Chuck Berry - The Legend

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viernes, 8 de enero de 2016

NI PODEMOS NI DEBEMOS

Como están de actualidad las listas, comenzaré con la de quienes pueden saltarse este artículo con tranquilidad, porque la cosa no va con ellos... o como si no fuera. En primer término, los que forman el partido mayoritario del país según las últimas elecciones, dos millones de votos por delante del siguiente. Me refiero, claro está, a quienes no votan, sea porque están en la inopia ("¡y yo qué sé!") o porque creen pertenecer a la élite ("a mí no me engañan, yo no entro en el juego"). En los comicios con mayor oferta política de nuestra historia reciente no han encontrado motivo para salir de casa (excluyo, por supuesto, a los miles que quisieron votar desde el extranjero y no pudieron hacerlo por una infecta burocracia). La verdad es que no merecen vivir en un país democrático, sino en un establo con televisión y ADSL. Ahí seguirán, hasta que el voto obligatorio les recuerde que son ciudadanos mal que les pese.

Tampoco aspiro a dirigirme a la secta de los cambistas, los adictos en cuerpo y alma al cambio. No a mejorar, a perfeccionar o a corregir, sino a cambiar. Sea adelante, atrás, a derecha o izquierda, eso va en gustos. Odo Marquard, genial pensador minimalista lleno de humor, no un chistoso barato como Zizek, que murió a mediados de pasado año ignorado por nuestros medios, dice: "El prejuicio más fácil de cultivar, el más impermeable, el más apabullante, el prejuicio de uso múltiple, la suma de todos los prejuicios, es el que afirma que todo cambio lleva, con certeza, a la Salvación, y mientras más cambio haya, mejor". Como voy a intentar exponer razones para evitar el cambio en un punto importante de nuestro ordenamiento político, cuyos adversarios invocan precisamente la necesidad de cambio para liquidarlo, sólo encontraré oídos impermeables a la argumentación en los fascinados por la palabreja de marras.

Y por supuesto nada tengo que decir a los enclaustrados en lo que llaman "pragmatismo", o sea, los que más allá del Ibex, la prima de riesgo, la tasa de crecimiento o de afiliados a la seguridad social —todo ello muy respetable, desde luego— se contentan con las más obvias letanías: la ley está para cumplirla, la unidad de España no está en venta, queremos muchísimo a los catalanes, y a los vascos es que los adoramos, ay, ¡la gula del Norte! El lema de esta buena gente, porque suele serlo, es: "No nos metamos en honduras". Nada de explicar con demasiadas teorías la ley, o la unidad, o lo que sea. Lo importante es que no haya jaleo y que los irredentos sepan que todas sus diferencias son bienvenidas y que la Constitución está para dar gusto a todos y que estén cómodos en ella. Si no, se cambia a tal efecto. A fin de cuentas, los nombres de las cosas son lo de menos, lo que cuenta es el business as usual. O, como canta la jota, "que me llamen como quieran, mientras sea de Zaragoza".

Para el resto, si es que queda todavía alguien por ahí, van las explicaciones prometidas. Porque creo que es imposible combatir racional y democráticamente contra ideologías dañinas, pero muy asentadas, si se renuncia a dejar claro el fundamento de lo que se defiende frente a ellas. O aún peor, si se maneja el mismo lenguaje que el de los antagonistas, pero con invocaciones a que toda exageración es mala o que dentro de la ley todo es posible. Se asegura que es imprescindible para la paz social del país reconocer que España es una entidad plurinacional. No hay inconveniente en asumir algo tan obvio. De hecho, todos los Estados modernos son plurinacionales, siempre —claro está— que esas naciones sean entendidas como realidades culturales.

Los ciudadanos se reconocen en una de ellas o se adscriben a la que prefieren según sus avatares biográficos, aunque lo más corriente es que bajo su opción preferente incluyan elementos significativos de las otras que forman el puzle del país. Esas "naciones" se modifican constantemente, en buena medida por la irrigación de gente de otras latitudes que se instalan a vivir en su ámbito tradicional, pese a los esfuerzos de los guardianes de las esencias por redefinir una y otra vez "lo de aquí" frente a "lo de fuera". Los nacionalistas locales quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política. Es decir, convierten las culturas —optativas, cambiantes, mestizas— en estereotipos estatalizables de nuevo cuño, que definen ciudadanías distintas a la del Estado de derecho común. Aquí comienza lo inadmisible.

Porque precisamente esa fragmentación no aumenta, sino que restringe la libertad de cada cual. Al repartir la ciudadanía por módulos culturales transformados en políticos, se priva a los individuos de su disponibilidad de administrar sus identidades personales como deseen dentro de un marco común que las trasciende y a la vez las acoge democráticamente. La ley estatal compartida, constitucional o similar, permite una igualdad que también Odo Marquard definió inmejorablemente: "Igualdad significa que todos pueden ser diferentes sin temor". Y sin que esa capacidad libre de autodefinición cultural coarte la capacidad de otros conciudadanos de decidir políticamente sobre lo que atañe a todos.

Tal es la concepción democrática contemporánea, cada vez más alejada de las determinaciones del terruño propias de siervos de la gleba, abierta a la inclusión de los inmigrantes en busca de derechos que puedan llegar de cualquier parte. Y por eso las consultas políticas parciales determinadas por territorios —como si los ciudadanos nativos de una localidad o empadronados en ella se transmutasen en miembros de un estado virtual oprimido por la realidad democrática vigente— son, cualquiera que fuese su resultado, mutiladoras de la integridad del resto de la ciudadanía. En España no hay ningún problema territorial, aunque cualquier división administrativa del Estado admite mejoras o reformas, sino un atentado separatista contra el derecho a decidir de todos y cada uno de los ciudadanos miembros del país.

Piden diálogo. No parece fácil. Oí en Espejo público a García Page contestar bien a un nacionalista que le preguntó por qué no referéndum en Cataluña: sería conceder de antemano lo que se pretende preguntar, porque la autodeterminación no consiste en irse, sino en poder elegir entre irse o quedarse sin contar con los demás. Su interlocutor comentó: "Bueno, seguiremos intentándolo". Como quien oye llover. En su ensayo L’art de conférer, uno de los mejores, Montaigne hace una encendida defensa del diálogo y la controversia, proclama que prefiere el coloquio con quien piensa distinto que él porque así aprende más, etcétera... Pero también advierte: "Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no sólo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia". Yo, siempre con Montaigne.
FERNANDO SAVATER,  El País, 07/01/2016

sábado, 12 de septiembre de 2015

RAUXA1

Contaba Juan Benet que en la mili tuvo un sargento vociferante que les daba lecciones de patriotismo. Haciéndose el lerdo, Benet le dijo que no entendía bien qué era eso. “¡Muy fácil! —rugió el sargento—. Imagina que te encuentras con un francés. ¿No te da rabia? Pues eso es patriotismo”. Tengo la sospecha de que éste es el tipo de patriotismo que manejan los nacionalistas en Cataluña, el de la rauxa ante ese tentetieso llamado “españolista” o “Madrit”, arrebato para el que luego buscan justificación en expolios inverosímiles y humillaciones prefabricadas. Dijo Montherlant que no deseamos a alguien por su belleza, sino que exigimos belleza para justificar nuestro deseo. Del mismo modo, los nacionalistas catalanes no detestan a España por los agravios sufridos, sino que la exigen agraviadora para justificar que la detesten.

Contra ese rechinar de dientes inducido, del que algunos esperan obtener dividendos políticos, poco pueden las dulzonas exhortaciones a que demostremos más cariño a los catalanes para compensar sus penas, como si fuesen esas desteñidas madonas que van a Sálvame para contar que buscaron amor y hallaron traición… cobrando por la confidencia. Desde Podemos, más libidinosos porque son modernos oficiales, predican que sólo la “seducción” será capaz de unir dentro del Estado a quienes quieren hacer rancho aparte. Rajoy debe apoyarse en el quicio de la mancebía y probar la caída de ojos, confiando en el atractivo hipster de su barba…

En semejante derroche sentimental de enfurruñamientos azuzados por domadores mediáticos y mimos por encargo de oportunistas azorados viene a quedar reducida la ciudadanía de un Estado de derecho en el siglo XXI. ¡Qué funesto camino! Como diría el sargento de Benet, cuando ves tanta majadería desfilar en carroza, ¿no te da rabia?
FERNANDO SAVATER, El País, 12/09/2015
1 Arrebato.

sábado, 11 de julio de 2015

AY, ESTA GRECIA!


Respuesta

Antes, digno y orgulloso era quien se negaba pedir prestado aunque se estuviese muriendo de hambre. ¿Por qué ahora la dignidad y el orgullo se demuestran negándose a devolver o compensar lo que se pidió sin vergüenza? ¿Por qué es llamado "terrorista" el que presta 240.000 millones de euros a un país arruinado por sus eternas vacaciones fiscales y unas pensiones sobredimensionadas, pero no quiere que sea a fondo perdido? ¿Por qué son ahora sólo los "acreedores" y no los "benefactores"? ¿A qué llaman los actuales gobernantes griegos "chantaje" al quejarse, cuando son ellos los que recuerdan a los judíos subversivos de La vida de Brian: "¡Raptaremos a la mujer de Pilatos, se la iremos enviando a trozos hasta que disuelvan el Imperio Romano y quede claro que no admitiremos chantajes!"?

¿Por qué son las exigencias de la troika las que hacen sufrir a la población griega y no tiene culpa el Gobierno que se niega a fiscalizar como es debido al Ejército, la Iglesia ortodoxa y los armadores, potentados que deberían salvar con sus impuestos a la patria en bancarrota? ¿Por qué el chapucero referéndum que apelaba a "la bestia sarnosa del nacionalismo" (Stefan Zweig) va a salvar el futuro de la Unión Europea, en lugar de llenarlo de tinieblas? ¿Por qué tantos creen, en Grecia o España, que quienes siempre han calumniado a la "democracia burguesa", han tachado de "criminal" al capitalismo y aborrecen la "Europa de los mercaderes", son los más adecuados para impulsar las reformas realistas que sin duda exigen las deficiencias de nuestra liga de naciones?

La respuesta la dio Erasmo, el primer europeísta: "El espíritu del hombre está de tal modo constituido que la mentira tiene en él 100 veces más influencia."
FERNADO SAVATER

miércoles, 28 de julio de 2010

TAUROMAQUIAS

Salto del toro - Fresco del palacio de Knossos - 1600 a.C. - Creta
Toro cretenseHércules y el toro de Creta












La Tauromaquia - Francisco de Goya





















Toros y toreros - Pablo Picasso























Miquel Barceló












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Actualización (29-07-2010):
Radiografía del toreo en España
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Nueva actualización (29-07-2010):

No soy aficionado a los toros, pero su prohibición refleja la grave situación que atraviesa el país. Simboliza la tendencia de todos los partidos políticos de acabar con aquello que no les gusta. Es un síntoma de una sociedad represiva, histérica y, en cierto modo, totalitarista. Javier Marías

Mi abuelo era muy aficionado, conozco el mundo taurino, pero nunca me ha gustado. Visto fríamente me parece una barbaridad, por muy costumbre española que sea. Apoyo la prohibición porque me parece un avance contra una salvajada. A mí me gustan los toros, pero en el campo. Fernando Colomo
Parece un asunto de la familia Corleone y de los Balañá. Vulnera totalmente los derechos de los aficionados: ¿por qué hemos de quitarles aquello que les gusta?. En Cataluña no hay tonto alguno que se crea que es una cuestión de amor a los animales. Todos sabemos que es un ataque directo a los símbolos de la españolidad.
Ignacio Vidal-Folch
A los jóvenes ya no les interesan las corridas, al final acabarán por desaparecer. Está claro que son y siempre serán un símbolo de identidad de España, pero no hay que olvidar que tienen que ver con la muerte y el maltrato animal. Berta Marsé

Es un tema lo suficientemente importante como para que el presidente del Gobierno se hubiera pronunciado. Se ve que el PSOE desconoce su historia taurina: Indalecio Prieto era un gran aficionado, al igual que muchos exiliados republicanos en Francia y México. Antes era Franco y ahora, estos curas ideológicos.
Agustín Díaz Yanes

Los toros pueden gustar o no, pero que un Parlamento prohíba una costumbre arraigada que, además, implica una cierta forma de vida es un procedimiento inquisitorial. Los Parlamentos están para lograr que, dentro de la ley, convivan opciones morales diferentes, no para imponer una moral determinada. No es una medida antiespañola, porque, si bien prohíbe los toros, por otro lado reinventa la Inquisición, lo cual les mantiene dentro de la tradición española más castiza. El ánimo censor ya estaba en el Estatut, una pieza legal maníaca en la regulación de todos los gestos, actos, salidas y entradas de cada uno de los ciudadanos. Fernando Savater

Prohibir los toros atenta contra la libertad. Pere Gimferrer
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Seguimos actualizando (30-07-2010):
Un capítulo del antiespañolismo catalán

Artículos en contra de los toros

domingo, 18 de enero de 2009

PENSAMIENTO LIBRE

Fernando Savater
Arcadi Espada
Como el que se desprende de la conversación mantenida por Arcadi Espada y Fernando Savater en la casa madrileña de éste último:

A. E.: Creo que a usted no le gusta la cocina moderma. Me sorprende que un hombre con semejante capacidad reaccionaria, porque no es sólo la cocina moderna, sino también la psicología evolucionista...
F. S.: Ja, ja.
A. E.: ... digo, en fin, que pase usted por progresista.
F. S.: No, no hay mayor misterio. Yo soy progresista pero antimoderno, que claro, no es lo mismo.
......
A. E.: ... ¿Ha visto la última película de Iñaki Arteta, El infierno vasco?
F. S.: No, aún no.
A. E.: Va de desterrados. Hay algo sorprendente. Aún los más reticentes hablan como los nacionalistas respecto de la tierra.
F. S.: No me extraña. Ahí pasa algo extraño. Por ejemplo, los policías, que están allí. Todos recuerdan aquello como si fuera el paraíso terrenal. El sitio donde ellos vivían escondidos. Iker Casillas se llama Iker porque su padre es un guardia civil que estuvo allí. Y al hijo le puso Iker.
A. E.: Es extraño: Igual, en su RH, los vascos tienen el gen de la melancolía. ¡El RH melancólico!
F. S.: Hay una familiaridad en el trato que no se encuentra fuera de allí. Los que nos hemos criado allí echamos mucho de menos ese trato. A mí, por lo pronto y fuera de San Sebastián, todo el mundo me parece como muy estirado, muy formal en la vida cotidiana: en el banco, etcétera.
.....
A. E.: ... ¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos?
F. S.: La capacidad simbólica.
A. E.: Y un bebé, ¿qué capacidad simbólica tiene?
F. S.: La que va a tener. Aristóteles, cuando hablaba de la potencia, estaba refiriéndose a eso. La Humanidad no es un programa genético natural. La Humanidad es una cosa que nos damos unos a otros. Porque el ser humano nace sin hacer. Tú coges un chimpancé bebé y lo que te asombra es, desde pequeñito, lo listo que es el chimpancé y lo tonto que es el niño. Pero claro, el chimpancé cuando tiene cuatro años se ha acabado, y el niño empieza. ¿Por qué empieza? Porque nacemos dos veces. Una en el útero materno y otra en el útero social. Y ese útero social es el que nos hace humanos. Hay disposiciones innatas. Incluso el lenguaje, de creer a Chomsky. Pero disposiciones que no se cumplen salvo que las active la sociedad. Es decir, por muy innata que sea la capacidad del lenguaje, nadie se pone a hablar en una lengua solo.
.....
A. E.: Lo que yo le pregunto al profesor de Ética es dónde sitúa él los valores.
F. S.: Pero es que eso da igual. Yo podría decirle dónde les sitúo yo, pero usted podría decirme que conoce a otro señor que los sitúa en otro sitio, y tendría razón. No, el problema es que yo digo que tenemos que situarlos legalmente, para que sean colectivamente aceptables en un punto en que decidamos, y moralmente cada persona tendrá que enfrentarse con el dilema. Yo creo que es muestra de salud moral el que una persona dude antes de abortar, aunque el niño tenga una semana.
A. E.: Es un problema moral como también lo es hacer daño a un animal.
F. S.: Yo creo que, efectivamente, nosotros podemos crearnos responsabilidades. A mí me parece que bombardear el Museo del Louvre es una responsabilidad moral aunque no haya nadie dentro. La memoria humana es una cosa respetable.
A. E.: La pregunta es si la ciencia nos puede ayudar en esos dilemas morales a la hora de distinguir, o a la hora de objetivar, lo que es malo. Porque puede llegar un momento en que se distinga claramente en el proceso de creación de la vida un instante en el que exista conciencia.
F. S.: La ciencia no fundamenta la ética, sino que ayuda a saber las cosas en que tenemos que pensar. Aristóteles basaba sus lecciones morales en la ciencia que él tenía. Porque la ciencia era la descripción del mundo y la moral actúa en el mundo existente, en el mundo real. Entonces Aristóteles no hacía reflexiones de biogenética porque no había biogenética, pero nosotros sí, porque sí la hay.
A. E.: La cuestión es cómo ese conocimiento va a cambiar nuestros patrones morales.
F. S.: Básicamente, los patrones morales no cambian. Uno puede decir que hay que respetar la vida humana, lo que pasa es que ahora entendemos que vida humana es hasta aquí y no hasta allá. Pero lo que quiero decir es que nunca la ciencia puede decidir un problema moral.
A. E.: No lo creo. La ciencia crea y destruye éticas. La relación que uno tenga con los animales, y con los hombres, y con Dios, antes y después de Darwin no es la misma.
F. S.: Bueno la verdad es que Cioran tiene un hermoso aforismo que dice: "El gorila es un animal melancólico. Yo desciendo de su mirada". Uno ve al gorila, y esa mirada del gorila, y en efecto uno se dice: "De ahí venimos".
Extraído del Magazine de El Mundo