Van Morrison - Too Long In Exile (1993)

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿POR QUÉ NO PODEMOS LLEVARNOS TODOS BIEN?


Las críticas irresponsables de aquellos que 
nunca han estado ni jamás esperan 
estar en el poder.
George Orwell

En la película ¡Mars Attacks!, una hilarante comedia negra estrenada en 1996, los invasores extraterrestres ya han liquidado a medio mundo cuando su líder y un par de diminutos guardaespaldas se encuentran cara a cara con el presidente de Estados Unidos, interpretado por Jack Nicholson. El presidente, solo en su despacho, apela a la bondad de los enemigos de la humanidad. "¿Por qué no crear en vez de destruir?", les ruega. "¿Por qué no podemos llevarnos todos bien?".
Acto seguido, el jefe de los marcianos lo mata, se acerca al cadáver y le ofrece un burlón saludo militar.

No es del todo absurdo suponer que el idealista de izquierdas que preside el partido laborista británico, Jeremy Corbyn, intentaría responder de manera similar al ficticio presidente en caso de verse arrinconado por un terrorista del Estado Islámico (ISIS). Sería un gesto consecuente con la visión del mundo que comparte con sus correligionarios en Europa, EE UU y América Latina. Siendo inglés, Corbyn quizá les invitaría primero a tomar una taza de té.

Corbyn y Bernie Sanders, el estadounidense que aspira a la candidatura presidencial del Partido Demócrata, y los muchos que comparten su pavloviano antiimperialismo en todo el mundo insisten, con irreductible vigor tras los atentados de París, en que las intervenciones militares de Occidente en Oriente Próximo crearon el fenómeno yihadista. Lo dijo Sanders en un debate con Hillary Clinton la semana pasada: "La desastrosa invasión de Irak condujo al ascenso de Estado Islámico".

Algo de razón tiene. El psicópata exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney y sus perritos de falda -en orden de tamaño, George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar- rompieron el tiránico equilibrio en la región con su alocada invasión de Irak. No se puede saber qué estaría pasando hoy si Sadam Hussein siguiese en el poder, quizá la situación sería incluso más anárquica de lo que es, pero no se puede descartar la hipótesis de que hubiera frenado la yihad en seco combatiendo el terror, como era su costumbre, con más terror.

Por otro lado, se podría argumentar también que si Barack Obama no hubiera retirado las tropas estadounidenses de Irak, el ISIS no hubiera podido imponer su "califato" en Siria e Irak. Y, ya que estamos, ¿por qué no vamos más lejos? Si la actitud de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y demás aliados hubiera sido menos vengativa después de la Primera Guerra Mundial, si el Tratado de Versalles hubiera sido más generoso con los alemanes, es probable que Hitler no hubiese llegado al poder y el mundo se hubiera ahorrado el horror de la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de seis millones de judíos.

El problema de ir por el camino de que la culpa la tienen los Gobiernos de Occidente es que propone como eje original del mal a aquellos que en el fondo defienden lo que Estado Islámico desprecia y los nazis despreciaban: la libre expresión, la soberanía de la ley y los demás elementos básicos de la democracia que permiten que los Corbyn, Sanders, Podemos, Syriza, incluso el Frente Nacional francés y otros que se oponen al estatus quo puedan competir en el terreno político sin temor a caer presos o ser asesinados. Al atribuir la responsabilidad por las masacres de París a Gobiernos electos de Europa y EE UU se plantea una grotesca equivalencia moral con los tontos inútiles, en varios casos exyonquis o delincuentes de poca monta, que han encontrado la redención personal en una ideología que rinde culto a la muerte, que cree contar con apoyo divino cuando decapita a infieles, lanza a homosexuales desde altos edificios, apedrea a mujeres supuestamente adúlteras y viola, esclaviza o prostituye a niñas de 13 años. Es verdad que los bombardeos de la aviación de EE UU y sus aliados han causado las muertes de civiles. De muchos. Demasiados. Pero hay una diferencia. Cuando mueren inocentes, Obama lo lamenta. El ISIS lo celebra.

El hecho es que, como dijo la semana pasada el jefe del servicio interno de inteligencia de Alemania, nos enfrentamos a "una guerra terrorista mundial". Hay que tomar partido. No es hora de seguir bañándose en las aguas tibias del buenismo. Uno se puede sentir muy satisfecho consigo mismo oponiéndose a la guerra, al "imperialismo neoliberal", a la vigilancia policial y tal, pero los tiempos exigen debates constructivos y respuestas concretas, sin cerrar los ojos a la dura realidad de que en el mundo político real no hay más remedio a veces que ensuciarse las manos, sacrificar la pureza moral y elegir entre lo malo y lo peor. No es suficiente en la emergencia actual declarar que la paz es un principio innegociable -la paz no es un principio, es una circunstancia- o que debemos luchar más contra el enemigo dentro que el enemigo fuera.

El argumento irrefutable contra la tesis que predica una simple conexión causa y efecto entre la política exterior de los países ricos de Occidente y el ascenso del Estado Islámico es que la enorme mayoría de sus víctimas no son europeos o estadounidenses sino habitantes de Siria o Irak, principalmente musulmanes. A los que les incomoda la idea de tomar partido junto a Obama, Cameron, Hollande y compañía, que salvaguarden sus conciencias convenciéndose que lo hacen a favor de aquellos miserables de la tierra que están en el punto de mira del ISIS todos los días del año. Es hora de que los tontos útiles dejen de serlo y se definan, empezando por identificar sin ambigüedades quién hoy es el principal enemigo de la humanidad. Porque cuando aparezca el yihadista con un Kaláshnikov en un bar o un teatro o un supermercado y empiece a liquidar a gente uno por uno, no preguntará si su siguiente víctima es de izquierdas o de derechas, progresista o neoliberal, imperialista o antiimperialista. Matará, como una peste, sin prejuicio y sin piedad.
JOHN CARLIN - El País, 23-11-12015

viernes, 20 de noviembre de 2015

DÍA INTERNACIONAL DE LA INFANCIA


Según datos de UNICEF, OMS, OIT y PNUD:
  • 1.000 millones de niños carecen de uno o más servicios esenciales para la supervivencia y el desarrollo.
  • 8,8 millones de niños en todo el mundo mueren anualmente antes de cumplir cinco años: 3 millones de estos niños mueren de neumonía; 1,5 millones de diarrea.
  • 4 millones de recién nacidos en todo el mundo mueren durante su primer mes de vida.
  • 148 millones de menores de cinco años en las regiones en desarrollo tienen un peso insuficiente para su edad.
  • 1.020 millones de seres humanos pasan hambre todos los días.
  • 1.400 millones de personas carecen de acceso al agua potable.
  • 2.500 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento.
  • 51 millones de niños carecen de un certificado de nacimiento.
  • 18 millones de niños sufren los efectos del desplazamiento.
  • Entre 500  y 1.500 millones de niños son víctimas de la violencia.
  • 145 millones de niños han perdido a uno o ambos progenitores, de ellos 15 millones debido al SIDA.
  • 2 millones de niños menores de 15 años viven con VIH en todo el mundo.
  • Más de 1 millón de niños son detenidos por medio de procesos judiciales.
  • Según datos de UNICEF, 101 millones de niños no acuden a la escuela primaria. Sin embargo, según datos de la OIT, en el mundo todavía hay más de 218 millones de niños que trabajan, y de ellos, 126 millones lo hacen en empleos considerados peligrosos o dañinos.
  • El 70 por ciento (más de 132 millones de niños) de los menores trabajadores lo hacen en la agricultura, y lo hacen en jornadas de sol a sol, plantando y cosechando, utilizando pesticidas y atendiendo al ganado en granjas y plantaciones.
  • Más de 300.000 menores han sido reclutados en los últimos años como niños soldados (120.000 en África, 120.000 en Asia y Pacífico y más de 30.000 en Latinoamérica y el Caribe).
  • Unos 2 millones de niños están envueltos en la actualidad en las redes de comercio sexual.
  • Resulta imposible saber cuántos niños trabajadores en el mundo están sometidos a condiciones de explotación en el servicio doméstico.
  • Cerca de 1 millón de niños trabajan en pésimas condiciones en minas y canteras, una de las formas más duras de trabajo infantil.
  • En el mundo hay entre 950.000 y 1.250.000 menores víctimas del tráfico de niños.
  • Más de 500.000 mujeres mueren todos los años debido a causas relacionadas con el embarazo y el parto.
  • El riesgo para toda la vida de la mortalidad derivada de la maternidad es 300 veces mayor para las mujeres que viven en los países menos adelantados que para las que viven en los países industrializados.
  • 14 millones de mujeres jóvenes dieron a luz entre los 15 y los 19 años.
  • 70 millones de mujeres y niñas en 29 países han sido víctimas de la ablación genital.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

SIN PALABRAS