella pasa de un estado de densidad bastante baja a otro de densidad muy elevada. Y el universo se expande desde un estado de densidad muy alta a densidades inferiores. Existe una diferencia importante. Estamos fuera del agujero negro, pero nos hallamos dentro del universo. Mas ambos se caracterizan por la radiación térmica.
SUE: Usted dice que no se sabe lo que con el tiempo le sucede a un agujero negro y a su contenido. Pero creo que la teoría era que, fuera cual fuese lo sucedido, lo que desapareciera en un agujero negro, incluyendo un astronauta, acabaría por reciclarse como radiación Hawking.
STEPHEN: La energía de la masa del astronauta se reciclará como una radiación emitida por el agujero negro. Pero el propio astronauta o siquiera las partículas que le constituyeron no saldrán del agujero negro. Así que la pregunta es: ¿qué les pasa? ¿Resulta destruídos o se trasladan a otro universo? Eso es algo que ansiaría saber y no es que piense en saltar a un agujero negro.
SUE: ¿Opera usted, Stephen, sobre una intuición, es decir, llega a una teoría que le atrae y se esfuerza por demostrarla? ¿O como científico progresa siempre lógicamente hacia una conclusión, sin atreverse a hacer suposiciones de antemano?
STEPHEN: Me baso bastante en la intuición. Trato de suponer un resultado, pero luego he de demostrarlo. Y en esta etapa descubro muchas veces que lo que había pensado no era cierto o que existía algo más que no se me había ocurrido. Así fue como averigüé que los agujeros negros no son completamente negros. Trataba de demostrar otra cosa.
[...]
SUE:  Simplificando hasta el máximo sus teorías, y confío, Stephen, que sabrá perdonarme, usted creyó antaño, según entiendo, que existió una creación, un Big Bang, pero ya no piensa que sucedió así. Considera que no hubo comienzo ni habrá final, que el universo existe por sí mismo. ¿Significa eso que no hubo una creación y que por eso no hay lugar para Dios?
STEPHEN:  Sí, ha simplificado en exceso. Todavía creo que el universo tuvo un comienzo en tiempo real, en un Big Bang. Pero hay otra clase de tiempo, el imaginario, perpendicular al tiempo real, donde el universo no tiene principio ni fin. Esto significaría que el modo en que el universo comenzó estuvo determinado por las leyes de la física. No habría que declarar que Dios optó por poner en marcha el universo de un modo arbitrario que no podemos comprender. Nada se dice sobre si Dios existe o no existe, simplemente que Él no es arbitrario.
SUE:  ¿Pero cómo explica usted, de haber una posibilidad de que Dios no exista, todas esas cosas que están más allá de la ciencia, el amor y la fe que la gente ha tenido y tiene en usted y desde luego en su propia inspiración?
STEPHEN: Amor, fe y moral corresponden a una categoría al margen de la física. Nadie puede determinar cómo debe comportarse a partir de las leyes de la física. Pero cabría esperar que el pensamiento lógico que supone la física y las matemáticas guiase también a uno en su conducta moral.
[...]
SUE: Hasta ahora, Stephen, ha vivido treinta años más de lo que le anunciaron. Ha siso padre de varios hijos mientras que le dijeron que nunca los tendría. Ha escrito best-seller y ha revolucionado ideas antiquísimas acerca del espacio y el tiempo. ¿Qué más proyecta hacer antes de abandonar este planeta?
STEPHEN: Todo eso fue posible sólo porque tuve la fortuna de recibir una ayuda considerable. Me complace lo que he conseguido, pero es mucho más lo que me gustaría hacer antes de irme. No me refiero a mi vida privada, sino en terminos científicos. Me agradaría saber cómo unificar la gravedad, la mecánica cuántica y las otras fuerzas de la naturaleza. Deseo especialmente saber qué es de un agujero negro cuando se esfuma.
[...]
SUE: Y si sólo pudiera contar con uno de esos ocho discos, ¿cuál eligiría?
STEPHEN: Tendría que ser el Réquiem de Mozart. Sería capaz de escucharlo hasta que se agotaran las pilas de mi minicasete.
SUE: ¿Y su libro? Claro está que en la isla le aguardan además las obras completas de Shakespeare y la Biblia.
STEPHEN: Creo que me llevaría Middlemarch, de George Eliot. Me parece que alguien, quizá Virginia Woolf, dijo que era un libro para adultos. Estoy seguro de que aún no he madurado, pero lo intentaré.
SUE: ¿Y su objeto de lujo?
STEPHEN: Pediré una gran provisión de crema tostada. Para mí es el colmo del lujo.
SUE: Nada pues de trufas de chocolate y en cambio abundante crema tostada. Doctor Stephen Hawking, gracias por habernos permitido escuchar sus Discos de la isla desierta, y feliz Navidad.
STEPHEN: Gracias a usted por elegirme. Desde mi isla desierta deseo a todos una feliz Navidad. Estoy seguro de que tendré mejor tiempo que ustedes.

Las músicas preferidas de Stephen Hawking
1 - Gloria - Francis Poulenc
2 - Concierto para violín en Re mayor op. 77 - Johannes Brahms
3 - Cuarteto de cuerda op. 132 - Ludwig van Beethoven
4 - La Walkyria, primer acto - Richard Wagner
5 - Please, please me - The Beatles
6 - Introito del Requiem - Wolfgang Amadeus Mozart
7 - Nessun dorma, de Turandot - Giacomo Puccini
8 - Je ne regrette rien - Edith Piaf

jueves, 22 de febrero de 2018

IN MEMORIAM ANTONIO FRAGUAS, "FORGES"


Humorista gráfico irrepetible, sin él no entenderíamos del todo nuestra historia reciente: el Franquismo, la Transición, la Democracia, el tiempo actual. Siempre pegado a la realidad del momento, nos enseñó a ver con humor e ironía quiénes somos y en qué país vivimos. Pero no sólo eso, sino que se inventó todo un lenguaje y una forma de expresión que ya es de todos los españoles. Genial, Antonio Fraguas. Descanse.

La Concha, el Mariano, el Blasillo mesetario, se han quedado huérfanos.

¡Gensanta, se nos ha muerto Forges! Lo echaremos de menos, proclamo.






Últimas viñetas de Forges en El País:


23 de Febrero de 2018

Entrevista realizada en TVE por Fernando Sánchez Dragó (otros tiempos, otras ideas) a Jesús Munárriz, Luis Eduardo Aute y Antonio Fraguas de Pablos, "Forges", para presentar el disco "Forgesound" en 1976. Munárriz y Aute pusieron música a los personajes de Forges, contando con las colaboraciones de Teddy Bautista y Rosa y Julia León. Escribieron 10 canciones dedicadas a los funcionarios, los políticos, los gay, los campesinos, los evasores de impuestos, y el resto de la fauna española de la Transición. El disco salió, pero nunca se reeditó.

jueves, 3 de septiembre de 2015

EL FRACASO DE OCCIDENTE

Cuando queramos despertar será demasiado tarde.

El pequeño Aylan Kurdi, de nacionalidad siria, hallado en la playa de Bodrum, en la costa turca del mar Egeo - Fotografía: Nilüfer Demir (Reuters)
("La Humanidad se estrella en la costa")

El niño de la playa
Lo normal a los tres años es verlos en la orilla con el bañador y no vestidos. Lo normal es verlos dando saltos y no tumbados de este modo: boca abajo y de lado, como escuchando el latido de la tierra. Si es que ésta tiene todavía corazón.

Lo normal a los tres años es que te hagas el muerto y no que lo seas, que sea divertido mojarte, que prefieras las olas grandes a las pequeñas, que le pidas al hermano mayor que te entierre vivo para que saques la cabeza y después, con el cuerpo embadurnado en arena, corras muy deprisa hacia el mar.

Lo normal a los tres años es que poses para una foto en un lugar como este que ven y que nadie tenga que pixelarte la cara.

La fotografía de Nilüfer Demir ya forma parte del álbum migratorio de la infamia: un niño varado en la playa como si fuera un ballenato en pantalones cortos. Si querían una imagen que de verdad nos salpicara como el ácido, si querían una imagen evocadora del horror, aquí tienen una: para algunos críos el estío no es una tumbona; es una tumba.

Gallego & Rey - El Mundo, 03/09/2015

Cinco niños. Refugiados sirios. Ahogados en aguas turcas. Tratando de alcanzar la isla griega de Kos. Y este colofón que por fin nos lo explica todo: la imagen salvaje de este caído de pala y cubo.

¿Cuántos niños sin nombre se ha tragado ya el océano? ¿Llevaban una camiseta azul o una verde cuando se ahogaron? ¿Hicieron alguna vez un castillo de arena?

Me acuerdo de la subsahariana Josephine, que estuvo una semana dándole sus propios orines a su hija Chioma en una patera, de camino a Canarias, hasta que al séptimo día no resucitó. Me acuerdo de los que viven sin boya. Y también me acuerdo de aquella otra imagen cotidiana... Creo que tengo una foto tuya con una composición parecida, sólo que posando a gatas mirando al mar de Conil. Sonriendo. Lo normal a los tres años.

No vas a entender la fotografía. Pero quiero que la mires y no olvides una cosa: ya te he dicho mil veces, hijo, que en las playas de verano puede hacer un frío hondo y oscuro.
PEDRO SIMÓN - El Mundo, 03/09/2015

Ricardo - El Mundo, 03/09/2015

Quiero que todo el mundo vea lo que nos ha ocurrido en el país al que vinimos a refugiarnos de la guerra. Queremos que el mundo nos preste atención para que puedan impedir que esto les ocurra a otros. Que ellos [sus hijos y su esposa] sean los últimos.
ABDULLAH KURDI

Palabras de Nilüfer Demir


Actualización (06/09/2015):
Algunas razones del éxodo

lunes, 31 de agosto de 2015

VIVIR SU PROPIA VIDA, MORIR SU PROPIA MUERTE

   Tony Cicoria tenía cuarenta y dos años, hacía deporte y era fuerte. Había sido jugador de fútbol americano en la universidad y se había convertido en un cirujano ortopédico bien considerado en una pequeña ciudad al norte de Nueva York. Una tarde de otoño se hallaba en un pabellón junto al lago para una reunión familiar. El día era agradable, con brisa, pero observó unas cuantas nubes de tormenta a lo lejos; parecía que venía lluvia.
    Se fue a un teléfono público que había delante del pabellón para llamar a su madre (esto ocurrió en 1994, antes de la era de los teléfonos móviles). Aún recuerda cada segundo de lo que ocurrió a continuación: "Estaba hablando con mi madre por teléfono. Llovía un poco, se oyó un trueno a lo lejos. Mi madre colgó. El teléfono se encontraba a un paso de mí cuando me alcanzó. Recuerdo el destello de luz que salió del teléfono. Me golpeó en la cara. Lo siguiente que recuerdo era que volaba hacia atrás."
    A continuación -pareció vacilar antes de contármelo- "volé hacia adelante. Perplejo, miré a mi alrededor. Vi mi cuerpo en el suelo. Me dije: 'Mierda, estoy muerto'. Vi que la gente se reunía en torno al cuerpo. Vi una mujer -había estado esperando a mi lado para usar el teléfono- que se inclinaba sobre mi cuerpo, me hacía la resucitación cardiopulmonar [...] Floté escaleras arriba: mi conciencia venía conmigo. Vi a mis hijos, comprendí que no les pasaría nada. Luego me rodeó una luz blancoazulada, una enorme sensación de paz y bienestar. Lo mejor y lo peor de mi vida pasó ante mí a gran velocidad. Pero sin ninguna emoción [...], puro pensamiento, puro éxtasis. Tenía la percepción de estar acelerando, de que algo me atraía... de que había velocidad y dirección. Entonces, mientras me decía a mí mismo: 'Esta es la sensación más maravillosa que he tenido'... ¡PAM! Ya estaba de vuelta".

Y ustedes se preguntarán: ¿de qué literato es este texto, que parece que me suena?
Pues les diré que no es de ningún literato (aunque depende cómo se mire), sino de un científico, y uno de los más reputados y queridos. El autor es el neurólogo, escritor y divulgador Oliver Sacks, que acaba de fallecer en Nueva York a los 82 años. Aunque nacido en Londres de una familia judía ortodoxa y graduado en Oxford en 1958, desarrolló prácticamente toda su carrera en Estados Unidos, básicamente en Nueva York.
En sus ensayos trató de explicar qué es lo que hace único al ser humano, exponiendo sus observaciones no en términos puramente científicos, sino mostrando las experiencias individuales y los sentimientos de cada paciente. Esto se refleja nítidamente en sus libros, a medio camino entre la ciencia y la literatura, incluso la poesía, lo que ha hecho que sus seguidores sean legión, algo muy poco habitual en un científico.
Lúcido hasta el final, dejó esta despedida en el New York Times en febrero de este año, cuando supo que su cáncer no tenía remedio:

De mi propia vida
Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló De mi propia vida.

"Imagino un rápido deterioro", escribió. "Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros".

He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.

Hume continuaba: "Soy... un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones".

En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.

Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: "Es difícil", escribió, "sentir más desapego por la vida del que siento ahora".

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.

Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).

De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.

Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

viernes, 15 de mayo de 2015

HASTA SIEMPRE, B. B. KING



La inconfundible guitarra y la poderosísima voz de B. B. King han dejado de sonar en directo, pero nos quedan sus grabaciones. Descanse el rey del blues.

The Thrill Is Gone - B. B. King en Montreux, 1993

Rock Me Baby - B. B. King con Eric Clapton, Buddy Guy y Jim Vaughan

B. B. King en la prisión de Sing Sing, 1972

jueves, 8 de enero de 2015

ANIMALES DE BELLOTA/ 5 - MASACRE EN LA REDACCIÓN DE 'CHARLIE HEBDO'.


    Pocas cosas tan peligrosas como la ignorancia, y pocas tan detestables y dignas del mayor desprecio como las instituciones políticas o religiosas que alimentan esa ignorancia para sus propios fines, que no son otros que mantener su status de privilegio y dominación.
    Francia, tierra de libertades, patria de las luces y la razón, que ha dado hijos como Diderot, Voltaire, Rousseau..., se ha visto sacudida estos días por la irracionalidad fanática (valga el pleonasmo) de los yihadistas islámicos -Alá los confunda- en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, al grito de "¡Alá es grande!".
    Llevamos siglos intentando despojarnos definitivamente de la ropa vieja de "nuestro" fundamentalismo, y ahora pretenden vendernos harapos. Ay!


Esta viñeta, a modo de buenos deseos para el año nuevo de la revista a sus lectores, subida a Twitter minutos antes de la masacre, es hoy el símbolo mundial de la libertad de expresión. Al Bagdadi, líder de IS, nos desea lo mejor para el 2015 justo antes de asesinarnos. Y nos perdona la vida, de momento, a todos los que no hemos muerto allí del todo. Que, sobre todo, haya salud para que no se nos olvide esto nunca.  GUILLERMO

Reacciones de otros dibujantes españoles:

Es más fácil destruir que construir. Cuando el miedo a la libertad se torna violencia, cuando el desconocimiento del otro genera un rechazo cargado de odio y afecta a sectores fanáticos religiosos, es la sociedad la que está enferma y la libertad la que está en juego. No la de expresión, la Libertad con mayúsculas, ésa que es lema de la República Francesa y sustancia los valores de Occidente. No podemos permitirlo. Charlie somos todos.  ULISES

Que nos vean a los dibujantes como amenaza explica lo cobarde de estos asesinos, y que usen su religión como coartada ilustra su corto desarrollo intelectual. Con hechos como éste volvemos a la Edad Media, donde la religión era excusa para el asesinato más cobarde. ¿Balas con pinceles? Cobardes... Hoy más que nunca, ¡a la lucha! ¡y con los pinceles! No sé si Alá será grande, pero lo cierto es que ellos son muy pequeños.  RAÚL ARIAS

Decía Mingote que 'humor es no tenerle miedo a pensar'. Hoy tenemos miedo al humor y a pensar. Los viñetistas de 'Charlie Hebdo' se reían de la sociedad que les tocó soportar, es decir, sobre todo de sí mismos. Sin contemplaciones y sin muros a su línea editorial. Personajes de trazo infantil que agitaban conciencias. El problema de los radicales es su falta de sentido del humor.  IDÍGORAS & PACHI

El corazón de las tinieblas late al ritmo de las letanías de los almuecines que convocan a la oración desde lo alto del cañón de un AK47 y los renglones torcidos de sus salmodias son inconciliables con las sonrisas dibujadas de la ironía. Nous sommes Charlie [Somos Charlie].  GALLEGO & REY



Actualización (9-01-2015):
Matar muriendo
    El yihadismo, que ha rebrotado en el salvaje atentado de Charlie Hebdo, aún se puede manejar o se puede ir de las manos, si no se analiza con lucidez. Según fuentes consultadas, la guerra se activaría con cacerías de musulmanes e incendios de mezquitas. Europa ha criado los chacales, una segunda generación de musulmanes que sienten complejo de culpa por la herejía de sus padres; así que van al frente y vuelven a inmolarse. Es muy difícil luchar contra alguien que entrega su vida como ofrenda a Dios. Demos gracias, suelen decir los responsables de la seguridad, de que entre los millones de musulmanes que hay en Europa los dispuestos al martirio son una ínfima minoría. También creen que dar pasos equivocados podría activar esa bomba atómica llamada matar muriendo.
    En España se siente en el subconsciente las cabalgadas de los moros, pero El Cid está bien enterrado en la nave mayor de la Catedral de Burgos, donde hay escrita una frase de Menéndez y Pidal: "A todos alcanza honra por el que en buena hora nació". Se cerró con siete llaves la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar como pedía aquel pelmazo de Joaquín Costa y no hay que vestir de GEO. Sabemos mucho de guerra santa desde niños; en las fiestas del Cristo de Mariana, que es mi pueblo, se celebraba cada 15 de septiembre las luchas entre moros y cristianos, con caballos, turbantes y discursos; tampoco ellos han olvidado.
    Después de tantos siglos de contienda, el llamado Estado Islámico tiene al-Andalus entre sus objetivos de guerra. Los estrategas del terror quieren transformar la melancolía en fanatismo. El recuerdo mítico que siente millones de musulmanes por España lo resumió Cervantes: "Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural". Claro que Cervantes no iba de multicultural o pactista. Perdió un brazo en Lepanto, estuvo cautivo en Argel y tenía mal concepto de los sarracenos; pensaba que eran embusteros, falsarios y quiméricos.
   "Recuperaremos España". En su propaganda incluyen alhambras, mezquitas y castillos y hablan como si la guerra entre ellos y nosotros no hubiera terminado. En realidad la lucha apenas ha tenido tregua. Estuvieron aquí 8 siglos y quieren reiniciar la cabalgada que empezó en el año 711, 80 años después de la muerte de Mahoma, fundador de una religión de una irresistible fuerza de expansión. Cuando Tarik cruzó el Estrecho dio orden de descuartizar a los prisioneros cristianos y mandó cocer sus partes en ollas. Proclamaron el califato y el príncipe de los creyentes residía en Córdoba.
    Cada cierto tiempo sectas islámicas más radicales sentían, como los islamistas europeos de hoy, la traición y la herejía de sus antepasados, entregados a la poesía y al fino. Venían a degollarlos. Fuimos testigos y sufridores de la eterna guerra civil entre sus sectas por el rigorismo y la ortodoxia del Islam. Hemos soportado el terrorismo y sabemos que de todas las tiranías, la religiosa ha sido siempre la más cruel.
RAÚL DEL POZO

Nueva actualización (10-01-2015):
Algunos siguen diciendo que somos los culpables
     Un drama como el de París es también un drama español, porque sabemos que estamos en la misma mirilla que nuestros compañeros. En un editorial de ABC se centraba bien lo que se nos plantea: "Europa debe prevenirse de incurrir en el extremismo opuesto al que representan los asesinos del Charlie Hebdo, pero esa prevención debe ser compatible con no olvidar que se trató de un atentado islamista y con el deber de las comunidades musulmanas de condenar, denunciar y marginar a los autores de estos crímenes. El terrorismo religioso, como el nacionalista -y bien lo sabemos en España-, tiene un caldo de cultivo social en el que se mezclan los que toleran, los que callan, los que comprenden".
    En las mismas páginas, Ignacio Camacho nos recordaba -lo que muchos necesitan- que vamos perdiendo: "Hay una guerra y la podemos perder porque nosotros dudamos y ellos no. (...) Y todavía en Europa domina la idea de que es un problema más grave la islamofobia que el islamismo. Y cuando la barbarie medieval enseña con feroz orgullo las cabezas recién cortadas nos preguntamos en qué nos estamos equivocando y qué hemos hecho mal. Pues es sencillo: nos hemos equivocado al no entender que vienen a por nosotros".
    Pero Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Autónoma de Madrid, lo sigue teniendo -en El País, naturalmente- muy claro: la culpa es nuestra: "Europa tiene muchos problemas, pero el islam no es uno de ellos. Sí lo es la tentación de negar el sello de autenticidad europea a amplias capas de su población que hacen de esta religión una seña de identidad primera. (...) Como lo es pedirles a todos los musulmanes que se posicionen cuando se producen atentados. (...) A la clase política europea le sigue costando pronunciar el término islamofobia".
    Una errata -freudiana, pensarían algunos- de El País transformaba curiosamente su editorial: en vez de describir la reacción inicial francesa al atentado como de "sangre fría", decía "sangría fría". Preludio de la sangría caliente que, por el tono del citado texto, el diario parece temerse para fechas próximas.
   Frente a lo melifluo, el latigazo de realidad de Ángela Vallvey en La Razón: "La compañía de algunos nos convierte en besugos. Frecuentar el pensamiento de otros, como Wolinski y sus compañeros de Charlie Hebdo, es una gimnasia mental. Siempre dejaban en evidencia al 'con' (gilipuertas). Hay más 'connards' que pimientos morrones. La prueba es este crimen, cometido bajo el fuego airado de, al menos, un par de 'cons'. El infame rastro del integrismo islámico está hecho de sangre, de inmoralidad. Pero también de estupidez. Ignorar, decía la locución latina, es más que errar. Las fechorías de estos criminales son patéticas, no sólo lamentables y estremecedoras, porque son fruto de su sandez".
VÍCTOR DE LA SERNA

lunes, 29 de diciembre de 2014

MÁXIMO IN MEMORIAM





Máximo fue uno de los puntales fundamentales para el desarrollo del humor gráfico en España con un trabajo tan personal como evidentemente unívoco.
ANTONIO FRAGUAS, FORGES


El humor tuvo su apogeo a final del franquismo y en la Transición, porque decía, con garbo y mucha intención, lo que no se podía decir. Para mí, el humor gráfico contribuyó a demoler el franquismo. Abrió un camino a la libertad de expresión. 
PERIDIS

miércoles, 13 de agosto de 2014

SI ME NECESITAS, SILBA





Lauren Bacall canta en la película To have and have not  (Howard Hawks, 1944), acompañada al piano por Hoagy Carmichael

El mito eterno (Elvira Lindo, 2005)

Sí, vi "Crepúsculo", mi nieta me la hizo ver, dijo que era la mejor película de vampiros de todos los tiempos. Cuando terminó yo quería golpearle la cabeza con mi zapato, y ver "Nosferatu" en vez de eso.

¡Por fin, un hombre! (en 2009, al recibir el Óscar honorífico de Hollywood)
Lauren Bacall

domingo, 23 de marzo de 2014

'A TENAZÓN'. IN MEMORIAM ADOLFO SUÁREZ

    Como escribía Carmen Rigalt esta mañana, "las despedidas son tristes, y la muerte es la despedida por excelencia... Morir es el acto más íntimo de la vida y merece un respeto".
    Adolfo Suárez, uno de los muñidores de la Democracia española, primus inter pares de quienes trazaron el camino de la Transición -ese encaje de bolillos cuyas enseñanzas se siguen estudiando en las universidades del mundo-, acaba de fallecer a los 81 años, después de una larga y penosa enfermedad. Será muy difícil (imposible) para quienes vivimos intensamente aquel período, olvidar la figura de Adolfo Suárez.
    Descanse, Presidente, y muchas gracias por haber dedicado su vida a intentar hacer más habitable este pobre, cainita y tantas veces desdichado país.

Fragmentos de Trilogía de Madrid
    Traía yo, entre las cuatro cartas de recomendación, una para un tal Adolfo Suárez, desconocido y mítico, diluido en la propia vulgaridad de su nombre y prestigiado como secretamente entre el falangismo.
    Este Suárez parece que dirigía una cadena de emisoras como del Frente de Juventudes o así, aunque su carrera política se proyectaba ya más lejos.
    Ya que no de mi voz literaria, que nadie quería escuchar, iba yo a vivir de mi laringe, si podía, pues que había sido locutor en provincias. La carta para el tal Suárez iba ya tomando la forma de la cadera que no tengo, de tanto ir y venir al despacho donde él nunca estaba.
    Una mañana, entrando yo en el portal de la emisora, por detrás de la Gran Vía, reconocí al personaje por cómo le abrían la cancela dorada del ascensor. Subí corriendo la escalera de mármol para coincidir con él en la puerta del piso, y tras él pasé hasta su despacho. Era un hombre joven y moreno que iba dejando tras de sí como un rastro de autoridad o seguridad. Debieron de pensar, incluso, que yo iba con él, porque nadie me dijo nada.
    Sentado ya en su mesa, levantó hacia mí sus ojos claros con la sorpresa de encontrarse ante él un desconocido de aspecto entredudoso, y no cualquiera de los lacayos habituales. Le eché la carta blanca y arrugada sobre la carpeta de cuero negro.
    Yo diría que la leyó a través del sobre, en un instante.
    - Que quiero ser locutor.
    (No mucho más que mi voz estaba yo dispuesto a prestar a aquel invento)
    Se levantó, dio la vuelta a la mesa y vino hacia mí.
    - Necesito algo, estoy sin trabajo, he sido locutor, tengo experiencia, que me hagan una prueba, quiero trabajar.
    - No puede usted pedirme nada así a tenazón.
    Recuerdo la palabra, vieja palabra castellana, abulense: tenazón.
    Me cogió de un brazo, con asustante energía, y me sacó del despacho.
    Bajé la escalera de mármol como si me hubieran dado una bofetada. Estaba acostumbrado a negativas blandas, confusas, dilatorias. Era la época en que el Opus Dei llevaba algunos años de reinado cultural y político, tras haber desplazado a la Falange. Por la presión de aquella mano en mi brazo, por el rigor de aquel hombre, por la sequedad de su voz, comprendí que, según los rumores más auspiciativos, el llamado Movimiento estaba volviendo -pronto estallaría el caso Matesa, desarbolando la política y la economía del Opus-, y que había hombres de una energía nueva para hacerse con el poder.
    Llevaba en la mano mi vieja cartera de cuero, con recortes, cartas y artículos, y la miré como si no fuese mía.
    La Gran Vía volvía a acogerme, inerme y devuelto, sin nada que hacer, salvo sentarme en un banco a mirar los cartelones de los cines y las piernas de las mujeres. Siempre me levantaba unos momentos antes de que los transeúntes comenzasen a echarme monedas.
    A tenazón. De modo que a tenazón. Aquellos no eran los modales cremosos y misales del Opus Dei.
    Algo iba a pasar.
    A tenazón sacaría aquel hombre de ojos claros, siglos más tarde, del Consejo Nacional del Movimiento, Plaza de la Marina Española, a todos los consejeros falangistas, uno por uno. A tenazón.
    A tenazón quitaría las inmensas flechas de los Reyes Católicos, el yugo de Alcalá, 44. A tenazón le sacarían a él de su despacho de presidir la historia de España. A tenazón. Qué hermosa palabra castellana, qué fuerte, qué de herrero o herrería.
    Un aumentativo de tenaza, supongo.
[...]
    Las primeras elecciones generales y democráticas fueron como una quema de brujas en seco, quema a la que asistieron, en la plaza de todos los pueblos del país, incluso los muertos de la guerra civil (ambos bandos), creyendo que eran las fiestas. La guapa gente de derechas no comprendía aquello. Bajaron las persianas con buena cuerda del barrio de Salamanca y Suárez les parecía un rojo porque había legalizado a Santiago Carrillo "a tenazón".
    Pero también la resistencia estaba un poco desconcertada, Oliver ya no era de Marsillach, Marcelino Camacho salía de Carabanchel y a su mujer la cogió con un jersey a medio calcetar.
    Fue cuando los antifranquistas de posse comprendieron secretamente que ellos no habían nacido para vivir en libertad. Empezaron a secárseles las pilas de todos los timbres que vos apretás, y cerró Cuadernos para el Diálogo. El nacionalcatolicismo dialogante -Gil Robles padre/hijo, Ruiz Giménez- no sacó un voto. La izquierda recreativa descubría, tarde, que María Asquerino, más María que nunca, había dejado el rincón cinematográfico de Oliver por el rincón catalán/madrileño de Boccaccio.
[...]


    "A tenazón". Me vino la frase remota de cuando Suárez me echó de su modesto despacho. A tenazón. A tenazón creó un partido de la nada, sin ideologías, sin doctrina. A tenazón ganó unas elecciones, otras, no sé. Y a tenazón cayeron sobre él sus cortesanos y le pusieron en la calle, no sin antes haberle asesinado políticamente, por la espalda, con un puñal de papel de barba. De modo que lo dejaron en la acera, para que se lo llevasen los basureros de la Historia, fue un bocoy vacío, un pellejo de vino sin vino, o con un resto agriado que al propio Suárez debía de saberle a vinagre.
[...]
FRANCISCO UMBRAL