Chuck Berry - The Legend

domingo, 13 de diciembre de 2015

EL CONTRATO SOCIAL O PRINCIPIOS DEL DERECHO POLÍTICO (Fragmentos)/ 3

LIBRO III
CAPÍTULO XV
Los diputados o representantes
Tan pronto como el servicio público deja de ser la cuestión principal para los ciudadanos y éstos prefieren servir con su dinero antes que con su persona, el Estado se encuentra ya cerca de su ruina. ¿Que hay que ir al combate? Pagan tropas y se quedan en sus casas. ¿Que hay que ir al consejo? Nombran diputados y se quedan en sus casas. A fuerza de pereza y de dinero terminan teniendo soldados que sojuzguen a la patria y representantes que la vendan.

El movimiento del comercio y de las artes, el ávido interés de la ganancia, la indigencia y el amor a las comodidades, hacen cambiar los servicios personales por dinero. Se cede una parte del beneficio personal para aumentarlo a placer. Dad dinero y pronto tendréis cadenas. La palabra finanzas1 es palabra de esclavos; no se la conoce en la ciudad. En un Estado verdaderamente libre los ciudadanos lo hacen todo con sus manos y nada con el dinero; lejos de pagar para librarse de sus deberes, pagarían por cumplirlos ellos mismos. Estoy muy lejos de lo que corrientemente se piensa: considero que las prestaciones personales son menos contrarias a la libertad que los impuestos.

Cuanto mejor constituido está el Estado, más prevalecen los asuntos públicos sobre los privados en el espíritu de los ciudadanos. Incluso hay muchos menos asuntos privados, porque al proporcionar la suma del bienestar común una porción mayor que el de cada individuo, le queda menos que buscar en los asuntos particulares. En una ciudad bien guiada, todos acuden corriendo a las asambleas; con un mal gobierno, nadie quiere dar un paso para dirigirse a ellas; porque nadie presta interés a lo que allí se hace, pues se prevé que no dominará en ellas la voluntad general, y a fin de cuentas las atenciones domésticas lo absorben todo. Las buenas leyes impulsan a hacer otras mejores; las malas acarrean otras peores. En cuanto alguien dice de los asuntos del Estado: "¿A mí qué me importa?", hay que considerar que el Estado está perdido.

El enfriamiento del amor a la patria, la actividad del interés privado, la gran extensión de los Estados, las conquistas, el abuso del gobierno, todo ello ha dado lugar a la existencia de diputados o representantes del pueblo en las asambleas de la nación. A esto es a lo que en ciertos países se atreven a llamar "tercer Estado". Así, el interés particular de los dos órdenes es colocado en el primero y el segundo rangos en tanto que el interés público se coloca en el tercero2.

La soberanía no puede ser representada, por la misma razón que no puede ser enajenada: consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no se representa; o es ella misma, o es otra: no hay término medio. Los diputados del pueblo no son, pues, ni pueden ser sus representantes, no son más que sus delegados; no pueden acordar nada definitivamente. Toda ley que no haya ratificado personalmente el pueblo es nula; no es una ley. El pueblo inglés se cree libre, y se equivoca de parte a parte; sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento; en cuanto los ha elegido, es esclavo, no es nada. Por el uso que hace de su libertad en los breves momentos en que disfruta de ella merecería perderla.

La idea de los representantes es moderna: procede del gobierno feudal, de ese inicuo y absurdo gobierno en el que se ha degradado la especie humana y en la que se ha deshonrado el llamarse hombre. En las antiguas repúblicas, e incluso en las monarquías, jamás tuvo el pueblo representantes; no se conocía esta palabra. Es muy curioso que en Roma, donde los tribunos eran tan sagrados, ni siquiera se les ocurriera que pudiesen usurpar las funciones del pueblo, y que, en medio de una multitud tan grande, nunca intentaran aprobar ni un plebiscito con su sola autoridad. Considérese, sin embargo, las dificultades que acarreaba a veces el gentío, por lo que sucedió en tiempo de los Gracos, en que una parte de los ciudadanos tuvo que emitir su voto desde los tejados.

Donde el derecho y la libertad lo son todo, los inconvenientes no cuentan nada. En este pueblo sabio todo se situaba en su justa medida; dejaba hacer a los lictores lo que sus tribunos no se hubiesen atrevido a hacer; no temían que sus lictores quisieran representarlos.

Para explicar, sin embargo, cómo los representaban los tribunos algunas veces, basta pensar cómo representaba el gobierno al soberano. Por no ser la ley más que la declaración de la voluntad general, es evidente que el pueblo no puede ser representado en el poder legislativo; pero puede y debe serlo en el poder ejecutivo, que no es sino la fuerza aplicada a la ley. Esto demuestra que, examinando bien las cosas, encontraríamos muy pocas naciones que tuviesen leyes. De cualquier modo, es seguro que los tribunos, que no tenían parte alguna en el poder ejecutivo, nunca pudieron representar al pueblo romano por los derechos de sus cargos, a no ser que usurparan los del senado.

Entre los griegos, cuanto tenía que hacer el pueblo lo hacía por sí mismo: constantemente estaba reunido en la plaza. Disfrutaba de un apacible clima, no era ansioso, los esclavos hacían sus trabajos, su interés central era la libertad. No teniendo las mismas ventajas, ¿cómo conservar los mismos derechos? Vuestros climas más duros os crean más necesidades3; durante seis meses del año no se puede usar vuestra plaza pública, vuestras sordas lenguas no pueden hacerse oír al aire libre: os importa más vuestro beneficio que vuestra libertad, y teméis mucho menos la esclavitud que la miseria.

¿Cómo? ¿Que la libertad sólo se mantiene con el sostén de la servidumbre? Quizás. Los extremos se tocan. Todo lo que no está en la naturaleza tiene sus inconvenientes, y la sociedad civil más que todo el resto. Hay situaciones tan desdichadas que en ellas no se puede conservar la libertad más que al coste de la de otro, y en que el ciudadano no puede ser perfectamente libre a no ser que el esclavo sea totalmente esclavo. Esa era la situación de Esparta. En cuanto a vosotros, pueblos modernos, no tenéis esclavos, pero lo sois; pagáis su libertad con la vuestra. Por más que alabéis esa preferencia, yo veo en ella más de cobardía que de humanidad.

No quiero decir con esto que haya que tener esclavos ni que el derecho de esclavitud sea legítimo, puesto que he demostrado lo contrario. Digo sólo las razones por las que los pueblos modernos, que se creen libres, tienen representantes y por qué los pueblos antiguos no los tenían. De cualquier forma, desde el momento en que un pueblo nombra a quien le represente, ya no es libre, ya no existe.

Teniéndolo todo muy en cuenta, no veo que en lo sucesivo le sea posible al soberano conservar entre nosotros el ejercicio de sus derechos, a no ser que la ciudad sea muy pequeña. Pero si es muy pequeña, ¿será sometida? No. Después demostraré4 cómo puede reunirse el poder exterior de un gran pueblo con la administración fácil y el buen orden de un pequeño Estado.
Traducción de Enrique López Castellón
1 La palabra finance no tenía en el francés antiguo el mismo sentido que hoy, ya que designaba el dinero con que se compraba un cargo. En este sentido la usa Rousseau. (N. del T.)
Cuando Rousseau habla del "soberano" y de la "autoridad del soberano", habla naturalmente del pueblo. (N. de J. N.)
2 Alude a los Estados Generales, que se constituían por delegados de los tres órdenes. (N. del T.) Los tres ódenes eran el Clero, la Nobleza y el Tercer Estado (todos los que no pertenecían al Clero o a la Nobleza) (N. de J. N.)
3 Adoptar en los países fríos el lujo y la molicie de los orientales es querer darse a sí mismo sus cadenas; es someterse a éstas más necesariamente aún que a aquellos. (Rousseau)
4 Es lo que me había propuesto hacer en la continuación de esta obra, cuando al tratar de las relaciones externas hubiera llegado a las confederaciones. Se trata de una materia totalmente nueva cuyos principios están aún por establecer. (Rousseau). El autor alude a una obra amplia que pensaba escribir: Institutions Politiques. (N. del T.)

Fragmentos de El contrato social o Principios del derecho político, de Jean-Jacques Rousseau.

EL CONTRATO SOCIAL O PRINCIPIOS DEL DERECHO POLÍTICO (Fragmentos)/ 2

LIBRO III
CAPÍULO IV
LA DEMOCRACIA
Quien hace la ley es el que mejor sabe cómo se debe ejecutar e interpretar. Parece, pues, que no podría haber mejor constitución que aquella en la que el poder ejecutivo está unido al legislativo. Pero esto mismo hace insuficiente a ese gobierno en ciertos aspectos, porque no se distingue lo que se debe distinguir y porque al no ser el príncipe y el soberano1 sino la misma persona, no forman, por así decirlo, más que un gobierno sin gobierno.

No es bueno que quien hace las leyes las ejecute, ni que el cuerpo del pueblo aparte su atención de los puntos de vista generales para fijarla en los objetos particulares. Nada hay más peligroso que la influencia de los intereses particulares en los asuntos públicos; pues que el gobierno abuse de las leyes es un mal menor al lado de la corrupción del legislador, consecuencia inevitable de que prevalezcan puntos de vista particulares. Al hallarse entonces alterado en su sustancia el Estado, se hace imposible toda reforma. Un pueblo que nunca abusara del gobierno, tampoco abusaría de su independencia; un pueblo que siempre gobernara bien no tendría necesidad de ser gobernado.

Si tomamos el término en su acepción más rigurosa, nunca ha existido una verdadera democracia, y jamás existirá. Es contrario al orden natural que gobierne el mayor número y que sea gobernado el menor. No puede imaginarse que el pueblo permanezca constantemente reunido para ocuparse de los asuntos públicos, y fácilmente se ve que para esto no podría establecer comisiones sin que cambiara la forma de la administración.

Efectivamente, creo poder afirmar, en principio, que cuando las funciones del gobierno se reparten entre varios tribunales, los menos numerosos adquieren, tarde o temprano, la mayor autoridad; aunque no fuera más que a causa de la facilidad de despachar los asuntos, que naturalmente se someten a su consideración.

Además, ¿cuántas cosas difíciles de reunir no supone este gobierno? En primer lugar, un Estado muy pequeño en que sea fácil congregar al pueblo y en que cada ciudadano pueda conocer fácilmente a todos los demás; en segundo lugar, una gran sencillez de costumbres, que evite multitud de cuestiones y de discusiones espinosas; además, mucha igualdad en las categorías y en las fortunas, sin lo cual no podría subsistir mucho tiempo la igualdad en los derechos y en la autoridad; por último, poco o nada de lujo, porque o el lujo es consecuencia de las riquezas, o las hace necesarias; corrompe a la vez al rico y al pobre; al rico por poseerlas y al otro por ambicionarlas; entrega a la patria a la molicie, a la vanidad; priva al Estado de todos sus ciudadanos para hacerlos esclavos unos de otros, y todos de la opinión.

He aquí por qué un célebre autor2 ha considerado que la virtud constituye la base de la república, porque todas estas condiciones no podrían subsistir sin la virtud; pero por no haber hecho las necesarias distinciones, a este gran genio le ha faltado a menudo exactitud, a veces claridad, y no ha visto que, al ser la autoridad soberana la misma en todas partes, el mismo principio debe darse en todo Estado bien constituido, más o menos, por supuesto, según la forma de gobierno.

Añadamos que no hay gobierno tan sometido a las guerras civiles y a las agitaciones intestinas como el democrático o popular, porque no hay ninguno que tienda tan fuerte y tan continuamente a cambiar de forma ni que exija más vigilancia y valor para ser mantenido en la suya. En esta constitución, sobre todo, el ciudadano debe armarse de fuerza y de constancia y decir cada día en el fondo de su corazón lo que decía un virtuoso palatino en la Dieta de Polonia: Malo periculosam libertatem quam quietum servitium3.

Si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente, pero no conviene a los hombres un gobierno tan perfecto.
Traducción de Enrique López Castellón
1 Cuando habla del soberano, Rousseau lo hace del pueblo. (N. de J. N.)
2 Se refiere a Montesquieu, El espíritu de las leyes, III, 3. (N. del T.)
3 Prefiero una libertad peligrosa antes que una esclavitud tranquila. (N. del T.)

Fragmentos de El Contrato Social o Principios del Derecho Político, de Jean-Jacques Rousseau.

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿POR QUÉ NO PODEMOS LLEVARNOS TODOS BIEN?


Las críticas irresponsables de aquellos que 
nunca han estado ni jamás esperan 
estar en el poder.
George Orwell

En la película ¡Mars Attacks!, una hilarante comedia negra estrenada en 1996, los invasores extraterrestres ya han liquidado a medio mundo cuando su líder y un par de diminutos guardaespaldas se encuentran cara a cara con el presidente de Estados Unidos, interpretado por Jack Nicholson. El presidente, solo en su despacho, apela a la bondad de los enemigos de la humanidad. "¿Por qué no crear en vez de destruir?", les ruega. "¿Por qué no podemos llevarnos todos bien?".
Acto seguido, el jefe de los marcianos lo mata, se acerca al cadáver y le ofrece un burlón saludo militar.

No es del todo absurdo suponer que el idealista de izquierdas que preside el partido laborista británico, Jeremy Corbyn, intentaría responder de manera similar al ficticio presidente en caso de verse arrinconado por un terrorista del Estado Islámico (ISIS). Sería un gesto consecuente con la visión del mundo que comparte con sus correligionarios en Europa, EE UU y América Latina. Siendo inglés, Corbyn quizá les invitaría primero a tomar una taza de té.

Corbyn y Bernie Sanders, el estadounidense que aspira a la candidatura presidencial del Partido Demócrata, y los muchos que comparten su pavloviano antiimperialismo en todo el mundo insisten, con irreductible vigor tras los atentados de París, en que las intervenciones militares de Occidente en Oriente Próximo crearon el fenómeno yihadista. Lo dijo Sanders en un debate con Hillary Clinton la semana pasada: "La desastrosa invasión de Irak condujo al ascenso de Estado Islámico".

Algo de razón tiene. El psicópata exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney y sus perritos de falda -en orden de tamaño, George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar- rompieron el tiránico equilibrio en la región con su alocada invasión de Irak. No se puede saber qué estaría pasando hoy si Sadam Hussein siguiese en el poder, quizá la situación sería incluso más anárquica de lo que es, pero no se puede descartar la hipótesis de que hubiera frenado la yihad en seco combatiendo el terror, como era su costumbre, con más terror.

Por otro lado, se podría argumentar también que si Barack Obama no hubiera retirado las tropas estadounidenses de Irak, el ISIS no hubiera podido imponer su "califato" en Siria e Irak. Y, ya que estamos, ¿por qué no vamos más lejos? Si la actitud de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y demás aliados hubiera sido menos vengativa después de la Primera Guerra Mundial, si el Tratado de Versalles hubiera sido más generoso con los alemanes, es probable que Hitler no hubiese llegado al poder y el mundo se hubiera ahorrado el horror de la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de seis millones de judíos.

El problema de ir por el camino de que la culpa la tienen los Gobiernos de Occidente es que propone como eje original del mal a aquellos que en el fondo defienden lo que Estado Islámico desprecia y los nazis despreciaban: la libre expresión, la soberanía de la ley y los demás elementos básicos de la democracia que permiten que los Corbyn, Sanders, Podemos, Syriza, incluso el Frente Nacional francés y otros que se oponen al estatus quo puedan competir en el terreno político sin temor a caer presos o ser asesinados. Al atribuir la responsabilidad por las masacres de París a Gobiernos electos de Europa y EE UU se plantea una grotesca equivalencia moral con los tontos inútiles, en varios casos exyonquis o delincuentes de poca monta, que han encontrado la redención personal en una ideología que rinde culto a la muerte, que cree contar con apoyo divino cuando decapita a infieles, lanza a homosexuales desde altos edificios, apedrea a mujeres supuestamente adúlteras y viola, esclaviza o prostituye a niñas de 13 años. Es verdad que los bombardeos de la aviación de EE UU y sus aliados han causado las muertes de civiles. De muchos. Demasiados. Pero hay una diferencia. Cuando mueren inocentes, Obama lo lamenta. El ISIS lo celebra.

El hecho es que, como dijo la semana pasada el jefe del servicio interno de inteligencia de Alemania, nos enfrentamos a "una guerra terrorista mundial". Hay que tomar partido. No es hora de seguir bañándose en las aguas tibias del buenismo. Uno se puede sentir muy satisfecho consigo mismo oponiéndose a la guerra, al "imperialismo neoliberal", a la vigilancia policial y tal, pero los tiempos exigen debates constructivos y respuestas concretas, sin cerrar los ojos a la dura realidad de que en el mundo político real no hay más remedio a veces que ensuciarse las manos, sacrificar la pureza moral y elegir entre lo malo y lo peor. No es suficiente en la emergencia actual declarar que la paz es un principio innegociable -la paz no es un principio, es una circunstancia- o que debemos luchar más contra el enemigo dentro que el enemigo fuera.

El argumento irrefutable contra la tesis que predica una simple conexión causa y efecto entre la política exterior de los países ricos de Occidente y el ascenso del Estado Islámico es que la enorme mayoría de sus víctimas no son europeos o estadounidenses sino habitantes de Siria o Irak, principalmente musulmanes. A los que les incomoda la idea de tomar partido junto a Obama, Cameron, Hollande y compañía, que salvaguarden sus conciencias convenciéndose que lo hacen a favor de aquellos miserables de la tierra que están en el punto de mira del ISIS todos los días del año. Es hora de que los tontos útiles dejen de serlo y se definan, empezando por identificar sin ambigüedades quién hoy es el principal enemigo de la humanidad. Porque cuando aparezca el yihadista con un Kaláshnikov en un bar o un teatro o un supermercado y empiece a liquidar a gente uno por uno, no preguntará si su siguiente víctima es de izquierdas o de derechas, progresista o neoliberal, imperialista o antiimperialista. Matará, como una peste, sin prejuicio y sin piedad.
JOHN CARLIN - El País, 23-11-12015

viernes, 20 de noviembre de 2015

DÍA INTERNACIONAL DE LA INFANCIA


Según datos de UNICEF, OMS, OIT y PNUD:
  • 1.000 millones de niños carecen de uno o más servicios esenciales para la supervivencia y el desarrollo.
  • 8,8 millones de niños en todo el mundo mueren anualmente antes de cumplir cinco años: 3 millones de estos niños mueren de neumonía; 1,5 millones de diarrea.
  • 4 millones de recién nacidos en todo el mundo mueren durante su primer mes de vida.
  • 148 millones de menores de cinco años en las regiones en desarrollo tienen un peso insuficiente para su edad.
  • 1.020 millones de seres humanos pasan hambre todos los días.
  • 1.400 millones de personas carecen de acceso al agua potable.
  • 2.500 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento.
  • 51 millones de niños carecen de un certificado de nacimiento.
  • 18 millones de niños sufren los efectos del desplazamiento.
  • Entre 500  y 1.500 millones de niños son víctimas de la violencia.
  • 145 millones de niños han perdido a uno o ambos progenitores, de ellos 15 millones debido al SIDA.
  • 2 millones de niños menores de 15 años viven con VIH en todo el mundo.
  • Más de 1 millón de niños son detenidos por medio de procesos judiciales.
  • Según datos de UNICEF, 101 millones de niños no acuden a la escuela primaria. Sin embargo, según datos de la OIT, en el mundo todavía hay más de 218 millones de niños que trabajan, y de ellos, 126 millones lo hacen en empleos considerados peligrosos o dañinos.
  • El 70 por ciento (más de 132 millones de niños) de los menores trabajadores lo hacen en la agricultura, y lo hacen en jornadas de sol a sol, plantando y cosechando, utilizando pesticidas y atendiendo al ganado en granjas y plantaciones.
  • Más de 300.000 menores han sido reclutados en los últimos años como niños soldados (120.000 en África, 120.000 en Asia y Pacífico y más de 30.000 en Latinoamérica y el Caribe).
  • Unos 2 millones de niños están envueltos en la actualidad en las redes de comercio sexual.
  • Resulta imposible saber cuántos niños trabajadores en el mundo están sometidos a condiciones de explotación en el servicio doméstico.
  • Cerca de 1 millón de niños trabajan en pésimas condiciones en minas y canteras, una de las formas más duras de trabajo infantil.
  • En el mundo hay entre 950.000 y 1.250.000 menores víctimas del tráfico de niños.
  • Más de 500.000 mujeres mueren todos los años debido a causas relacionadas con el embarazo y el parto.
  • El riesgo para toda la vida de la mortalidad derivada de la maternidad es 300 veces mayor para las mujeres que viven en los países menos adelantados que para las que viven en los países industrializados.
  • 14 millones de mujeres jóvenes dieron a luz entre los 15 y los 19 años.
  • 70 millones de mujeres y niñas en 29 países han sido víctimas de la ablación genital.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

SIN PALABRAS


jueves, 22 de octubre de 2015

NUEVA HISTORIA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

Seguramente ustedes, como yo, aman la literatura y se han preocupado de conocer fechas, movimientos, corrientes, tendencias, generaciones... Olvídenlo. Todo estaba equivocado. Peor aún: nos han estado engañando todo el tiempo. ¿No se lo creen? Pregunten a Jordi Bilbeny, dizque filólogo catalán. Según este sujeto -que dicho sea de paso podría cortarse un poco y dejar de ponerse constantemente en ridículo- gran parte de la literatura española, por no decir toda, es una conspiración y manipulación castellana para ningunear a Cataluña, benditos sean los dioses.
El tal Bilbeny, militante de la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) de Arenys de Mar, autor del himno a la independencia catalana y miembro de la fundación Nova Historia -un engendro que tiene por misión principal denunciar la "conspiración" de Castilla por la que los "grandes personajes catalanes" fueron excluídos de la historia oficial y reconvertidos en castellanos-, está reescribiendo la historia de la literatura (y la historia en general) de este país. Con un par. Sin que se le caiga la cara de vergüenza. Los paletos nacionalistas (valga el pleonasmo) encantados, oiga.

Lean, lean:

Teresa de Cepeda y Ahumada (Teresa de Ávila), ni se llamaba así, ni era de Ávila, qué ordinariez. Su nombre auténtico era Teresa de Cardona Enríquez, abadesa del barrio barcelonés de Pedralbes.

Miguel de Cervantes en realidad se apellidaba Servent y nació en la localidad alicantina de Xixona. Además, el Quijote (perdón, el Quixot) fue escrito íntegramente en catalán, aunque luego los censores lo tradujeron al castellano, y la primera parte de la obra no describe paisajes castellanos sino escenarios de los alrededores de Xixona.

Cristóbal Colón no era un navegante genovés, sino un miembro de una importante familia barcelonesa apellidada Colom. Las tres carabelas no partieron del puerto de Palos (Huelva), no señor, faltaría más, sino de Pals, en la comarca del Bajo Ampurdán (Gerona). ¿A que no saben cuál era la bandera que lucían los navíos? Exacto: la senyera.

Erasmo de Rotterdam: no se lo van a creer, porque son ustedes unos descreídos, pero el bueno de Erasmo (holandés) era realmente el segundo hijo de Colom, Ferrán Colom. ¡Toma ya!

Leonardo da Vinci: catalán, por supuesto. Hijo perdido de la casa real catalana, seguramente de Nápoles. Es más, los fondos que aparecen en muchos de los cuadros de Leonardo, entre ellos el de La Gioconda, son realmente la montaña catalana de Montserrat. ¡Los dioses nos asistan!

Francisco Pizarro: No nació en Trujillo (Cáceres), ¿qué se creían ustedes?, sino que es hijo de una mantenida de la comarca de La Segarra llamada Aldonça Roig d'Ivorra i Alemany, casada en 1475 con un tal Francesc de Castre-Pinós de So i Carròs. Este matrimonio, según las tesis del pseudofilólogo nacionalista, era una tapadera para ocultar a los bastardos de Fernando el Católico. En su opinión, Pinós de So i Carros fue transmutado a Pizarro para ocultar todo el embrollo. ¡Qué bien traído!

¿Hernán Cortés?: nada de eso, Ferrán Cortés, catalán de pura cepa.

La Celestina: aquí Fernando de Rojas no tiene nada que rascar. En realidad fue escrita por un valenciano desconocido (tranquilos, ya encontrarán a alguien), y además en catalán, lo que pasa es que los conspiradores castellanos la tradujeron inmediatamente al castellano para fastidiar al anónimo ciudadano del País Valencià.

¿Y qué me dicen del Lazarillo de Tormes?. También lo escribió un valenciano, hombre, eso callado está dicho. Aquí Bilbeny se viene arriba y especula que podría tratarse del humanista Juan Luis Vives o del escritor Joan Timoneda. El original, por supuesto, está escrito en catalán (el Llàtzer de Tormos) y transcurre en Valencia, qué importa que el Lazarillo dé pelos y señales. Según el presunto filólogo tiene más lógica que el nacimiento del Lazarillo tuviera su origen en la población valenciana de Tormos y no en Tormes.

En fin, para qué seguir.

sábado, 17 de octubre de 2015

UN POCO DE HISTORIA PARA ENTENDER LA CRISIS SIRIA EN DIEZ MINUTOS



#WhySyria es un vídeo creado por los españoles Sergio de Pazos (programador de software y diseñador) y Bruno Teixidor (guionista y realizador de cine y publicidad) que, en apenas diez minutos, nos explica de forma admirablemente resumida los antecedentes y posibles causas del conflicto sirio. Un vídeo que en la primera semana en YouTube fue visto por más de medio millón de internautas. Pazos y Teixidor no acaban de crérselo: Nos ha dejado totalmente boquiabiertos. Sí teníamos la esperanza de llegar a ciertos miles de visitas porque lo veíamos como un trabajo bien hecho, pero no que el video circulara en docenas de páginas y sumando todo llegásemos a varios millones de visitas. Ni de broma.
Los autores realizaron una primera versión utilizando un lenguaje más bien callejero, con algunas expresiones subidas de tono, pero enseguida montaron otra versión "educativa", libre de palabrotas y con sonido profesional, que es la versión que están utilizando ya los profesores para sus clases y la que traemos aquí. Creo que merece la pena.